Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son a la vez más borrosas y penetrantes que las del hombre sociable, y sus pensamientos, más graves, extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. La soledad hace madurar lo orginal, lo audaz e inquietatemente bello, el poema.
Thomas Mann. La Muerte en Venecia.
Where Were You. Vic Chesnutt.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
martes, 29 de diciembre de 2009
El senado y los galgos 24
El cielo no tiene boca, pero habla con la lengua de los hombres.
Proverbio japonés.
Entre Dos Aguas. Paco de Lucía.
Proverbio japonés.
Entre Dos Aguas. Paco de Lucía.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Chistes malos sobre la libertad de informar
Llega un juez y condena a dos periodistas por documentar sucios secretos políticos. Puede parecer un chiste pero no lo es. ¿En qué consiste informar entonces?
Quizás en reproducir conversaciones, en copiar y pegar notas de prensa, en asistir a declaraciones y apagar la grabadora sin preguntar, en hacer la vista gorda...
Total, ¿qué más da si tienes mucho más que perder que lo puedas ganar?
Según informó El País en su edición del pasado 24 de diciembre, los periodistas de la SER Daniel Anido y Rodolfo Irago fueron condenados por un delito de revelación de secretos a una pena de un año y medio de prisión, inhabilitación para ejercer el periodismo durante el mismo período y para el sufragio pasivo, una multa de 18.000 euros y a pagar una indemnización de 130.000 euros.
Pueden hacerse preciosas (y vacías) declaraciones políticas respecto a este caso, pero es preferible (y mucho más saludable para uno mismo) poner en duda y refutar una resolución judicial con argumentos legales aunque poco hilados, dado que ni esto pretende ser un tratado de Derecho ni yo tengo capacidad ni conocimientos para hacer tal cosa. Pido disculpas por mi arrogancia.
El descubrimiento y revelación de secretos es uno de los delitos contra la intimidad recogidos en el Código Penal. El tipo jurídico habla, según recoge Alfonso Serrano, profesor de Derecho Penal y Criminología, del apoderamiento sin consentimiento de prácticamente cualquier documento, o como dice el propio Código Penal: “se considera documento TODO soporte material que exprese o incorpore datos, hechos o narraciones con eficacia probatoria o cualquier otro tipo de relevancia jurídica”. La inscripción en un partido político es, por tanto, un documento protegido por las leyes penales.
Sin embargo, en palabras de Serrano, para que se de el tipo y, consecuentemente, pueda hablarse de delito, “la acción consiste, por tanto, en el apoderamiento de papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos y efectos personales, siempre que se haga con la finalidad de descubrir secretos o vulnerar la intimidad de otro; esa finalidad es un elemento subjetivo del injusto”. Cabe, en este sentido, dudar muy mucho que los periodistas condenados incurrieran en ese “elemento subjetivo del injusto” y que pretendieran dar a conocer la intimidad de nadie. Su intención demostrada en la propia información era informar de algunas prácticas irregulares que el propio Tribunal considera probadas en la información. Tenían por tanto un ánimo de descubrir prácticas políticas dudosas y no de mostrar la tendencia política de nadie. El listado constituye una fuente periodística, una prueba de la veracidad de la información que se aporta para que el receptor de la noticia pueda constatar la autenticidad de la misma.
Más: “Por secreto hay que entender el hecho que sólo conoce una persona o un círculo reducido de ellas, respecto al cual el afectado no desea, de acuerdo con sus intereses, que sea conocido por terceros”, en palabras del profesor Serrano. Desde luego, que cada cual decide inscribirse donde le de la gana y por los motivos que le plazcan. Faltaría más. Sin embargo, dudo mucho que inscribirse en un partido político constituya un secreto, ya que al mismo no pertenece un “círculo reducido” de personas. En el Partido Popular militan decenas de miles de personas. Incluso en el PP del pueblo de donde procede la noticia participarían personas que no se conocían entre sí. ¿Es esto un “círculo reducido”? Es más, si una persona decide inscribirse en un partido político, aunque sea de un modo un tanto particular, ¿qué otra cosa querrá hacer que no sea exteriorizar su militancia política?
La propia sentencia, aparecida parcialmente en la edición de El País de la Nochebuena pasada, dice “lo noticiable no era la afiliación de determinadas personas al citado partido revelando sus datos”. Posteriormente, la decisión judicial añade, según El País, que lo noticiable era “la mera denuncia de irregularidades en la afiliación en la localidad de Villaviciosa de Odón”. Además, “los acusados podían honestamente pensar que con la publicación de la lista informaban a la opinión pública de algo que la misma tenía derecho a conocer, lo que no puede desconectarse del interés colectivo de funcionamiento de los partidos”, según recoge El País de la sentencia.
Si no se dan los elementos del tipo jurídico ilícito difícilmente puede haber delito de revelación de secretos. La propia sentencia podría reconocerlo implícitamente, y, sin embargo, se produce una condena que da fe bien a las claras de la situación de la supuesta Justicia en este país. ¿Cómo puede, entonces, denunciarse en público algo si no se cuenta con las pruebas pertinentes? ¿Cómo puede un periodista convencer a su audiencia de la veracidad de su información?
En cuanto a la libertad de información, el profesor Torres del Moral escribe “la libertad de comunicación pública es acreedora, según el Tribunal Constitucional, de una valoración que sobrepasa a la de los demás derechos fundamentales, incluido el derecho al honor”, y para afirmar esto se remite a la Sentencia 104/1986 de dicho Tribunal. Por supuesto que el profesor Torres del Moral también explica que en caso de colisión entre la libertad de información y el derecho al honor y la intimidad “debe hacerse una ponderación de ellos caso por caso”.
Y en esta situación, ¿qué debe prevalecer? ¿Cuál ha de ser el resultado de la “ponderación”? Para solucionar esta situación deberíamos volver sobre las líneas anteriores. La información se refería a la inscripción irregular de 78 personas a un partido político. El fin de la noticia era dar a conocer este dato y para ello se aportó una prueba definitiva: la fuente. Así se daba cuenta de la veracidad de la pieza.
No merece la pena, por la propia ignorancia que encierra, ahondar en la consideración que hace la sentencia en relación a que “internet no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal”.
Sin duda que la defensa habrá tenido en cuenta todos estos elementos y habrá intentado que el Tribunal los aprecie debidamente, pero, a juzgar por la sentencia, no ha servido de nada. La información era veraz y relevante. ¿Qué más puede hacer un periodista que contrastar y documentar una información de demostrada relevancia pública? Nada más, pero aún así, llega un juez y le condena.
Un chiste pésimo.
Quizás en reproducir conversaciones, en copiar y pegar notas de prensa, en asistir a declaraciones y apagar la grabadora sin preguntar, en hacer la vista gorda...
Total, ¿qué más da si tienes mucho más que perder que lo puedas ganar?
Según informó El País en su edición del pasado 24 de diciembre, los periodistas de la SER Daniel Anido y Rodolfo Irago fueron condenados por un delito de revelación de secretos a una pena de un año y medio de prisión, inhabilitación para ejercer el periodismo durante el mismo período y para el sufragio pasivo, una multa de 18.000 euros y a pagar una indemnización de 130.000 euros.
Pueden hacerse preciosas (y vacías) declaraciones políticas respecto a este caso, pero es preferible (y mucho más saludable para uno mismo) poner en duda y refutar una resolución judicial con argumentos legales aunque poco hilados, dado que ni esto pretende ser un tratado de Derecho ni yo tengo capacidad ni conocimientos para hacer tal cosa. Pido disculpas por mi arrogancia.
El descubrimiento y revelación de secretos es uno de los delitos contra la intimidad recogidos en el Código Penal. El tipo jurídico habla, según recoge Alfonso Serrano, profesor de Derecho Penal y Criminología, del apoderamiento sin consentimiento de prácticamente cualquier documento, o como dice el propio Código Penal: “se considera documento TODO soporte material que exprese o incorpore datos, hechos o narraciones con eficacia probatoria o cualquier otro tipo de relevancia jurídica”. La inscripción en un partido político es, por tanto, un documento protegido por las leyes penales.
Sin embargo, en palabras de Serrano, para que se de el tipo y, consecuentemente, pueda hablarse de delito, “la acción consiste, por tanto, en el apoderamiento de papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos y efectos personales, siempre que se haga con la finalidad de descubrir secretos o vulnerar la intimidad de otro; esa finalidad es un elemento subjetivo del injusto”. Cabe, en este sentido, dudar muy mucho que los periodistas condenados incurrieran en ese “elemento subjetivo del injusto” y que pretendieran dar a conocer la intimidad de nadie. Su intención demostrada en la propia información era informar de algunas prácticas irregulares que el propio Tribunal considera probadas en la información. Tenían por tanto un ánimo de descubrir prácticas políticas dudosas y no de mostrar la tendencia política de nadie. El listado constituye una fuente periodística, una prueba de la veracidad de la información que se aporta para que el receptor de la noticia pueda constatar la autenticidad de la misma.
Más: “Por secreto hay que entender el hecho que sólo conoce una persona o un círculo reducido de ellas, respecto al cual el afectado no desea, de acuerdo con sus intereses, que sea conocido por terceros”, en palabras del profesor Serrano. Desde luego, que cada cual decide inscribirse donde le de la gana y por los motivos que le plazcan. Faltaría más. Sin embargo, dudo mucho que inscribirse en un partido político constituya un secreto, ya que al mismo no pertenece un “círculo reducido” de personas. En el Partido Popular militan decenas de miles de personas. Incluso en el PP del pueblo de donde procede la noticia participarían personas que no se conocían entre sí. ¿Es esto un “círculo reducido”? Es más, si una persona decide inscribirse en un partido político, aunque sea de un modo un tanto particular, ¿qué otra cosa querrá hacer que no sea exteriorizar su militancia política?
La propia sentencia, aparecida parcialmente en la edición de El País de la Nochebuena pasada, dice “lo noticiable no era la afiliación de determinadas personas al citado partido revelando sus datos”. Posteriormente, la decisión judicial añade, según El País, que lo noticiable era “la mera denuncia de irregularidades en la afiliación en la localidad de Villaviciosa de Odón”. Además, “los acusados podían honestamente pensar que con la publicación de la lista informaban a la opinión pública de algo que la misma tenía derecho a conocer, lo que no puede desconectarse del interés colectivo de funcionamiento de los partidos”, según recoge El País de la sentencia.
Si no se dan los elementos del tipo jurídico ilícito difícilmente puede haber delito de revelación de secretos. La propia sentencia podría reconocerlo implícitamente, y, sin embargo, se produce una condena que da fe bien a las claras de la situación de la supuesta Justicia en este país. ¿Cómo puede, entonces, denunciarse en público algo si no se cuenta con las pruebas pertinentes? ¿Cómo puede un periodista convencer a su audiencia de la veracidad de su información?
En cuanto a la libertad de información, el profesor Torres del Moral escribe “la libertad de comunicación pública es acreedora, según el Tribunal Constitucional, de una valoración que sobrepasa a la de los demás derechos fundamentales, incluido el derecho al honor”, y para afirmar esto se remite a la Sentencia 104/1986 de dicho Tribunal. Por supuesto que el profesor Torres del Moral también explica que en caso de colisión entre la libertad de información y el derecho al honor y la intimidad “debe hacerse una ponderación de ellos caso por caso”.
Y en esta situación, ¿qué debe prevalecer? ¿Cuál ha de ser el resultado de la “ponderación”? Para solucionar esta situación deberíamos volver sobre las líneas anteriores. La información se refería a la inscripción irregular de 78 personas a un partido político. El fin de la noticia era dar a conocer este dato y para ello se aportó una prueba definitiva: la fuente. Así se daba cuenta de la veracidad de la pieza.
No merece la pena, por la propia ignorancia que encierra, ahondar en la consideración que hace la sentencia en relación a que “internet no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal”.
Sin duda que la defensa habrá tenido en cuenta todos estos elementos y habrá intentado que el Tribunal los aprecie debidamente, pero, a juzgar por la sentencia, no ha servido de nada. La información era veraz y relevante. ¿Qué más puede hacer un periodista que contrastar y documentar una información de demostrada relevancia pública? Nada más, pero aún así, llega un juez y le condena.
Un chiste pésimo.
Chesnutt
Vic Chestnutt murió el día de Navidad. Había intentado suicidarse, según informa la prensa, y al final consiguió lo que quería. Echaré de menos tu talento triste y corajudo. Y esas canciones fabricadas de vida, plenas de movimiento, inspiradas, irregulares. Siempre distintas. Has proyectado el folclore de tu país hacia el futuro. Mereces militar en la estirpe de Pete Seeger y de Johnny Cash. Espero que, por lo menos, ahora estés mejor.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Limones e información
Qué artículo tan interesante publicado en Online Journalism Blog con el título de Internet News as a Market for News Lemons.
A destacar:
- "Shleifer’s research on the market for news shows that competition is not enough to ensure accurate news and that, ironically, competition results in “lower prices, but common slanting toward reader biases” (Shleifer and Mullainathan, 2005)."
- "The newspaper industry must face the disintermediation of its power to dictate the news agenda"
A tener en cuenta que en este artículo se hace referencia a la teoría del mercado de limones (en Wikipedia en inglés), que se refiere a la diferencia o asimetría de información que benefica por lo general al vendedor frente al comprador, lo que tiene una serie de implicaciones que también pueden aplicarse a la información, como la dificultad para fijar precios justos, la prevalencia de la baja calidad por la falta de incentivos para vender productos de mejor calidad o la escasez de garantías para los compradores.
A destacar:
- "Shleifer’s research on the market for news shows that competition is not enough to ensure accurate news and that, ironically, competition results in “lower prices, but common slanting toward reader biases” (Shleifer and Mullainathan, 2005)."
- "The newspaper industry must face the disintermediation of its power to dictate the news agenda"
A tener en cuenta que en este artículo se hace referencia a la teoría del mercado de limones (en Wikipedia en inglés), que se refiere a la diferencia o asimetría de información que benefica por lo general al vendedor frente al comprador, lo que tiene una serie de implicaciones que también pueden aplicarse a la información, como la dificultad para fijar precios justos, la prevalencia de la baja calidad por la falta de incentivos para vender productos de mejor calidad o la escasez de garantías para los compradores.
martes, 22 de diciembre de 2009
Desenfoque
He leido la columna de Anson en su El Imparcial de hoy y estoy en desacuerdo con bastante de lo que en ella se dice.
No me opongo a lo que en ella se opina (¿quién soy yo para decirle a nadie lo que debe pensar?), sino que creo que lo dicho está borroso, desenfocado y, por lo tanto, no es fiel reflejo de la realidad.
Desconozco todos los extremos de la fusión entre Antena 3 y La Sexta, pero, desde luego, a mi no me parece rocambolesca. Es, simplemente, una de las muchas otras probabilidades que podrían haberse dado, salvo aquellas que, por evidentes y desiguales, irían contra la libre competencia por acaparar demasiado mercado.
Anson apoya a Ussía en sus críticas a Lara. Según ellos, el abismo ideológico existente entre una y otra emisoras hace imposible una fusión. Como si las series, los programas de entretenimiento, películas y deportes, que ocupan más del ochenta por ciento del tiempo de emisión de ambas, supieran de ideologías. Tampoco es la misma la ideología que se vierten en, por ejemplo, La Razón y los telediarios de Antena 3, ni la de los noticieros de La Sexta o Público.
La fusión es una medida puramente empresarial. Mírese como se quiera: para ganar algo de dinero, para ganar más, para quitarse de encima lastre, para lo que sea. Y esto es capitalismo. Aquí no hay nada contra natura. Todo está permitido mientras no esté prohibido.
Vivimos nuevas épocas (afortunadamente), y hay que adaptarse, y, al igual, que yo no comparto las ideas de Movistar sobre nada en particular mientras hablo por mi móvil, así pasa con las televisiones y, afirmo, debería, haber pasado desde hace mucho tiempo con los diarios, y, más particularmente, con las páginas de opinión que deberían haberse convertido en tribunas abiertas al debate y dejado de ser hojas parroquiales para consumo de acólitos y beatas.
La informacíón tiene que ser plural y contrastada, y donde mejor se contrastan las ideas, como los toros (ahora que está tan de moda el debate al respecto de la tauromaquia), es en el albero. Que cada cual construya su propia línea editorial, que eso ya sería bastante.
Así es que a olvidarse del dulce engorde que proporciona la pitanza que regalan las propias parroquias y a luchar (entiéndaseme) por ahí. Germán Yanque lo ha entendido muy bien en Estrella Digital.
No me opongo a lo que en ella se opina (¿quién soy yo para decirle a nadie lo que debe pensar?), sino que creo que lo dicho está borroso, desenfocado y, por lo tanto, no es fiel reflejo de la realidad.
Desconozco todos los extremos de la fusión entre Antena 3 y La Sexta, pero, desde luego, a mi no me parece rocambolesca. Es, simplemente, una de las muchas otras probabilidades que podrían haberse dado, salvo aquellas que, por evidentes y desiguales, irían contra la libre competencia por acaparar demasiado mercado.
Anson apoya a Ussía en sus críticas a Lara. Según ellos, el abismo ideológico existente entre una y otra emisoras hace imposible una fusión. Como si las series, los programas de entretenimiento, películas y deportes, que ocupan más del ochenta por ciento del tiempo de emisión de ambas, supieran de ideologías. Tampoco es la misma la ideología que se vierten en, por ejemplo, La Razón y los telediarios de Antena 3, ni la de los noticieros de La Sexta o Público.
La fusión es una medida puramente empresarial. Mírese como se quiera: para ganar algo de dinero, para ganar más, para quitarse de encima lastre, para lo que sea. Y esto es capitalismo. Aquí no hay nada contra natura. Todo está permitido mientras no esté prohibido.
Vivimos nuevas épocas (afortunadamente), y hay que adaptarse, y, al igual, que yo no comparto las ideas de Movistar sobre nada en particular mientras hablo por mi móvil, así pasa con las televisiones y, afirmo, debería, haber pasado desde hace mucho tiempo con los diarios, y, más particularmente, con las páginas de opinión que deberían haberse convertido en tribunas abiertas al debate y dejado de ser hojas parroquiales para consumo de acólitos y beatas.
La informacíón tiene que ser plural y contrastada, y donde mejor se contrastan las ideas, como los toros (ahora que está tan de moda el debate al respecto de la tauromaquia), es en el albero. Que cada cual construya su propia línea editorial, que eso ya sería bastante.
Así es que a olvidarse del dulce engorde que proporciona la pitanza que regalan las propias parroquias y a luchar (entiéndaseme) por ahí. Germán Yanque lo ha entendido muy bien en Estrella Digital.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Ciudadanos
Redes es un hermoso programa. Dinámico, abierto, interesante.
En esta ocasión se trata de la educación. Ese aspecto que a los políticos les quema porque quieren acólitos, sumisos, más que ciudadanos formados capaces de pintarles la cara de verguenza.
Temo que jamás lograremos tener una formación adecuada, capaz, libre y para entregar a la sociedad personas.
En esta ocasión se trata de la educación. Ese aspecto que a los políticos les quema porque quieren acólitos, sumisos, más que ciudadanos formados capaces de pintarles la cara de verguenza.
Temo que jamás lograremos tener una formación adecuada, capaz, libre y para entregar a la sociedad personas.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Bien dicho
Así, con sencillez, se explican mejor las cosas. Qué bueno que resulta haber sido antes concinero que fraile. Y tampoco vamos a discutir por un quítame allá esas pajas, que hasta el mejor apuntador (limpiador, fijador y dador de esplendor, también, por supuesto) echa algún borrón de hermoso trazo americano.
El Idioma del Periodismo, de Luis María Anson, en El Imparcial.
El Idioma del Periodismo, de Luis María Anson, en El Imparcial.
martes, 15 de diciembre de 2009
Estepa olvidada
Nuestra democracia (la de los países occidentales, que se supone es la más avanzada) es imperfecta. Injusta. Los ideales son hermosos, excesivos de tan grandes. Universales. Olvidamos que difícilmente podremos predicar en el desierto, cuando nuestros supuestos vergeles clarean. Hablamos de principios fundamentales cuando lo que necesitamos son finales particulares.
Crecen las desigualdades en todas direcciones. Nos olvidamos de algunas gentes. Qué actuales suenan algunas palabras publicadas por Miguel Delibes allá por 1979 en Castilla, lo Castellano y los Castellanos:
“Mi pupila, acostumbrada ya desde origen, no se ha dejado deslumbrar por los cielos altos y los horizontes lejanos de mi región, envolviéndolos en una piadosa ojeada contemplativa para recrearme, luego, en blandas pinturas a la acuarela, sino que ha descendido, tal vez un poco demasiado abruptamente, al hombre para describir su marginación, su soledad, su pobreza y su deserción presentes. La estampa de Castilla desertizada, con sus aldeas en ruinas y los últimos habitantes como testigos de una cultura que irremisiblemente morirá con ellos, puesto que ya no quedan manos para tomar el relevo, es la que he intentado recoger en mi última novela El Disputado Voto del Señor Cayo, como un lamento, consciente de que se trata de una situación difícilmente reversible.”
(…)
“Contrasta esta realidad social castellana con la imagen que en los últimos lustros ha circulado por la periferia del país, aceptándose como buena la torpe ecuación Administración=Madrid y Madrid=Castilla, luego Administración=Castilla. Se daba así una imagen de Castilla centralista y dominadora, más propia de una retórica tonante y vacía, anacrónicamente imperialista, que de un hecho real, fácilmente contrastable. Castilla, región agraria, pese a los incipientes brotes de industrialización en algunas de sus ciudades, sobre su ya viejo, impenitente abandono, se ha visto sometida a lo largo de casi medio siglo a la presión del precio político, eficaz invento para mantener inalterable el precio de la cesta de la compra y, con él, el orden social de los más a costa del sacrificio económico de los menos.
Por otro lado, la equivocada política seguida desde Madrid con las regiones periféricas más desarrolladas, donde, mediante el halago económico, se pretendió acallar sus anhelos de conservar la identidad cultural e histórica, aportó sobre la totalidad del país dos consecuencias no por previsibles menos deplorables: por una parte, se hizo más profunda la diferencia entre regiones ricas y pobres, con el consiguiente trasvase de hombres de estas –cada día más depauperadas- a aquellas, y, por otra, no cesaron de exacerbarse los sentimientos secesionistas en algunos pueblos del litoral, orgullosos de sus raíces y de sus peculiaridades culturales y reacios a dejarse comprar por un plato de lentejas.”
(…)
“Aquel viejo dicho de Castilla hace sus hombres y los gasta, en que se pretendió simbolizar la abnegación y el desinterés castellanos, apenas si conserva hoy algún sentido puesto que la Castilla desangrada de esta hora está resignada a hacer sus hombres para que los gasten los demás.
A pesar de lo dicho, no creo exista hoy en Castilla un arraigado sentimiento regionalista, una conciencia histórica y cultural profunda. El castellano, de ordinario, no se siente especialmente castellano sino vaga, inconscientemente español. Villalar no es tanto la expresión espontánea de un sentimiento autonomista como una resuelta tentativa de crearlo. Pero, por el momento, el castellano, me parece a mí, no siente eso. Para que un sentimiento localista reivindicativo despierte o se afiance basta un solo golpe bajo, contundente y despiadado, como el propinado a Cataluña en 1939 (“Señores: a partir de hoy hay que hablar cristiano”). A Castilla no le ha faltado el golpe bajo, le ha faltado la contundencia. A Castilla se le ha ido desangrando, humillando, desarbolando poco a poco, paulatina, gradualmente, aunque a conciencia. Se contaba de antemano con su pasividad, su desconexión, la capacidad de encaje de sus campesinos, (…) de tal modo que la operación, aunque prolongada, resultó incruenta, silenciosa y perfecta”.
Delibes menciona brevemente algo más que traspasa su obra de punta a punta y que, sin embargo, podría pasar desapercibido. Se trata del clasismo existente entre los propios castellanos, algo hoy día presente en algunas zonas rurales, y que también ha tenido una influencia decisiva en el hundimiento de esta nación. Han sido los castellanos más pudientes los que se han empeñado en mantener a sus propios paisanos en la ignorancia, los que aun hoy se enzarzan en ese “imperialismo anacrónico” absurdo e implosivo, los que yerran con su punto de mira.
Castilla ya no existe, don Miguel. Murió con los abuelos de quienes ahora andamos entre los treinta y los cuarenta años de edad. Alguna vez me pregunto si realmente existió, pero entonces algo bajo piel, un melancólico atavismo en esta carne de cañón, me dice que sí y que levemente persiste, aunque desconozco si a otros les pasa lo mismo.
Crecen las desigualdades en todas direcciones. Nos olvidamos de algunas gentes. Qué actuales suenan algunas palabras publicadas por Miguel Delibes allá por 1979 en Castilla, lo Castellano y los Castellanos:
“Mi pupila, acostumbrada ya desde origen, no se ha dejado deslumbrar por los cielos altos y los horizontes lejanos de mi región, envolviéndolos en una piadosa ojeada contemplativa para recrearme, luego, en blandas pinturas a la acuarela, sino que ha descendido, tal vez un poco demasiado abruptamente, al hombre para describir su marginación, su soledad, su pobreza y su deserción presentes. La estampa de Castilla desertizada, con sus aldeas en ruinas y los últimos habitantes como testigos de una cultura que irremisiblemente morirá con ellos, puesto que ya no quedan manos para tomar el relevo, es la que he intentado recoger en mi última novela El Disputado Voto del Señor Cayo, como un lamento, consciente de que se trata de una situación difícilmente reversible.”
(…)
“Contrasta esta realidad social castellana con la imagen que en los últimos lustros ha circulado por la periferia del país, aceptándose como buena la torpe ecuación Administración=Madrid y Madrid=Castilla, luego Administración=Castilla. Se daba así una imagen de Castilla centralista y dominadora, más propia de una retórica tonante y vacía, anacrónicamente imperialista, que de un hecho real, fácilmente contrastable. Castilla, región agraria, pese a los incipientes brotes de industrialización en algunas de sus ciudades, sobre su ya viejo, impenitente abandono, se ha visto sometida a lo largo de casi medio siglo a la presión del precio político, eficaz invento para mantener inalterable el precio de la cesta de la compra y, con él, el orden social de los más a costa del sacrificio económico de los menos.
Por otro lado, la equivocada política seguida desde Madrid con las regiones periféricas más desarrolladas, donde, mediante el halago económico, se pretendió acallar sus anhelos de conservar la identidad cultural e histórica, aportó sobre la totalidad del país dos consecuencias no por previsibles menos deplorables: por una parte, se hizo más profunda la diferencia entre regiones ricas y pobres, con el consiguiente trasvase de hombres de estas –cada día más depauperadas- a aquellas, y, por otra, no cesaron de exacerbarse los sentimientos secesionistas en algunos pueblos del litoral, orgullosos de sus raíces y de sus peculiaridades culturales y reacios a dejarse comprar por un plato de lentejas.”
(…)
“Aquel viejo dicho de Castilla hace sus hombres y los gasta, en que se pretendió simbolizar la abnegación y el desinterés castellanos, apenas si conserva hoy algún sentido puesto que la Castilla desangrada de esta hora está resignada a hacer sus hombres para que los gasten los demás.
A pesar de lo dicho, no creo exista hoy en Castilla un arraigado sentimiento regionalista, una conciencia histórica y cultural profunda. El castellano, de ordinario, no se siente especialmente castellano sino vaga, inconscientemente español. Villalar no es tanto la expresión espontánea de un sentimiento autonomista como una resuelta tentativa de crearlo. Pero, por el momento, el castellano, me parece a mí, no siente eso. Para que un sentimiento localista reivindicativo despierte o se afiance basta un solo golpe bajo, contundente y despiadado, como el propinado a Cataluña en 1939 (“Señores: a partir de hoy hay que hablar cristiano”). A Castilla no le ha faltado el golpe bajo, le ha faltado la contundencia. A Castilla se le ha ido desangrando, humillando, desarbolando poco a poco, paulatina, gradualmente, aunque a conciencia. Se contaba de antemano con su pasividad, su desconexión, la capacidad de encaje de sus campesinos, (…) de tal modo que la operación, aunque prolongada, resultó incruenta, silenciosa y perfecta”.
Delibes menciona brevemente algo más que traspasa su obra de punta a punta y que, sin embargo, podría pasar desapercibido. Se trata del clasismo existente entre los propios castellanos, algo hoy día presente en algunas zonas rurales, y que también ha tenido una influencia decisiva en el hundimiento de esta nación. Han sido los castellanos más pudientes los que se han empeñado en mantener a sus propios paisanos en la ignorancia, los que aun hoy se enzarzan en ese “imperialismo anacrónico” absurdo e implosivo, los que yerran con su punto de mira.
Castilla ya no existe, don Miguel. Murió con los abuelos de quienes ahora andamos entre los treinta y los cuarenta años de edad. Alguna vez me pregunto si realmente existió, pero entonces algo bajo piel, un melancólico atavismo en esta carne de cañón, me dice que sí y que levemente persiste, aunque desconozco si a otros les pasa lo mismo.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Más claro que el agua
Así son las cosas y así se las han contado, pero mayormente, así están:
José Manuel Vargas (Vocento): En dos años no debería existir ningún redactor 'senior' en ABC
Hace ya algunos años, cuando los costes de distribución de los medios impresos empezaban a pesar como titánicas losas, un antiguo jefe ya me dijo que la calidad del contenido le importaba un pimiento frente a los costes que conlleva llevar el producto periodístico a los lectores.
La empresa era suya y ya entonces prefería pagar una miseria a unos cuantos acólitos. Total, si se acaban quemando, decía, saco a otros cuantos de la cola del paro. Tras tantos tientos alguno le tendría que dar resultado. Allí estuve yo, desde luego. Lo admito. Bien que lo pagué.
A lo mejor tenemos que volver a modelos como el que tenía Le Monde, a las cooperativas que últimamente están brotando en los Estados Unidos, al calor de externalizaciones más o menos encubiertas, porque a los que fabricamos los contenidos (no sólo a los periodistas, sino que también a maquetadores, fotógrafos, impresores, diseñadores web, ...) no debería darnos igual la calidad del producto.
José Manuel Vargas (Vocento): En dos años no debería existir ningún redactor 'senior' en ABC
Hace ya algunos años, cuando los costes de distribución de los medios impresos empezaban a pesar como titánicas losas, un antiguo jefe ya me dijo que la calidad del contenido le importaba un pimiento frente a los costes que conlleva llevar el producto periodístico a los lectores.
La empresa era suya y ya entonces prefería pagar una miseria a unos cuantos acólitos. Total, si se acaban quemando, decía, saco a otros cuantos de la cola del paro. Tras tantos tientos alguno le tendría que dar resultado. Allí estuve yo, desde luego. Lo admito. Bien que lo pagué.
A lo mejor tenemos que volver a modelos como el que tenía Le Monde, a las cooperativas que últimamente están brotando en los Estados Unidos, al calor de externalizaciones más o menos encubiertas, porque a los que fabricamos los contenidos (no sólo a los periodistas, sino que también a maquetadores, fotógrafos, impresores, diseñadores web, ...) no debería darnos igual la calidad del producto.
Hermann Terstch
Da exactamente igual la intención con que te hayan golpeado, exactamente igual quién haya sido, porque saber lo que te han hecho da mucho ascazo, y, sobre todo, mucha pena.
Da igual la intención y el autor porque independientemente de lo que pienses, de cómo lo expreses, mereces (como cualquiera) el máximo respeto.
Da igual la intención y el autor porque independientemente de lo que pienses, de cómo lo expreses, mereces (como cualquiera) el máximo respeto.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Asequible
Esa debería ser la palabra que uniera a todos: asequible.
Por supuesto que nada es gratis, ni siquiera lo que lo parece. Recordemos que para entrar en internet hay que pagar teléfono y gastar tiempo, nada de que sea gratis. Tampoco lo es la tele, que gasta electricidad, como los ordenadores.
Sin embargo, conviene darse cuenta que las cosas están cambiando y que ahora nos movemos en esquemas de precios bajos, sobre mundos inexplorados y en circunstancias excepcionales.
Nadie discute los derechos de los demás, según parece, sino que quiere imponer el propio, y eso en internet es una quimera. No es una guerra de piratas contra autores.
Es un cambio, una revolución. Muy próximamente, en el tema de copias digitales de obras intelectuales (me parece preferible esta expresión a la de cultura) el precio no lo va a fijar el vendedor, sino que tendrá que contar con el comprador si no quiere comerse los mocos.
Y si uno y otro tienen que ponerse de acuerdo se llegaría a un término medio, el asequible para todos. Qué bonito.
Por supuesto que nada es gratis, ni siquiera lo que lo parece. Recordemos que para entrar en internet hay que pagar teléfono y gastar tiempo, nada de que sea gratis. Tampoco lo es la tele, que gasta electricidad, como los ordenadores.
Sin embargo, conviene darse cuenta que las cosas están cambiando y que ahora nos movemos en esquemas de precios bajos, sobre mundos inexplorados y en circunstancias excepcionales.
Nadie discute los derechos de los demás, según parece, sino que quiere imponer el propio, y eso en internet es una quimera. No es una guerra de piratas contra autores.
Es un cambio, una revolución. Muy próximamente, en el tema de copias digitales de obras intelectuales (me parece preferible esta expresión a la de cultura) el precio no lo va a fijar el vendedor, sino que tendrá que contar con el comprador si no quiere comerse los mocos.
Y si uno y otro tienen que ponerse de acuerdo se llegaría a un término medio, el asequible para todos. Qué bonito.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Códigos
Es evidente que el paso a la democracia se dio en España de un modo ejemplar si lo contemplamos desde una perspectiva social, mirando a los ciudadanos, que en momentos de extrema complejidad se comportaron extraordinariamente.
En cuanto a la solución política de la transición, representantes de unos y otros hicieron un tremendo esfuerzo por alcanzar un consenso con el que conseguir un sistema más democrático, orientado hacia el modelo europeo. Y se consiguió.
Se consiguió a costa de dejar muchas cosas para más adelante. Y entre ellas se encontraba la regulación del derecho de expresión e información. Se derogaron los preceptos de la Ley Fraga de 1966 que estaban en evidente contradicción con la Constitución, pero no se aprovechó el momento para fijar los derechos y deberes de los periodistas y de los ciudadanos, al respecto de la información, tema de importancia crucial en una democracia. Quizás, muy piosiblemente, no fuera el momento adecuado, pero, de hecho, cada vez que se ha intentado posteriormente, el asunto se ha dado paseos en balde por las cámaras legislativas.
Ahora, con casos flagrantes en los que se han traspasado los límites, con la imagen de la profesión (o el oficio, como se prefiera) por los suelos, son muchos los que vuelven la cara hacia los códigos deontológicos.
Las reglas éticas no son de obligado cumplimiento, así es que de poco sirven en un escenario tan crudo como el de este trabajo.
También es cierto que regular el derecho a la libertad de información y expresión es asunto peliagudo en democracias que han encontrado en estas libertades su fundamento. No se puede dejar la aplicación de normas sobre estas libertadas a cualquiera, ni tampoco el juicio sobre si un medio o una comunicacón las respeta o no.
Parece que todo nos conduce a que seguiremos como estamos. No hay voluntad ni ganas de alcanzar un marco amplio, una cancha para poder moverse. El único que cuenta con la legitimidad necesaria es el Tribunal Constitucional, así es que tendremos que esperar de su lentitud que, poco a poco, pero con seguridad, vaya limando los límites de la libertad de información al respecto de la intimidad y otros derechos con los que puede colisionar.
Sin embargo, algunas circunstancias obligan a tomar cartas en este asunto, en mi modesta opinión. Por un lado, internet y la difusión global de la información hace que haya que moverse para que los periodistas empecemos a contar con técnicas específicas para este medio y unas reglas del juego adecuadas. Y esto, evidentemente en algo tan difuso y global como internet, no puede hacerse con perspectivas individuales, grupales o nacionales.
Por otro lado, el periodismo está por los suelos. Las cada vez más evidentes relaciones entre contenido y publicidad, el aborregamiento que se vive, la sangría de profesionales y el sensacionalismo piden una intervención en grupo, algo difícil en un colectivo tan anárquico.
Habría que hacer algo, pero no movidos por nostalgias, sino para lograr un sitio y que, con el hueco apropiado, cada cual pueda hacer su trabajo, sabiendo qué se le pide y qué se espera, que las sorpresas ya se encarga de ponerlas la actualidad.
En cuanto a la solución política de la transición, representantes de unos y otros hicieron un tremendo esfuerzo por alcanzar un consenso con el que conseguir un sistema más democrático, orientado hacia el modelo europeo. Y se consiguió.
Se consiguió a costa de dejar muchas cosas para más adelante. Y entre ellas se encontraba la regulación del derecho de expresión e información. Se derogaron los preceptos de la Ley Fraga de 1966 que estaban en evidente contradicción con la Constitución, pero no se aprovechó el momento para fijar los derechos y deberes de los periodistas y de los ciudadanos, al respecto de la información, tema de importancia crucial en una democracia. Quizás, muy piosiblemente, no fuera el momento adecuado, pero, de hecho, cada vez que se ha intentado posteriormente, el asunto se ha dado paseos en balde por las cámaras legislativas.
Ahora, con casos flagrantes en los que se han traspasado los límites, con la imagen de la profesión (o el oficio, como se prefiera) por los suelos, son muchos los que vuelven la cara hacia los códigos deontológicos.
Las reglas éticas no son de obligado cumplimiento, así es que de poco sirven en un escenario tan crudo como el de este trabajo.
También es cierto que regular el derecho a la libertad de información y expresión es asunto peliagudo en democracias que han encontrado en estas libertades su fundamento. No se puede dejar la aplicación de normas sobre estas libertadas a cualquiera, ni tampoco el juicio sobre si un medio o una comunicacón las respeta o no.
Parece que todo nos conduce a que seguiremos como estamos. No hay voluntad ni ganas de alcanzar un marco amplio, una cancha para poder moverse. El único que cuenta con la legitimidad necesaria es el Tribunal Constitucional, así es que tendremos que esperar de su lentitud que, poco a poco, pero con seguridad, vaya limando los límites de la libertad de información al respecto de la intimidad y otros derechos con los que puede colisionar.
Sin embargo, algunas circunstancias obligan a tomar cartas en este asunto, en mi modesta opinión. Por un lado, internet y la difusión global de la información hace que haya que moverse para que los periodistas empecemos a contar con técnicas específicas para este medio y unas reglas del juego adecuadas. Y esto, evidentemente en algo tan difuso y global como internet, no puede hacerse con perspectivas individuales, grupales o nacionales.
Por otro lado, el periodismo está por los suelos. Las cada vez más evidentes relaciones entre contenido y publicidad, el aborregamiento que se vive, la sangría de profesionales y el sensacionalismo piden una intervención en grupo, algo difícil en un colectivo tan anárquico.
Habría que hacer algo, pero no movidos por nostalgias, sino para lograr un sitio y que, con el hueco apropiado, cada cual pueda hacer su trabajo, sabiendo qué se le pide y qué se espera, que las sorpresas ya se encarga de ponerlas la actualidad.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Pajarillo
Hace relativamente poco tiempo que Mark Everett publicó Hombre Lobo y ya tenemos noticias de que el 19 de enero saldrá nuevo disco, End Times, del cual ya se conoce una primera canción, Little Bird.
Se agradece que Mr. E viva una temporada con las pilas a pleno rendimiento. Little Bird, que puede descargarse desde la web de la banda, sigue la estela de anteriores temas de Eels, esa vena a medio camino entre lo dulce y lo cruel y que conduce a melodías despaciosas y baladas hermosas, a las que, si acaso, sólo se podrá achacar que insistan en tics compostivos ya conocidos y que remitan a acordes escuchados en anteriores canciones de Eels.
La página oficial del grupo remite también a otro enlace, en el que se puede escuchar otro corte más: In My Younger Days, que insiste en la misma línea melancólica dominada por la voz y la guitarra.
Lo dicho: pese a todo, una gran canción. Esperamos con ansiedad el disco.
Se agradece que Mr. E viva una temporada con las pilas a pleno rendimiento. Little Bird, que puede descargarse desde la web de la banda, sigue la estela de anteriores temas de Eels, esa vena a medio camino entre lo dulce y lo cruel y que conduce a melodías despaciosas y baladas hermosas, a las que, si acaso, sólo se podrá achacar que insistan en tics compostivos ya conocidos y que remitan a acordes escuchados en anteriores canciones de Eels.
La página oficial del grupo remite también a otro enlace, en el que se puede escuchar otro corte más: In My Younger Days, que insiste en la misma línea melancólica dominada por la voz y la guitarra.
Lo dicho: pese a todo, una gran canción. Esperamos con ansiedad el disco.
jueves, 3 de diciembre de 2009
El periodismo ciudadano es una fuente más
Lleva la revista Rockdelux en su sección Manifesto, un interesante artículo de Josep Lluís Micó titulado La Falacia del Periodismo (Ciudadano). Cualquiera que mire lo que está pasando con ojos críticos estará de acuerdo con su última frase, en la que alude al hecho de que el llamado periodismo ciudadano beneficia a empresarios de la comunicación y editores, ya que, principalmente, ofrece información muy impactante a precios muy baratos, o incluso gratis.
En este sentido de lucha de los empresarios de la comunicación por hacerse con un hueco en estas aguas revueltas puede leerse el frente abierto en muchos países contra las televisiones públicas, y que tiene su confrontación más feroz en el Reino Unido, donde, según aparece en el número 18 de Cuadernos de Periodistas, revista de la Asociación de la Prensa de Madrid, Murdoch ha cargado contra la BBC, a la que considera competencia desleal porque da información gratis con dinero público y en las mejores plataformas, mientras que los inversores privados se las ven y se las desean para poner en marcha acciones similares. No dice, por contra, que cuando sus empresas ganan dinero es para él para quien lo ganan.
Es evidente, siguiendo la argumentación de Micó, que el periodismo ciudadano no puede sustituir al periodismo hecho por profesionales, porque, tal y como puede leerse en el ladillo, “difícilmente puede obrar conforme a pautas deontológicas y criterios periodísticos quien no ha recibido ninguna formación específica”.
Sin embargo, tampoco es justo criticar la alimentación que debe dar el público a los medios, precisamente en el momento en el que estamos, en medio de una revolución que nos tiene noqueados. ¿Qué son los medios de comunicación sin su público? ¿Qué son si no tienen en cuenta (y tratan adecuadamente) lo que interesa a los que adquieren su información? ¿Qué es un medio que no es capaz de adaptarse y servir?
Nada. No son nada.
Por este motivo, me parece algo exagerado el comienzo del artículo. Sarcástico, casi injusto. La información que proviene del periodismo ciudadano debe ser tratada, según mi humilde modo de ver, como una fuente más.
Pone Micó el ejemplo de una explosión de gas. Y critica que las imágenes grabadas por un aficionado tengan más impacto que toda la información que pueda envolver a la noticia. Nadie pone en duda que se pongan las imágenes grabadas por las cámaras de tráfico cuando se ve un accidente o un robo en plena calle. Porque entendemos que son fuentes.
Puede pensarse, sin embargo, que la gente está cansada de las típicas declaraciones de susto que ofrecen los vecinos en ropa de andar por casa, y que es lo que se suele ofrecer en estos casos. El periodismo es captar la realidad y transmitirla. Ir más allá y no quedarse en lo fácil. Y todo para que luego se ventile en una pieza que arde con brevedad. Nada más. Ni vanidades ni medallitas. Hay que asumirlo.
Los periodistas no inventamos la información. Hacemos noticias. Y si para construir la noticia tenemos algo extraordinario (las imágenes valen mucho más que las palabras, me dijo a mí en la universidad un certero profesor), mal estará que no lo utilicemos.
En cierto sentido, estamos en manos de lo que nos transmitan nuestras fuentes. Ellas nos proporcionan la materia prima en forma de informes, facturas, demandas, declaraciones, sentencias, filtraciones… ¿Por qué no imágenes? ¿Por qué no vamos a potenciar la interacción con la audiencia? Después, una vez que tenemos la información, valoramos, aplicamos técnicas del oficio, si se quiere decir así, contrastamos, fabricamos noticias y las transmitimos. Nos hemos dejado llevar por el fantástico papel que podemos jugar y eso, más que la independencia económica, nos ha atrapado. Es humano, desde luego. Los medios tienen capacidad para influir en audiencias y públicos, en personas al fin y al cabo, y eso ha introducido distorsiones en el trabajo periodístico.
Estos nuevos canales de información nos ofrecen una oportunidad inmensa, la de pulir los espejos que tenemos que ser para la sociedad. Para bien y para mal.
En este sentido de lucha de los empresarios de la comunicación por hacerse con un hueco en estas aguas revueltas puede leerse el frente abierto en muchos países contra las televisiones públicas, y que tiene su confrontación más feroz en el Reino Unido, donde, según aparece en el número 18 de Cuadernos de Periodistas, revista de la Asociación de la Prensa de Madrid, Murdoch ha cargado contra la BBC, a la que considera competencia desleal porque da información gratis con dinero público y en las mejores plataformas, mientras que los inversores privados se las ven y se las desean para poner en marcha acciones similares. No dice, por contra, que cuando sus empresas ganan dinero es para él para quien lo ganan.
Es evidente, siguiendo la argumentación de Micó, que el periodismo ciudadano no puede sustituir al periodismo hecho por profesionales, porque, tal y como puede leerse en el ladillo, “difícilmente puede obrar conforme a pautas deontológicas y criterios periodísticos quien no ha recibido ninguna formación específica”.
Sin embargo, tampoco es justo criticar la alimentación que debe dar el público a los medios, precisamente en el momento en el que estamos, en medio de una revolución que nos tiene noqueados. ¿Qué son los medios de comunicación sin su público? ¿Qué son si no tienen en cuenta (y tratan adecuadamente) lo que interesa a los que adquieren su información? ¿Qué es un medio que no es capaz de adaptarse y servir?
Nada. No son nada.
Por este motivo, me parece algo exagerado el comienzo del artículo. Sarcástico, casi injusto. La información que proviene del periodismo ciudadano debe ser tratada, según mi humilde modo de ver, como una fuente más.
Pone Micó el ejemplo de una explosión de gas. Y critica que las imágenes grabadas por un aficionado tengan más impacto que toda la información que pueda envolver a la noticia. Nadie pone en duda que se pongan las imágenes grabadas por las cámaras de tráfico cuando se ve un accidente o un robo en plena calle. Porque entendemos que son fuentes.
Puede pensarse, sin embargo, que la gente está cansada de las típicas declaraciones de susto que ofrecen los vecinos en ropa de andar por casa, y que es lo que se suele ofrecer en estos casos. El periodismo es captar la realidad y transmitirla. Ir más allá y no quedarse en lo fácil. Y todo para que luego se ventile en una pieza que arde con brevedad. Nada más. Ni vanidades ni medallitas. Hay que asumirlo.
Los periodistas no inventamos la información. Hacemos noticias. Y si para construir la noticia tenemos algo extraordinario (las imágenes valen mucho más que las palabras, me dijo a mí en la universidad un certero profesor), mal estará que no lo utilicemos.
En cierto sentido, estamos en manos de lo que nos transmitan nuestras fuentes. Ellas nos proporcionan la materia prima en forma de informes, facturas, demandas, declaraciones, sentencias, filtraciones… ¿Por qué no imágenes? ¿Por qué no vamos a potenciar la interacción con la audiencia? Después, una vez que tenemos la información, valoramos, aplicamos técnicas del oficio, si se quiere decir así, contrastamos, fabricamos noticias y las transmitimos. Nos hemos dejado llevar por el fantástico papel que podemos jugar y eso, más que la independencia económica, nos ha atrapado. Es humano, desde luego. Los medios tienen capacidad para influir en audiencias y públicos, en personas al fin y al cabo, y eso ha introducido distorsiones en el trabajo periodístico.
Estos nuevos canales de información nos ofrecen una oportunidad inmensa, la de pulir los espejos que tenemos que ser para la sociedad. Para bien y para mal.
martes, 1 de diciembre de 2009
Personas
Somos crueles. Lo somos tanto que no nos damos ni cuenta.
Como mucho, muy de vez en cuando, y si se puede escurrir el bulto, se le echa la culpa a cualquier otro.
Pasamos de una estupidez tomada como dogma, a la opuesta, dogmática igualmente, sin poder parar el péndulo, sin tener el valor para hacerlo.
Y el caso es que no podemos ser de otra manera. Qué le vamos a hacer, somos humanos. Animales sociales. Una grey. Lo más fácil, lo que nos ayuda a sobrevivir, primero, y a medrar, después, es pegarnos a un mesías, a un líder, a unas ideas, a un credo, etcétera y seguirlos ciegamente hasta trocarlos en otra cosa distinta en la que volcar miedos, frustraciones, aspiraciones y demás.
Todo son problemas cuando uno decide separarse del rebaño, porque no van a entenderle (no querrán entenderle) cuando diga que se están equivocando, que usan una violencia peor contra los violentos y que en esa cruzada hay mucho de odio y revancha. Más, parece, que la justicia que se necesita.
Dirán que en ciertos aspectos no caben tibiezas. Y es cierto. Dirán que no vale ponerse del lado de los malos. Y es falso, porque antes habrá que saber quiénes son los malos y por qué son los malos. Y resultará que no te habrás colocado del lado de los malos, porque son ellos los que, ciegos de ira, se habrán cambiado de bando. Sin darse cuenta. Enrabietados. Varios puntos por debajo de la evolución humana. Exactamente igual que los que tuvieron enfrente.
Humanos todos, personas, al fin y al cabo, y no grupos ni perfiles, ni razas, ni cualquiera otra cosa más que personas.
Como mucho, muy de vez en cuando, y si se puede escurrir el bulto, se le echa la culpa a cualquier otro.
Pasamos de una estupidez tomada como dogma, a la opuesta, dogmática igualmente, sin poder parar el péndulo, sin tener el valor para hacerlo.
Y el caso es que no podemos ser de otra manera. Qué le vamos a hacer, somos humanos. Animales sociales. Una grey. Lo más fácil, lo que nos ayuda a sobrevivir, primero, y a medrar, después, es pegarnos a un mesías, a un líder, a unas ideas, a un credo, etcétera y seguirlos ciegamente hasta trocarlos en otra cosa distinta en la que volcar miedos, frustraciones, aspiraciones y demás.
Todo son problemas cuando uno decide separarse del rebaño, porque no van a entenderle (no querrán entenderle) cuando diga que se están equivocando, que usan una violencia peor contra los violentos y que en esa cruzada hay mucho de odio y revancha. Más, parece, que la justicia que se necesita.
Dirán que en ciertos aspectos no caben tibiezas. Y es cierto. Dirán que no vale ponerse del lado de los malos. Y es falso, porque antes habrá que saber quiénes son los malos y por qué son los malos. Y resultará que no te habrás colocado del lado de los malos, porque son ellos los que, ciegos de ira, se habrán cambiado de bando. Sin darse cuenta. Enrabietados. Varios puntos por debajo de la evolución humana. Exactamente igual que los que tuvieron enfrente.
Humanos todos, personas, al fin y al cabo, y no grupos ni perfiles, ni razas, ni cualquiera otra cosa más que personas.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Libertad. Manifiesto de esta única persona
Es evidente que los periódicos son libres para publicar lo que les plazca, siempre que se respeten los límites de la ley en la libertad de expresión.
Es evidente que los partidos pueden opinar lo que deseen. Respetar, apoyar o escamarse. Pueden hasta, según parece, imponer a sus cargos el voto imperativo, brazo en alto, según puede verse en las retransmisiones de algunos debates del Congreso de los Diputados.
Es evidente que cualquiera puede utilizar en su defensa cualquier medio legítimo, en forma proporcionada y como le venga en gana.
Es evidente que todos deberíamos tener derecho a mostrar nuestra preocupación, jalear o presionar del modo en que nos convenga, aunque, lamentablemente, hemos constatado que no es así.
Es evidente que la Justicia de este país no es justa ni independiente. Que, además, nadie tiene gana alguna de mejorarla.
Es evidente que en este país algunos territorios tienen privilegios que asquean a los demás, y es evidente que algunos privilegiados sienten al resto como un lastre atado a sus piernas.
Es evidente que en España hay ciudadanos de primera y ciudadanos de tercera: muchos de los primeros ladran como perros rabiosos, y los más de los segundos se limitan a hacer sonar sus esquilas mientras avanzan al paso, con las cabezas gachas.
Es evidente que aquí tenemos demasiadas banderas y gentes de diversos pelajes dispuestas a idolatrarlas.
Es evidente que los pueblos tienen derecho a decidir su futuro y si lo han votado libremente, con mayor motivo.
Es evidente que cualquiera que considere vulnerados sus derechos debería poder acudir a los tribunales, con la esperanza de que le den la razón o se la quiten cuanto antes y con eficacia.
Es evidente que nuestras leyes prevén la existencia de un órgano jurisdiccional (un tribunal, vamos) que sirva para controlar que las leyes emanadas de los representantes del pueblo (ja) se ajustan a lo escrito en otras leyes de jerarquía superior.
Es evidente que ese órgano jurisdiccional que debería velar por la coherencia del sistema jurídico está putrefacto. Huele a terreno fertil para el cabildeo político.
Es evidente que en las sociedades democráticas no debería quedar espacio para la discriminación y que los ciudadanos deberían tener las mismas garantías, derechos y deberes en todas partes del territorio, que aquí no debería haber sitio para la desigualdad.
Es evidente que debería abrirse la puerta para que quien no quiera estar se marche, y antes, ajustar cuentas.
Hay tantas cosas evidentes en todo este asunto que nadie tiene el valor de ponerle una claridad que necesita de inmediato.
Es evidente que los partidos pueden opinar lo que deseen. Respetar, apoyar o escamarse. Pueden hasta, según parece, imponer a sus cargos el voto imperativo, brazo en alto, según puede verse en las retransmisiones de algunos debates del Congreso de los Diputados.
Es evidente que cualquiera puede utilizar en su defensa cualquier medio legítimo, en forma proporcionada y como le venga en gana.
Es evidente que todos deberíamos tener derecho a mostrar nuestra preocupación, jalear o presionar del modo en que nos convenga, aunque, lamentablemente, hemos constatado que no es así.
Es evidente que la Justicia de este país no es justa ni independiente. Que, además, nadie tiene gana alguna de mejorarla.
Es evidente que en este país algunos territorios tienen privilegios que asquean a los demás, y es evidente que algunos privilegiados sienten al resto como un lastre atado a sus piernas.
Es evidente que en España hay ciudadanos de primera y ciudadanos de tercera: muchos de los primeros ladran como perros rabiosos, y los más de los segundos se limitan a hacer sonar sus esquilas mientras avanzan al paso, con las cabezas gachas.
Es evidente que aquí tenemos demasiadas banderas y gentes de diversos pelajes dispuestas a idolatrarlas.
Es evidente que los pueblos tienen derecho a decidir su futuro y si lo han votado libremente, con mayor motivo.
Es evidente que cualquiera que considere vulnerados sus derechos debería poder acudir a los tribunales, con la esperanza de que le den la razón o se la quiten cuanto antes y con eficacia.
Es evidente que nuestras leyes prevén la existencia de un órgano jurisdiccional (un tribunal, vamos) que sirva para controlar que las leyes emanadas de los representantes del pueblo (ja) se ajustan a lo escrito en otras leyes de jerarquía superior.
Es evidente que ese órgano jurisdiccional que debería velar por la coherencia del sistema jurídico está putrefacto. Huele a terreno fertil para el cabildeo político.
Es evidente que en las sociedades democráticas no debería quedar espacio para la discriminación y que los ciudadanos deberían tener las mismas garantías, derechos y deberes en todas partes del territorio, que aquí no debería haber sitio para la desigualdad.
Es evidente que debería abrirse la puerta para que quien no quiera estar se marche, y antes, ajustar cuentas.
Hay tantas cosas evidentes en todo este asunto que nadie tiene el valor de ponerle una claridad que necesita de inmediato.
martes, 24 de noviembre de 2009
Como era previsible, la reforma laboral
Parece que todos los expertos, dentro y fuera de nuestras fronteras, están de acuerdo en que el mercado laboral español necesita reformarse pero ya mismo.
Según parece, las condiciones en que los trabajadores quieren trabajar en nuestro país no son nada competitivas, pese a lo que dicen ejemplos palmarios como los de Vigo o Figueruelas, con respecto a lo que se estila por ahí fuera.
Ahora, Gobierno y sindicatos dicen que sí a una posible reforma, cuando hasta hace dos días decían que no. Muy coherente por sus partes.
La reforma, como los impuestos, es para que la sufran los de siempre, de tal modo que si no somos competitivos pues tendremos que ser más baratos y si hay que pagar más impuestos, pues, coño, como se los vamos a subir a los ricos, que se van.
Eso es lo triste, lo habitual, lo incorregible.
Por supuesto que hay que reformar, la vida permanece en obras siempre. Otra cosa es que la reforma sea justa o que consiga su propósito.
Según parece, las condiciones en que los trabajadores quieren trabajar en nuestro país no son nada competitivas, pese a lo que dicen ejemplos palmarios como los de Vigo o Figueruelas, con respecto a lo que se estila por ahí fuera.
Ahora, Gobierno y sindicatos dicen que sí a una posible reforma, cuando hasta hace dos días decían que no. Muy coherente por sus partes.
La reforma, como los impuestos, es para que la sufran los de siempre, de tal modo que si no somos competitivos pues tendremos que ser más baratos y si hay que pagar más impuestos, pues, coño, como se los vamos a subir a los ricos, que se van.
Eso es lo triste, lo habitual, lo incorregible.
Por supuesto que hay que reformar, la vida permanece en obras siempre. Otra cosa es que la reforma sea justa o que consiga su propósito.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Ideas de Castilla
Admiro la manera en que escribe Ray Loriga en obras como, por ejemplo, Tokio Ya No Nos Quiere.
En su artículo de ayer hablaba de Chile y Argentina, países que nos han regalado a Bolaño y a Cortazar, por ejemplo, o a Maradona y a Zamorano, otro ejemplo, para acabar diciendo que es muy castellano dar órdenes sin tener nada que decir e inventar nombres para cosas que no tenemos: nos falta el mar y eso nos trastorna. Es muy posible, y está muy bien eso de meterse con lo propio, y generalizar es cosa que hacemos todos.
En Castilla hay gente que da órdenes, desde luego. Muy posiblemente no sepan para qué. Eso pasa en muchos otros lugares del planeta. Pero el caso es que hay mucha más gente que las obedece, exactamente lo mismo que en otros sitios, incluidos Chile y Argentina. La banda, en lugares trillados por la historia (o lo que es lo mismo, en todas partes), ha tendido a constatar, mucho antes que Nietzsche, que en esta vida las relaciones de poder mandan. Someone rules, dicen los raperos.
Por todos lados hay mucha más gente que es carne de cañón. Mucha más gente sojuzgada, que ha ido y ha vuelto porque les han mandado ir y volver, o porque cada vez les dejan menos opciones y, en el caso de Castilla, que tienen que dejar su páramo mesetario: no queda muy lejos el momento en que aquello quedará convertido en un erial plagado de hermosos castillos, lobos, liebres, catedrales e iglesias, y también de pequeñas ciudades insignificantes que sólo serán noticia por algún suceso desagradable que pase de vez en cuando: ya lo es: en realidad lo ha sido siempre. Castilla, particularmente, ha sido desde hace mucho tiempo una excusa hecha de pastos y ovejas, pinares talados y galgos corredores.
Hay que reconocerlo, hemos querido ponerle nombre a la quimera, pero no hemos sido los primeros. Tampoco, me temo, los más imaginativos. Desde luego es cierto que hemos llevado nuestra lengua tan lejos como nos ha sido posible. España debe de ser otra de esas cosas que nombramos pero que no tenemos, otra de esas órdenes dadas sin que hubiera nada que decir, un imperio fardón y orgiástico para los aprovechados de siempre (que también los hay por todo el mundo), un padecimiento para los más.
Y sí, debe ser que nos falta la costa, más que el mar, porque preferimos morir sin saber porqué a que nos llamen cobardes. Tenemos miedo, desde hace mucho tiempo, a lo que la gewere pueda decir (más que pensar) de nosotros.
Es una cuestión cultural, supongo.
Y nuestro peor mal. El caso es que, como por otros lares, abundan los que se tragan la milonga de turno y la metabolizan tanto que se transforman en sanguinarios papistas. Es muy posible que a esto se refiera Loriga.
En su artículo de ayer hablaba de Chile y Argentina, países que nos han regalado a Bolaño y a Cortazar, por ejemplo, o a Maradona y a Zamorano, otro ejemplo, para acabar diciendo que es muy castellano dar órdenes sin tener nada que decir e inventar nombres para cosas que no tenemos: nos falta el mar y eso nos trastorna. Es muy posible, y está muy bien eso de meterse con lo propio, y generalizar es cosa que hacemos todos.
En Castilla hay gente que da órdenes, desde luego. Muy posiblemente no sepan para qué. Eso pasa en muchos otros lugares del planeta. Pero el caso es que hay mucha más gente que las obedece, exactamente lo mismo que en otros sitios, incluidos Chile y Argentina. La banda, en lugares trillados por la historia (o lo que es lo mismo, en todas partes), ha tendido a constatar, mucho antes que Nietzsche, que en esta vida las relaciones de poder mandan. Someone rules, dicen los raperos.
Por todos lados hay mucha más gente que es carne de cañón. Mucha más gente sojuzgada, que ha ido y ha vuelto porque les han mandado ir y volver, o porque cada vez les dejan menos opciones y, en el caso de Castilla, que tienen que dejar su páramo mesetario: no queda muy lejos el momento en que aquello quedará convertido en un erial plagado de hermosos castillos, lobos, liebres, catedrales e iglesias, y también de pequeñas ciudades insignificantes que sólo serán noticia por algún suceso desagradable que pase de vez en cuando: ya lo es: en realidad lo ha sido siempre. Castilla, particularmente, ha sido desde hace mucho tiempo una excusa hecha de pastos y ovejas, pinares talados y galgos corredores.
Hay que reconocerlo, hemos querido ponerle nombre a la quimera, pero no hemos sido los primeros. Tampoco, me temo, los más imaginativos. Desde luego es cierto que hemos llevado nuestra lengua tan lejos como nos ha sido posible. España debe de ser otra de esas cosas que nombramos pero que no tenemos, otra de esas órdenes dadas sin que hubiera nada que decir, un imperio fardón y orgiástico para los aprovechados de siempre (que también los hay por todo el mundo), un padecimiento para los más.
Y sí, debe ser que nos falta la costa, más que el mar, porque preferimos morir sin saber porqué a que nos llamen cobardes. Tenemos miedo, desde hace mucho tiempo, a lo que la gewere pueda decir (más que pensar) de nosotros.
Es una cuestión cultural, supongo.
Y nuestro peor mal. El caso es que, como por otros lares, abundan los que se tragan la milonga de turno y la metabolizan tanto que se transforman en sanguinarios papistas. Es muy posible que a esto se refiera Loriga.
martes, 27 de octubre de 2009
Se ha muerto Soitu
Es una verdadera lástima, pero con la que está cayendo también se nos mueren experiencias interesantes, como es el caso de Soitu.
Por lo menos, ahí quedan estos 22 meses haciendo algo inédito y que quedará como una referencia para hacer las cosas bien, aunque esto, por sí solo, no garantice la superviviencia, como bien demuestra el caso.
Fata volentem ducunt, nolentem trahunt.
Por lo menos, ahí quedan estos 22 meses haciendo algo inédito y que quedará como una referencia para hacer las cosas bien, aunque esto, por sí solo, no garantice la superviviencia, como bien demuestra el caso.
Fata volentem ducunt, nolentem trahunt.
viernes, 23 de octubre de 2009
El senado y los galgos 23
Lo primero que recuerdo es estar debajo de algo. Era una mesa, veía la pata de la mesa, veía las piernas de la gente, y una parte del mantel colgando. Estaba oscuro allí debajo, me gustaba estar ahí. Nadie parecía darse cuenta de que yo estaba allí. La luz del sol se reflejaba en la alfombra y en las piernas de la gente. Me gustaba la luz del sol. Las piernas de la gente no era interesantes.
Charles Bukowski. La Senda del Perdedor.
What´s My Name. The Hot Eight Brass Band.
Charles Bukowski. La Senda del Perdedor.
What´s My Name. The Hot Eight Brass Band.
jueves, 22 de octubre de 2009
Hacia la corriente
Qué interesante esta opinión de Jeff Jarvis en su sitio BuzzMachine:
La Ciudad Prohibida de las Noticias
Coincido con mucho de lo que Jarvis dice. Ahora hay que tratar de convencer a los anunciantes de toda esta movida, de que tienen que fluir con la corriente.
En fin.
La Ciudad Prohibida de las Noticias
Coincido con mucho de lo que Jarvis dice. Ahora hay que tratar de convencer a los anunciantes de toda esta movida, de que tienen que fluir con la corriente.
En fin.
Performance sarcástica
Se ofrece cabestro de mansedumbre sin igual. Me dejo guiar, y, en caso de que me pierdas de vista, mi cencerro perseguirá tu ausencia, anunciándote de antemano mi llegada, no sea que fuera a resultar incoveniente. Podrás utilizar conmigo palos, picas, látigos, insultos variados, desprecios... Lo que desees.
Prueba a putearme. No me altero ni cuando me mochan los morlacos más bravos, así es que podré con tus padres, tus hermanos y esa tía abuela que tanto quieres. No me des excusas, que ya he aprendido la manera de aguantarme las ganas. Haz lo que quieras o lo que debas, no me expliques, no tienes que convencerme.
Aquí estoy yo para seguirte. Vuelca en mi todo lo que te han puteado durante siglos. Repite el tropezón.
Sigue así. Gáname esta lucha, que yo, yo ya te voy bajando las defensas.
De eso se trata.
Prueba a putearme. No me altero ni cuando me mochan los morlacos más bravos, así es que podré con tus padres, tus hermanos y esa tía abuela que tanto quieres. No me des excusas, que ya he aprendido la manera de aguantarme las ganas. Haz lo que quieras o lo que debas, no me expliques, no tienes que convencerme.
Aquí estoy yo para seguirte. Vuelca en mi todo lo que te han puteado durante siglos. Repite el tropezón.
Sigue así. Gáname esta lucha, que yo, yo ya te voy bajando las defensas.
De eso se trata.
viernes, 16 de octubre de 2009
Los casos de corrupción se extienden por todas las democracias. Los políticos son humanos y, por lo tanto, débiles. Cada cual fija el umbral de su debilidad, es decir, su precio. Y, desde luego, no podemos dejarlo todo a una cuestión moral, como decía esta misma semana un sociólogo en un programa nocturno de debates en uno de estos canales nuevos de televisión digital.
Los casos de corrupción existen. No importan las ideologías porque la avaricia o la soberbia son circunstancias humanas, y, por lo tanto, comprensibles, aunque reprobables. Tengo muy claro que son más, muchos más de los que salen a la luz, y que, además, sólo conocemos los muy flagrantes o los que mueven sentimientos humanos poderosos, como son la venganza, por poner un simple ejemplo. Es decir que sólo se nos aparecen aquellos que son atractivos, llamativos, cantosos. Llamémosles como se quiera, pero mientras, se van de rositas muchos otros.
Se sabe que el problema está en el sistema, que es lento, trabajoso, complicado y que, en última instancia, castiga levemente. Si uno se porta bien, el futuro se presenta en forma de indulto.
La pasta no se devuelve jamás, siempre quedarán amigos en el partido de turno que le echarán una mano a uno de tal manera que siempre puede ganarse la vida al tiempo que se toca los cojones en algún cargo totalmente inútil.
Se sabe que el problema está en el sistema, pero no se hace nada para solucionarlo, porque quienes tienen que solucionarlo no parecen dispuestos a cerrar las trampillas que de4jan las leyes.
Los casos de corrupción existen. No importan las ideologías porque la avaricia o la soberbia son circunstancias humanas, y, por lo tanto, comprensibles, aunque reprobables. Tengo muy claro que son más, muchos más de los que salen a la luz, y que, además, sólo conocemos los muy flagrantes o los que mueven sentimientos humanos poderosos, como son la venganza, por poner un simple ejemplo. Es decir que sólo se nos aparecen aquellos que son atractivos, llamativos, cantosos. Llamémosles como se quiera, pero mientras, se van de rositas muchos otros.
Se sabe que el problema está en el sistema, que es lento, trabajoso, complicado y que, en última instancia, castiga levemente. Si uno se porta bien, el futuro se presenta en forma de indulto.
La pasta no se devuelve jamás, siempre quedarán amigos en el partido de turno que le echarán una mano a uno de tal manera que siempre puede ganarse la vida al tiempo que se toca los cojones en algún cargo totalmente inútil.
Se sabe que el problema está en el sistema, pero no se hace nada para solucionarlo, porque quienes tienen que solucionarlo no parecen dispuestos a cerrar las trampillas que de4jan las leyes.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Los depredadores creen en la magia
He oído al gran Eduard Punset (convertido en taxista para la grabación de uno de sus magníficos capítulos de Redes) decir que antes pensaba que la natural evolución humana llevaría a la desaparición del pensamiento mágico, pero que, a medida que ha ido pasando su tiempo y viviendo, ya no está tan seguro de que llegue a ser así. Parece ser que una parte de nuestra programación genética nos impulsa a creer que se esconde una mano (o manos) divina (s) tras todo lo que sucede. Punset basa esta afirmación en recientes estudios psicobiológicos que desenmascaran este comportamiento de la psique humana. Para Punset, lo del pensamiento mágico no es bueno ni malo, porque a veces nos ha venido bien, y a veces, mal.
Me parece muy cierto.
Creo, además, que este rasgo se extiende a otras circunstancias del comportamiento humano. Somos, por ejemplo, depredadores despiadados y crueles, centrados en nosotros mismos.
Así es que a mi me pasa un poco como a Punset. Creía que lentamente, poco a poco, mejoraríamos nuestro comportamiento social. Tenía algo así como un optimismo antropológico. Ahora, sin embargo, creo que hay rasgos de comportamiento tan humanos como el caminar a dos patas, que no nos quitaremos jamás, y que, además, como dice Punset, no son ni buenos ni malos.
Simplemente son, y a veces nos vendrán bien, y a veces, mal.
Me parece muy cierto.
Creo, además, que este rasgo se extiende a otras circunstancias del comportamiento humano. Somos, por ejemplo, depredadores despiadados y crueles, centrados en nosotros mismos.
Así es que a mi me pasa un poco como a Punset. Creía que lentamente, poco a poco, mejoraríamos nuestro comportamiento social. Tenía algo así como un optimismo antropológico. Ahora, sin embargo, creo que hay rasgos de comportamiento tan humanos como el caminar a dos patas, que no nos quitaremos jamás, y que, además, como dice Punset, no son ni buenos ni malos.
Simplemente son, y a veces nos vendrán bien, y a veces, mal.
jueves, 1 de octubre de 2009
Fallan el tiro
Llega uno y le dan un pastizal a la hora de la jubilación. El tío no va a decir que no. Que no es idiota.
Y llegan los demás y se ponen a ladrar. Que si esto no se hace, que si no hay verguenza, que no es el momento.
Pues claro que no hay verguenza. Pero, bueno, si es que parece que nos hemos caído todos de un guindo.
El tío es un listo, y los que están en el consejo, otros listos más . Y están ahí para eso: para rapiñar. Todos. Sin excepción. Ha habido quien los ha colocado ahí precisamente para lo que están haciendo y ahora se rasga las vestiduras.
El problema está en los demás. En los clientes y accionistas. En las autoridades de control. En todos los que lo permitimos.
Así que menos escándalo y más acción y menos criticar, porque todos haríamos lo mismo, y el que no o es que es muy bueno, en el peor sentido machadiano, o demasiado gilipollas.
Que es que estamos hablando de banqueros, coño, no de mártires. Ni tan siquiera, necesariamente, de buena gente.
Y llegan los demás y se ponen a ladrar. Que si esto no se hace, que si no hay verguenza, que no es el momento.
Pues claro que no hay verguenza. Pero, bueno, si es que parece que nos hemos caído todos de un guindo.
El tío es un listo, y los que están en el consejo, otros listos más . Y están ahí para eso: para rapiñar. Todos. Sin excepción. Ha habido quien los ha colocado ahí precisamente para lo que están haciendo y ahora se rasga las vestiduras.
El problema está en los demás. En los clientes y accionistas. En las autoridades de control. En todos los que lo permitimos.
Así que menos escándalo y más acción y menos criticar, porque todos haríamos lo mismo, y el que no o es que es muy bueno, en el peor sentido machadiano, o demasiado gilipollas.
Que es que estamos hablando de banqueros, coño, no de mártires. Ni tan siquiera, necesariamente, de buena gente.
martes, 15 de septiembre de 2009
Nueva aplicación
Los de Google han lanzado una nueva aplicación para ver noticias con cierta coherencia, gran velocidad y alimentada por múltiples medios de comunicación.
Es Fast Flip.
De momento, está disponible para los Estados Unidos, donde indexa las noticias y las fotos de treinta y seis potentes medios estadounidenses.
Habrá que ver qué resulta.
Es Fast Flip.
De momento, está disponible para los Estados Unidos, donde indexa las noticias y las fotos de treinta y seis potentes medios estadounidenses.
Habrá que ver qué resulta.
Menores
Desconozco todo lo relativo a la controversia de la semana pasada en la que se vio envuelta una menor y su madre, comentarista de algún programa de televisión. Según parece, la fiscalía ha decidido intervenir porque estima que la exposición de dicha niña en los medios de comunicación es desmesurada, dado, precisamente, que es hija de quien es.
Hay, desde luego, otros casos tan evidentes, en los que, como sirven a otros propósitos, se hace la vista gorda.
Pese a que no sé de qué va la cosa, más allá de lo que acabo de contar, sí que creo que se levanta un debate interesante cuya solución no podrá ser nunca una sentencia judicial.
Entiendo, también, que todo este asunto tiene un interés humano para mucha gente que ve en este personaje televisivo a alguien que, dicho en neutro, estima.
Basta ya de tratar a las audiencias como a imbéciles. Quien ve un programa de televisión determinado tiene una responsabilidad, como sucede en otros ámbitos de la vida. No vale escaquearse.
Por ejemplo, si uno va a un bar y pide alcohol, puede encontrarse con que le pregunten su edad o no, y que, en función de los años que se tengan, se lo den o no. En ese caso, el hecho de que beba no depende de él, pero el caso es que, a priori, él ha decidido ir al bar y pedir una bebida alcohólica.
No voy a decirle a nadie lo que tiene que ver, ni tampoco pretendo que todo el mundo se enganche a los documentales o a las retransmisiones de ópera. Pero, tampoco voy a aceptar que vengan después tocando las pelotas. No aguanto la excusa de que no hay otra cosa en la tele. Pues se apaga, coño. ¿No hay otras cosas que hacer?
Por supuesto que la presión de los profesionales de la información rosa es muchas veces agobiante, y las necesidades de los personajes que aparecen en las crónicas de sociedad, muchas, sean perentorias o creadas por determinados modos de vida (no seré yo quien vaya a juzgar cómo decide vivir cada cual). Por otra parte, las cadenas de televisión están para ganar dinero, y cada cual lo hace como lo place, con el único límite del delito, algo difuso, cuando no contradictorio, en el caso de la libertad de expresión y de difusión de información.
Hay, desde luego, otros casos tan evidentes, en los que, como sirven a otros propósitos, se hace la vista gorda.
Pese a que no sé de qué va la cosa, más allá de lo que acabo de contar, sí que creo que se levanta un debate interesante cuya solución no podrá ser nunca una sentencia judicial.
Entiendo, también, que todo este asunto tiene un interés humano para mucha gente que ve en este personaje televisivo a alguien que, dicho en neutro, estima.
Basta ya de tratar a las audiencias como a imbéciles. Quien ve un programa de televisión determinado tiene una responsabilidad, como sucede en otros ámbitos de la vida. No vale escaquearse.
Por ejemplo, si uno va a un bar y pide alcohol, puede encontrarse con que le pregunten su edad o no, y que, en función de los años que se tengan, se lo den o no. En ese caso, el hecho de que beba no depende de él, pero el caso es que, a priori, él ha decidido ir al bar y pedir una bebida alcohólica.
No voy a decirle a nadie lo que tiene que ver, ni tampoco pretendo que todo el mundo se enganche a los documentales o a las retransmisiones de ópera. Pero, tampoco voy a aceptar que vengan después tocando las pelotas. No aguanto la excusa de que no hay otra cosa en la tele. Pues se apaga, coño. ¿No hay otras cosas que hacer?
Por supuesto que la presión de los profesionales de la información rosa es muchas veces agobiante, y las necesidades de los personajes que aparecen en las crónicas de sociedad, muchas, sean perentorias o creadas por determinados modos de vida (no seré yo quien vaya a juzgar cómo decide vivir cada cual). Por otra parte, las cadenas de televisión están para ganar dinero, y cada cual lo hace como lo place, con el único límite del delito, algo difuso, cuando no contradictorio, en el caso de la libertad de expresión y de difusión de información.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Valdemingómez
Ya no nos caben los escombros en los vertederos, así es que sacamos la mierda a la calle. Rescoldos de la voracidad inmobiliaria.
Es el caso reciente de Pozuelo, es la crisis, la avaricia siempre acechando, son los parques de mi pueblo llenos de cristales, las calles repletas de papeles, es la corrupción política, son los hijos contra los profesores, la mansedumbre burocrática que nos envuelve. Esta placidez que de vez en cuando se rompe, como hace la noche con el día.
No importa demasiado: Hemos aprendido que todo pasa: Que todo se olvida. Que lo que de verdad importa es el día a día: las legumbres y la carne, la hipoteca, unas prendas de vestir, entretenerse. Y todo lo demás, la política, la religión, la justicia, las noticias de uno u otro canal, la moral o la macroeconomía son elementos prescindibles cuando sales al terreno de juego.
Hay quien dice que falta autoridad: Pero no es eso. Hay quien dice que se resquebrajan los valores: Pero no es eso.
Porque nos hemos ganado el derecho a dudar de cualquier autoridad, porque los valores no han hecho otra cosa que caer vez tras vez, al paso del tiempo.
Somos humanos. No podemos evitarlo. Mírate, llevas (como yo) unas dulces cadenas que no se tensan, que son la envidia de otros menos afortunados. Eso parece, ¿verdad? Que tire la primera piedra el que esté dispuesto a renunciar a su humanidad para tirarse al monte, afrontar el consejo de la serpiente y el águila, y convertirse en el superhombre.
Desde hace un tiempo, los cambios nos han sobrepasado: Estamos confundidos. Pero no importa, suele suceder (la historia lo dice), porque saldremos. Tal vez, por el lado equivocado. Quién sabe. Mientras tanto echamos los escombros donde pocos (y si puede ser, que no se quejen) puedan verlos. Y si acaso, los tapamos. Nos escandalizamos cuando nos los enseñan, pero se nos pasa pronto: La vida nos saca a bailar.
Y no es que no queramos soluciones (aunque algunos, desde luego, no las quieren: son los que encuentran tesoros entre los escombros). Es, simplemente, que no sabemos encontrarlas. Somos así: Humanos
Es el caso reciente de Pozuelo, es la crisis, la avaricia siempre acechando, son los parques de mi pueblo llenos de cristales, las calles repletas de papeles, es la corrupción política, son los hijos contra los profesores, la mansedumbre burocrática que nos envuelve. Esta placidez que de vez en cuando se rompe, como hace la noche con el día.
No importa demasiado: Hemos aprendido que todo pasa: Que todo se olvida. Que lo que de verdad importa es el día a día: las legumbres y la carne, la hipoteca, unas prendas de vestir, entretenerse. Y todo lo demás, la política, la religión, la justicia, las noticias de uno u otro canal, la moral o la macroeconomía son elementos prescindibles cuando sales al terreno de juego.
Hay quien dice que falta autoridad: Pero no es eso. Hay quien dice que se resquebrajan los valores: Pero no es eso.
Porque nos hemos ganado el derecho a dudar de cualquier autoridad, porque los valores no han hecho otra cosa que caer vez tras vez, al paso del tiempo.
Somos humanos. No podemos evitarlo. Mírate, llevas (como yo) unas dulces cadenas que no se tensan, que son la envidia de otros menos afortunados. Eso parece, ¿verdad? Que tire la primera piedra el que esté dispuesto a renunciar a su humanidad para tirarse al monte, afrontar el consejo de la serpiente y el águila, y convertirse en el superhombre.
Desde hace un tiempo, los cambios nos han sobrepasado: Estamos confundidos. Pero no importa, suele suceder (la historia lo dice), porque saldremos. Tal vez, por el lado equivocado. Quién sabe. Mientras tanto echamos los escombros donde pocos (y si puede ser, que no se quejen) puedan verlos. Y si acaso, los tapamos. Nos escandalizamos cuando nos los enseñan, pero se nos pasa pronto: La vida nos saca a bailar.
Y no es que no queramos soluciones (aunque algunos, desde luego, no las quieren: son los que encuentran tesoros entre los escombros). Es, simplemente, que no sabemos encontrarlas. Somos así: Humanos
lunes, 7 de septiembre de 2009
El senado y los galgos 22
Pero mi punto de vista no importa en esto, ninguno importa. Saber que en un momento dado habrá que renunciar a todo es lo insoportable, para todo el mundo, sea lo que sea lo que constituya ese todo, lo único que conocemos, lo único a lo que estamos acostumbrados. Yo comprendo bien a quien lamenta morirse solo porque no podrá leer el próximo libro de su autor favorito, o ver la próxima película de la actriz que admira, o volver a tomar una cerveza, o hacer el crucigrama del nuevo día, o seguir la serie de television que sigue, o porque no sabrá qué equipo ha ganado el campeonato de fútbol del año en curso. Lo comprendo perfectamente. No es solo que todo pueda aún darse, la noticia inimaginable, el giro de todos los acontecimientos, los sucesos más extraordinarios, los descubrimientos, el vuelco del mundo. El revés del tiempo, su negra espalda … Es también que son tantas las cosas que nos retienen. Tantas como a tí. O como a mí.
Javier Marías. Todas las Almas.
Heart Shaped Box. Nirvana.
Javier Marías. Todas las Almas.
Heart Shaped Box. Nirvana.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Tarde
Todas las palabras cedieron y sólo entonces pude ver una oscuridad pulcra y vacía.
Y sólo entonces pude ver todas aquellas señales centelleantes, inadvertidas. Anunciaban mi pasado.
Y sólo entonces pude ver todas aquellas señales centelleantes, inadvertidas. Anunciaban mi pasado.
viernes, 14 de agosto de 2009
Gracias, Les Paul
Ha muerto Les Paul, gran guitarrista, personaje innovador, esencial, fundacional, para el diseño de las guitarras eléctricas que hoy conocemos, junto, quizás, con Leo Fender. Paul llevó al mercado las novedades que propició, fundamentalmente a través de la casa Gibson.
Sin él, sin otros tantos más, no tendríamos rock and roll, ni funky, ni punk, ni gran parte del jazz que se ha hecho en la última mitad del siglo XX. En definitiva, gran parte de la música popular.
Buen trabajo. Muchas gracias por tantos sonidos como caben en una guitarra eléctrica, tantas posibilidades, tanta buena música de tantos músicos que lograron aprovechar la técnica puesta a su servicio.
Sin él, sin otros tantos más, no tendríamos rock and roll, ni funky, ni punk, ni gran parte del jazz que se ha hecho en la última mitad del siglo XX. En definitiva, gran parte de la música popular.
Buen trabajo. Muchas gracias por tantos sonidos como caben en una guitarra eléctrica, tantas posibilidades, tanta buena música de tantos músicos que lograron aprovechar la técnica puesta a su servicio.
jueves, 13 de agosto de 2009
El senado y los galgos 21
Mira hacia abajo, pues para que sea menos pesado el camino te convendrá ver el suelo en que se asientan tus plantas.
Dante Alighieri. La Divina Comedia
Nadadora. Family
Dante Alighieri. La Divina Comedia
Nadadora. Family
miércoles, 12 de agosto de 2009
Análisis jerárquico de la información en medios nacionales 5-8-09/7-8-09 Tablas
Análisis jerárquico de la información aparecida el 5-8-09 en siete medios nacionales:
La siguiente tabla muestra el orden de importancia de las noticias aparecidas en siete medios nacionales, cinco periódicos (El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia y Público) y dos canales de televisión de información (TVE 24h y CNN+), reflejadas en el tanto por ciento que ocupa cada una de ellas en el discurso global de los medios.
Lucha entre partidos por la corrupción
34,28571429
Paro y situación económica
20
Clinton en Corea del Norte
18,0952381
Toma de posesión de Ahmadineyad
6,666666667
Fertilización experimental en Valencia
5,714285714
Canarias aguarda las ayudas por los fuegos de 2007
3,80952381
Entrevista a un hermano de un guardia civil asesinado en Palma Nova
2,857142857
Rebelión de las mujeres sudanesas contra la flagelación
2,857142857
Guardias civiles piden más seguridad
1,904761905
El ayuntamiento de Cádiz prohíbe el nudismo
1,904761905
El Real Madrid ficha a Xabi Alonso
1,904761905
Análisis jerárquico de la información aparecida el 6-8-09 en siete medios nacionales:
La siguiente tabla muestra el orden de importancia de las noticias aparecidas en siete medios nacionales, cinco periódicos (El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia y Público) y dos canales de televisión de información (TVE 24h y CNN+), reflejadas en el tanto por ciento que ocupa cada una de ellas en el discurso global de los medios.
Lucha entre partidos por la corrupción
43,80952381
Crisis: Más impagos, menos niños
14,28571429
Las periodistas estadounidenses regresan a su país
9,523809524
El etarra Inciarte encarcelado
7,619047619
Los príncipes en Palma de Mallorca
7,619047619
Movilización contra la gripe A
6,666666667
Casas cuartel en mal estado
2,857142857
Mallorca recuerda a los guardias civiles asesinados
2,857142857
Valencia pierde la Copa del América
2,857142857
Twitter fuera de juego por un ataque informático
1,904761905
Análisis jerárquico de la información aparecida el 6-8-09 en siete medios nacionales:
La siguiente tabla muestra el orden de importancia de las noticias aparecidas en siete medios nacionales, cinco periódicos (El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia y Público) y dos canales de televisión de información (TVE 24h y CNN+), reflejadas en el tanto por ciento que ocupa cada una de ellas en el discurso global de los medios.
El PP acusa al Gobierno de escuchas ilegales
37,14285714
Crisis: Baja el paro en los EE.UU., podríamos haber tocado fondo, bajan los salarios
15,23809524
Alerta sobre la fiabilidad de la próxima vacuna para la gripe A
12,38095238
Nombramiento de Sotomayor para el Supremo de los Estados Unidos
6,666666667
Suramérica no ve con buenos ojos bases estadounidenses en Colombia
3,80952381
Detención del etarra Inciarte
3,80952381
Muere Jordi Sabater, el naturalista catalán que descubrió a Copito
3,80952381
Una auditoría alertó del desfase presupuestario en el Palma Arena
2,857142857
Cataluña ofrecerá la castración química a los violadores
2,857142857
Cambios en las subvenciones educativas de Galicia
2,857142857
Una mujer asesina presuntamente a su madre y a su hijo
2,857142857
Un tifón arrasa Filipinas
1,904761905
Muere Willy Deville
1,904761905
Twitter fuera de juego
1,904761905
La siguiente tabla muestra el orden de importancia de las noticias aparecidas en siete medios nacionales, cinco periódicos (El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia y Público) y dos canales de televisión de información (TVE 24h y CNN+), reflejadas en el tanto por ciento que ocupa cada una de ellas en el discurso global de los medios.
Lucha entre partidos por la corrupción
34,28571429
Paro y situación económica
20
Clinton en Corea del Norte
18,0952381
Toma de posesión de Ahmadineyad
6,666666667
Fertilización experimental en Valencia
5,714285714
Canarias aguarda las ayudas por los fuegos de 2007
3,80952381
Entrevista a un hermano de un guardia civil asesinado en Palma Nova
2,857142857
Rebelión de las mujeres sudanesas contra la flagelación
2,857142857
Guardias civiles piden más seguridad
1,904761905
El ayuntamiento de Cádiz prohíbe el nudismo
1,904761905
El Real Madrid ficha a Xabi Alonso
1,904761905
Análisis jerárquico de la información aparecida el 6-8-09 en siete medios nacionales:
La siguiente tabla muestra el orden de importancia de las noticias aparecidas en siete medios nacionales, cinco periódicos (El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia y Público) y dos canales de televisión de información (TVE 24h y CNN+), reflejadas en el tanto por ciento que ocupa cada una de ellas en el discurso global de los medios.
Lucha entre partidos por la corrupción
43,80952381
Crisis: Más impagos, menos niños
14,28571429
Las periodistas estadounidenses regresan a su país
9,523809524
El etarra Inciarte encarcelado
7,619047619
Los príncipes en Palma de Mallorca
7,619047619
Movilización contra la gripe A
6,666666667
Casas cuartel en mal estado
2,857142857
Mallorca recuerda a los guardias civiles asesinados
2,857142857
Valencia pierde la Copa del América
2,857142857
Twitter fuera de juego por un ataque informático
1,904761905
Análisis jerárquico de la información aparecida el 6-8-09 en siete medios nacionales:
La siguiente tabla muestra el orden de importancia de las noticias aparecidas en siete medios nacionales, cinco periódicos (El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia y Público) y dos canales de televisión de información (TVE 24h y CNN+), reflejadas en el tanto por ciento que ocupa cada una de ellas en el discurso global de los medios.
El PP acusa al Gobierno de escuchas ilegales
37,14285714
Crisis: Baja el paro en los EE.UU., podríamos haber tocado fondo, bajan los salarios
15,23809524
Alerta sobre la fiabilidad de la próxima vacuna para la gripe A
12,38095238
Nombramiento de Sotomayor para el Supremo de los Estados Unidos
6,666666667
Suramérica no ve con buenos ojos bases estadounidenses en Colombia
3,80952381
Detención del etarra Inciarte
3,80952381
Muere Jordi Sabater, el naturalista catalán que descubrió a Copito
3,80952381
Una auditoría alertó del desfase presupuestario en el Palma Arena
2,857142857
Cataluña ofrecerá la castración química a los violadores
2,857142857
Cambios en las subvenciones educativas de Galicia
2,857142857
Una mujer asesina presuntamente a su madre y a su hijo
2,857142857
Un tifón arrasa Filipinas
1,904761905
Muere Willy Deville
1,904761905
Twitter fuera de juego
1,904761905
martes, 11 de agosto de 2009
El senado y los galgos 20
Pero, cuando eres débil, lo que da fuerza es despojar a los hombres que más temes del menor prestigio que aún estés dispuesto a atribuirles. Hay que aprender a considerarlos tales como son, peores de lo que son, es decir, desde cualquier punto de vista. Eso te despeja, te libera y te defiende más allá de lo imaginable. Eso te da otro yo. Vales por dos.
Louis-Ferdinand Céline. Viaje al Fin de la Noche
Firestarter. The Prodigy
Louis-Ferdinand Céline. Viaje al Fin de la Noche
Firestarter. The Prodigy
lunes, 10 de agosto de 2009
Atrapados en el deber, salvados por el deber
Se han multiplicado las quejas en los últimos días. Han llegado desde la Unión de Periodistas Valencianos, del Colegio Profesional de Periodistas de Galicia, de la Asociación de la Prensa de Madrid, del Colegio de Periodistas de Cataluña, de la Federación de Sindicatos de Periodistas y de la misma Federación de Asociaciones de Periodistas de España, entre otras y con reflejo en diversos medios, tanto impresos como en internet, televisión y radio.
Todos ellos vienen a protestar porque a los políticos últimamente les ha dado por emitir comunicados grabados y escenificados como si fuesen convocatorias de prensa, incluso con miradas a cámaras que no están y que han sido debidamente sustituidas por los amplios equipos que pagamos todos. No son nuevas estas quejas, ni las prácticas que las provocan. Ya se han dado casos en mítines de campañas políticas y en otras circunstancias en las que se podría pensar que estas declaraciones sin preguntas están justificadas.
Pero las aguas siempre acaban colmando vasos, por mucho líquido que puedas tirarte ganzate abajo.
Los periodistas afirman que estas prácticas son pura propaganda, que ellos están para garantizar la libertad de información consagrada constitucionalmente. Sin una información libre, añaden, la democracia pierde calidad, e incluso deja de serlo.
Por su parte, los políticos explican que no se fían de lo que los periodistas (mayormente los que no son de sus respectivas cuerdas) puedan hacer con sus declaraciones hechas a cuerpo descubierto, frente a preguntas directas. Refuerzan esta idea con otras dos. Una, quieren llegar a la gente directamente (algo así como emitir sus mensajes en alta fidelidad), y, dos, grabando sus mensajes y enviándoselos a los medios por satélite, dicen, les ahorran muchos gastos a los medios, algo que deberían agradecer en momentos como estos.
Ambas posturas son lógicas y humanamente entendibles. Cada cual tira hacia donde le interesa. Y estaría muy bien que los políticos se fiasen menos todavía de los periodistas, que tuviesen motivos y, por lo tanto, el debido respeto.
Y en esta coyuntura, los medios se encuentran atrapados. No pueden dejar de emitir lo que reciben de los partidos políticos. Son conscientes de que les están colando pura propaganda. Saben que otros medios emitirán las imágenes recibidas, así es que tienen que hacerles hueco, aunque sea a regañadientes. Algo similar sucede con los comunicados de las empresas o los lanzamientos de productos culturales, desde hace más tiempo y con más tolerancia, de modo que ya se ha mostrado un provechoso camino a seguir. Más, una jodida autopista.
Sin embargo, con los recientes casos de limitación en el acceso a la información en el terreno de la política han saltado todas las alarmas. Comúnmente se cree que en las sociedades democráticas, los políticos están sujetos al escrutinio público en todo momento. Se estima que de estas prácticas a lo que está haciendo Chávez en Venezuela sólo hay un paso fácilmente salvable.
Yolanda Gómez, profesora de Derecho de la UNED, en respuesta a preguntas del diario Público publicadas ayer, domingo, 9 de agosto, da en el clavo: “Los políticos están en una posición de preeminencia, es decir, tienen la información. Los medios están en debilidad, quieren acceder a ella. Cuando los políticos la restringen prevaliéndose de la situación que tienen, no cumplen con la naturaleza del derecho de información”.
La actualidad manda y los políticos tienen la agenda por la mano. Sin embargo, conocer las reglas del juego no supone una rendición incondicional.
Es el deber de los periodistas informar. Y es este deber el que salvará a los periodistas, el que ha de guiarles hacia la salida de este laberinto.
Y precisamente por este motivo, lo que hay que hacer es informar a la audiencia. La infografía permite poner rótulos de modo simple en las imágenes que indiquen la procedencia de éstas y lo que supone su emisión, poniendo alerta a los que escuchan, miran o leen. Escribiendo y hablando, urge mencionar el origen de las declaraciones, el modo en que se han recibido, y, si se sabe, cómo se han grabado.
Si el deber del periodista es informar, hay que dar toda la información. Para que, al menos, se sepa. Y esto debería aplicarse también a otros campos de la actualidad. Por cierto, también es deber del periodista darle a su audiencia la información que le interesa, y ni sólo de pan, ni de política, por supuesto, vive el hombre.
Todos ellos vienen a protestar porque a los políticos últimamente les ha dado por emitir comunicados grabados y escenificados como si fuesen convocatorias de prensa, incluso con miradas a cámaras que no están y que han sido debidamente sustituidas por los amplios equipos que pagamos todos. No son nuevas estas quejas, ni las prácticas que las provocan. Ya se han dado casos en mítines de campañas políticas y en otras circunstancias en las que se podría pensar que estas declaraciones sin preguntas están justificadas.
Pero las aguas siempre acaban colmando vasos, por mucho líquido que puedas tirarte ganzate abajo.
Los periodistas afirman que estas prácticas son pura propaganda, que ellos están para garantizar la libertad de información consagrada constitucionalmente. Sin una información libre, añaden, la democracia pierde calidad, e incluso deja de serlo.
Por su parte, los políticos explican que no se fían de lo que los periodistas (mayormente los que no son de sus respectivas cuerdas) puedan hacer con sus declaraciones hechas a cuerpo descubierto, frente a preguntas directas. Refuerzan esta idea con otras dos. Una, quieren llegar a la gente directamente (algo así como emitir sus mensajes en alta fidelidad), y, dos, grabando sus mensajes y enviándoselos a los medios por satélite, dicen, les ahorran muchos gastos a los medios, algo que deberían agradecer en momentos como estos.
Ambas posturas son lógicas y humanamente entendibles. Cada cual tira hacia donde le interesa. Y estaría muy bien que los políticos se fiasen menos todavía de los periodistas, que tuviesen motivos y, por lo tanto, el debido respeto.
Y en esta coyuntura, los medios se encuentran atrapados. No pueden dejar de emitir lo que reciben de los partidos políticos. Son conscientes de que les están colando pura propaganda. Saben que otros medios emitirán las imágenes recibidas, así es que tienen que hacerles hueco, aunque sea a regañadientes. Algo similar sucede con los comunicados de las empresas o los lanzamientos de productos culturales, desde hace más tiempo y con más tolerancia, de modo que ya se ha mostrado un provechoso camino a seguir. Más, una jodida autopista.
Sin embargo, con los recientes casos de limitación en el acceso a la información en el terreno de la política han saltado todas las alarmas. Comúnmente se cree que en las sociedades democráticas, los políticos están sujetos al escrutinio público en todo momento. Se estima que de estas prácticas a lo que está haciendo Chávez en Venezuela sólo hay un paso fácilmente salvable.
Yolanda Gómez, profesora de Derecho de la UNED, en respuesta a preguntas del diario Público publicadas ayer, domingo, 9 de agosto, da en el clavo: “Los políticos están en una posición de preeminencia, es decir, tienen la información. Los medios están en debilidad, quieren acceder a ella. Cuando los políticos la restringen prevaliéndose de la situación que tienen, no cumplen con la naturaleza del derecho de información”.
La actualidad manda y los políticos tienen la agenda por la mano. Sin embargo, conocer las reglas del juego no supone una rendición incondicional.
Es el deber de los periodistas informar. Y es este deber el que salvará a los periodistas, el que ha de guiarles hacia la salida de este laberinto.
Y precisamente por este motivo, lo que hay que hacer es informar a la audiencia. La infografía permite poner rótulos de modo simple en las imágenes que indiquen la procedencia de éstas y lo que supone su emisión, poniendo alerta a los que escuchan, miran o leen. Escribiendo y hablando, urge mencionar el origen de las declaraciones, el modo en que se han recibido, y, si se sabe, cómo se han grabado.
Si el deber del periodista es informar, hay que dar toda la información. Para que, al menos, se sepa. Y esto debería aplicarse también a otros campos de la actualidad. Por cierto, también es deber del periodista darle a su audiencia la información que le interesa, y ni sólo de pan, ni de política, por supuesto, vive el hombre.
Etiquetas:
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límites,
periodismo,
política
viernes, 7 de agosto de 2009
El senado y los galgos 19
El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el que busca placer, en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia. Alcanzó su objeto, fue cada vez más independiente, nadie tenía que ordenarle, a nadie tenía que ajustar sus actos, sólo y libremente determinaba él a su antojo lo que había de hacer y lo que había de dejar. Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco.
Hermann Hesse. El Lobo Estepario
She Watch Channel Zero. Public Enemy
Hermann Hesse. El Lobo Estepario
She Watch Channel Zero. Public Enemy
jueves, 6 de agosto de 2009
Las entrevistas comerciales
Puede leerse hoy, en El Confidencial Digital, una pieza Muy Confidencial, en la que se informa de que un gratuito utiliza las entrevistas a los ejecutivos de ciertas empresas para presionar y sacar tajada publicitaria.
Y, ¿qué hay de nuevo, viejo?
Nada. Tal vez, quizás, el hecho de que lo haga un periódico gratuito y que (oh, gran lujo), no pida publicidad el propio redactor (en el caso objeto de la "confidencialidad" alguien de marketing acompaña al plumilla), tal y como ya se hace desde hace tiempo en los medios más pequeñitos, esos en los que el periodista es un multiinstrumentista mal pagado que redacta, fotografía, maqueta, negocia campañas, coloca revistas en ferias, difunde, completa bases de datos, ...
En fin.
Y, ¿qué hay de nuevo, viejo?
Nada. Tal vez, quizás, el hecho de que lo haga un periódico gratuito y que (oh, gran lujo), no pida publicidad el propio redactor (en el caso objeto de la "confidencialidad" alguien de marketing acompaña al plumilla), tal y como ya se hace desde hace tiempo en los medios más pequeñitos, esos en los que el periodista es un multiinstrumentista mal pagado que redacta, fotografía, maqueta, negocia campañas, coloca revistas en ferias, difunde, completa bases de datos, ...
En fin.
miércoles, 5 de agosto de 2009
Trincheras de agosto
"Luna de agosto, madre y señora del vino, hazme encontrar el camino, luna de agosto", cantaba Santiago Auserón en la canción titulada Luna de Agosto del disco La Canción de Juan Perro de Radio Futura.
Ah. El camino.
Y las ciénagas: Los jinetes no suelen mancharse de barro: Se ensucian las monturas.
Después, tras la cabalgada, les espera agua fría, camas de paja y un cepillo con púas metálicas para la crin: La cuadra, el descanso. El pesebre.
Vete a saber quién de los dos bandos lleva razón. Eso es lo de menos. Porque la lucha no está en aclarar lo de los trajes, todo lo que se mueve como chocolate espeso, por detrás. Y no sólo en un bando.
La batalla es por el poder, por ganar o mantener reinos de taifas, cuotas. Por mantener el ejército y que, como la fiesta, siga la guerra.
Qué más da la razón cuando lo que importa es servir a un lado o al otro y repartir. Para algo te dan el fusil.
Pero la guerra era otra o se libraba en otros campos. Nos hemos distraido.
"Vela conmigo, soy el insomne, tu amigo, dame tu antigua caricia y conversación", dice casi al final la misma canción. Pero los insomnes son pocos, no son rentables. Y las conversaciones han sido sustituidas por los aplausos que obedecen al regidor, como las ovejas a los pastores.
Por lo que respecta a las caricias, ahora son hostias como panes.
Ah. El camino.
Y las ciénagas: Los jinetes no suelen mancharse de barro: Se ensucian las monturas.
Después, tras la cabalgada, les espera agua fría, camas de paja y un cepillo con púas metálicas para la crin: La cuadra, el descanso. El pesebre.
Vete a saber quién de los dos bandos lleva razón. Eso es lo de menos. Porque la lucha no está en aclarar lo de los trajes, todo lo que se mueve como chocolate espeso, por detrás. Y no sólo en un bando.
La batalla es por el poder, por ganar o mantener reinos de taifas, cuotas. Por mantener el ejército y que, como la fiesta, siga la guerra.
Qué más da la razón cuando lo que importa es servir a un lado o al otro y repartir. Para algo te dan el fusil.
Pero la guerra era otra o se libraba en otros campos. Nos hemos distraido.
"Vela conmigo, soy el insomne, tu amigo, dame tu antigua caricia y conversación", dice casi al final la misma canción. Pero los insomnes son pocos, no son rentables. Y las conversaciones han sido sustituidas por los aplausos que obedecen al regidor, como las ovejas a los pastores.
Por lo que respecta a las caricias, ahora son hostias como panes.
martes, 4 de agosto de 2009
El senado y los galgos 18
NADIE. No estoy. No estás. ¿Volver? No vine nunca.
José Ángel Valente. Fragmentos de un Libro Futuro
The Perfect Drug. Nine Inch Nails
José Ángel Valente. Fragmentos de un Libro Futuro
The Perfect Drug. Nine Inch Nails
jueves, 30 de julio de 2009
Lo has hecho mal, muy mal
Sobran comentarios.
http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090729/voy-pedir-quien-eres-para-evitar-que-vengas-este-ministerio/553324.shtml
Es y ha sido práctica muy habitual la de convocar a los medios para la toma de fotografías. Se ha pretendido siempre que a estas photo calls acudieran solo y exclusivamente fotógrafos. Sin más.
Sin embargo, la tentación de acercarse a pedir declaraciones es grande, cuando la actualidad aprieta. Lógico
Y de ahí a una amenaza apestosa.
http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090729/voy-pedir-quien-eres-para-evitar-que-vengas-este-ministerio/553324.shtml
Es y ha sido práctica muy habitual la de convocar a los medios para la toma de fotografías. Se ha pretendido siempre que a estas photo calls acudieran solo y exclusivamente fotógrafos. Sin más.
Sin embargo, la tentación de acercarse a pedir declaraciones es grande, cuando la actualidad aprieta. Lógico
Y de ahí a una amenaza apestosa.
martes, 28 de julio de 2009
Puntos de vista sobre el futuro del periodismo
Extraordinario, el artículo escrito por Felipe Sahagún para el número de julio de la revista de la Asociación de la Prensa de Madrid, Cuadernos de Periodistas, titulado El Futuro del Periodismo.
En él, además de desaparecer tras el hilo que tejen las palabras de otros para construir su propio punto de vista, como si el narrador se hubiera transformado en una capa de opacidad reducida de Photoshop que, igual que altera, también deja ver con nitidez, pero con cierta inquietud, la foto principal, Sahagún refleja el debate que se produjo en el Senado de los Estados Unidos sobre la conveniencia de que los periódicos reciban ayudas estatales para sobrevivir, y de que incluso renuncien a ganar dinero, uno no sabe si, por tanto, dejando de ser empresas.
- Enlaces a varias páginas del Senado y de los senadores Kerry y Cardin con información sobre este debate: Enlace 1. Enlace 2. Enlace 3. Enlace 4. Enlace 5. -
No existe conclusión, como no podía ser de otra manera.
Destacan, sin embargo, algunas perlas centradas en el debate sobre la supervivencia del periodismo profesional. Todas ellas indican bien a las claras dónde nos encontramos y por qué nos hallamos en esta coyuntura. Por ejemplo:
Arianna Huffington: “Lo que no funcionará –no puede funcionar- es actuar como si los últimos quince años no hubieran ocurrido, como si estuviéramos todavía funcionando con la economía de los viejos contenidos y no con la economía de los nuevos enlaces, y como si la salvación de la industria estuviera en la protección de los contenidos tras jardines amurallados”.
Marissa Mayer: “A estas alturas, es obvio que la presentación de las noticias en internet es, debe ser, fundamentalmente diferente de la presentación en los medios impresos o audiovisuales”.
David Simon: “El periodismo de calidad está muriendo en los Estados Unidos y, a menos, que se consiga un nuevo modelo económico de negocio, no renacerá en la red ni en ninguna otra parte. Internet es un instrumento maravilloso. Es, claramente, el sistema de distribución de información del futuro, pero hasta ahora no distribuye mucha información de primera generación. Más bien, absorbe el reporterismo de las grandes publicaciones, contribuyendo poco, repitiendo mucho e inundándonos de comentarios”.
Steve Coll: “Seamos sinceros: el cambio tecnológico y su impacto en los mercados publicitarios, junto con la profunda recesión, han sido mucho más decisivos que las preferencias de los lectores en la crisis causante de las pérdidas de reporterismo independiente. La actual crisis en el periodismo no es tanto una crisis de lectores como una crisis de lectores rentables para los medios”.
En mi opinión, si el periodismo tiene que buscarse la vida como un negocio, tampoco puede renunciar a dejar de ganar dinero. Por principios, las subvenciones deberían quedar olvidadas. Cobrar por la información no implica necesariamente que los lectores tengan que pagar por ella (¿pagan acaso por la información que reciben por televisión?).
En él, además de desaparecer tras el hilo que tejen las palabras de otros para construir su propio punto de vista, como si el narrador se hubiera transformado en una capa de opacidad reducida de Photoshop que, igual que altera, también deja ver con nitidez, pero con cierta inquietud, la foto principal, Sahagún refleja el debate que se produjo en el Senado de los Estados Unidos sobre la conveniencia de que los periódicos reciban ayudas estatales para sobrevivir, y de que incluso renuncien a ganar dinero, uno no sabe si, por tanto, dejando de ser empresas.
- Enlaces a varias páginas del Senado y de los senadores Kerry y Cardin con información sobre este debate: Enlace 1. Enlace 2. Enlace 3. Enlace 4. Enlace 5. -
No existe conclusión, como no podía ser de otra manera.
Destacan, sin embargo, algunas perlas centradas en el debate sobre la supervivencia del periodismo profesional. Todas ellas indican bien a las claras dónde nos encontramos y por qué nos hallamos en esta coyuntura. Por ejemplo:
Arianna Huffington: “Lo que no funcionará –no puede funcionar- es actuar como si los últimos quince años no hubieran ocurrido, como si estuviéramos todavía funcionando con la economía de los viejos contenidos y no con la economía de los nuevos enlaces, y como si la salvación de la industria estuviera en la protección de los contenidos tras jardines amurallados”.
Marissa Mayer: “A estas alturas, es obvio que la presentación de las noticias en internet es, debe ser, fundamentalmente diferente de la presentación en los medios impresos o audiovisuales”.
David Simon: “El periodismo de calidad está muriendo en los Estados Unidos y, a menos, que se consiga un nuevo modelo económico de negocio, no renacerá en la red ni en ninguna otra parte. Internet es un instrumento maravilloso. Es, claramente, el sistema de distribución de información del futuro, pero hasta ahora no distribuye mucha información de primera generación. Más bien, absorbe el reporterismo de las grandes publicaciones, contribuyendo poco, repitiendo mucho e inundándonos de comentarios”.
Steve Coll: “Seamos sinceros: el cambio tecnológico y su impacto en los mercados publicitarios, junto con la profunda recesión, han sido mucho más decisivos que las preferencias de los lectores en la crisis causante de las pérdidas de reporterismo independiente. La actual crisis en el periodismo no es tanto una crisis de lectores como una crisis de lectores rentables para los medios”.
En mi opinión, si el periodismo tiene que buscarse la vida como un negocio, tampoco puede renunciar a dejar de ganar dinero. Por principios, las subvenciones deberían quedar olvidadas. Cobrar por la información no implica necesariamente que los lectores tengan que pagar por ella (¿pagan acaso por la información que reciben por televisión?).
lunes, 20 de julio de 2009
El senado y los galgos 17
Ganarse el pan es algo realmente fatigoso y triste. El hombre se inventa piadosas mentiras a propósito del trabajo. He aquí otra y no menos abominable idolatría, el perro que lame el palo que lo castiga: el trabajo.
Luther Blissett. Q
Because the Night. Patti Smith, Bruce Springsteen
Luther Blissett. Q
Because the Night. Patti Smith, Bruce Springsteen
viernes, 17 de julio de 2009
El problema está en buscar financiación
Creo, desde un punto de vista muy humilde, que el principal problema que tiene el periodismo hoy consiste en encontrar anunciantes para volcarse en internet.
Para mi que la gente (a los usuarios me refiero) no está muy dispuesta a pagar por los contenidos en internet, ya que lo ven un medio más parecido a la tele o a la radio que a los propios periódicos. Por lo tanto, y como pasa con la tele o con la radio, la mayor parte de la gente opina que ya se paga bastante por la electricidad con que funcionan estos aparatos y, a cambio, están dispuestas a soportar patrocinios y anuncios, más aún desde que se zapea a placer.
Así pues, se trata de crear algo diferente a lo que puede hacer cualquiera para que sea atractivo, y de buscar anunciantes.
Por supuesto que luego irán todos detrás, pero que le quiten a uno lo bailado.
Y todo este proceso va a llevar tiempo. Primero hay que probar, después encontrar un lenguaje periodístico apropiado para este canal y posteriormente explotarlo.
Mientras tanto, arriba esos ánimos. Ahí va un enlace que empuja a cierto entusiasmo:
Why Journalism Matters
Para mi que la gente (a los usuarios me refiero) no está muy dispuesta a pagar por los contenidos en internet, ya que lo ven un medio más parecido a la tele o a la radio que a los propios periódicos. Por lo tanto, y como pasa con la tele o con la radio, la mayor parte de la gente opina que ya se paga bastante por la electricidad con que funcionan estos aparatos y, a cambio, están dispuestas a soportar patrocinios y anuncios, más aún desde que se zapea a placer.
Así pues, se trata de crear algo diferente a lo que puede hacer cualquiera para que sea atractivo, y de buscar anunciantes.
Por supuesto que luego irán todos detrás, pero que le quiten a uno lo bailado.
Y todo este proceso va a llevar tiempo. Primero hay que probar, después encontrar un lenguaje periodístico apropiado para este canal y posteriormente explotarlo.
Mientras tanto, arriba esos ánimos. Ahí va un enlace que empuja a cierto entusiasmo:
Why Journalism Matters
jueves, 16 de julio de 2009
Nuevo apunte sobre los cambios en los medios de comunicación
En este enlace publicado en el blog de Enrique Dans puede comprobarse el papel que están jugando algunas editoriales en esta etapa de transición hacia un nuevo canal de información y la presión que están ejerciendo por medio de un acuerdo firmado, al parecer, en Hamburgo (Alemania).
Es muy interesante (no voy a entrar en si acertada o no) la comparación que se hace con las discográficas, pero si las editoriales son las discográficas, y consecuencia de esta misma ecuación, ¿somos los periodistas los músicos?
¿Debemos volver nosotros también al directo, o nos sirve con quedarnos como estamos?
El ajuste está siendo doloroso. Se superpone, además, a una crisis mediática que está arrasando con muchos puestos de trabajo. Lo que sí que es seguro es que el periodismo no va a morir. Sería muy difícil que, en una sociedad que necesita tantísimo la información, desde cualquier punto de vista, desde el profesional hata el meramente lúdico, desapareciera el periodismo.
Sólo tendrá que encontrar una fuente de financiación que permita a los periodistas ejercer su actividad de manera profesional, y no como aficionados o como periodistas y ciudadanos.
Es muy interesante (no voy a entrar en si acertada o no) la comparación que se hace con las discográficas, pero si las editoriales son las discográficas, y consecuencia de esta misma ecuación, ¿somos los periodistas los músicos?
¿Debemos volver nosotros también al directo, o nos sirve con quedarnos como estamos?
El ajuste está siendo doloroso. Se superpone, además, a una crisis mediática que está arrasando con muchos puestos de trabajo. Lo que sí que es seguro es que el periodismo no va a morir. Sería muy difícil que, en una sociedad que necesita tantísimo la información, desde cualquier punto de vista, desde el profesional hata el meramente lúdico, desapareciera el periodismo.
Sólo tendrá que encontrar una fuente de financiación que permita a los periodistas ejercer su actividad de manera profesional, y no como aficionados o como periodistas y ciudadanos.
viernes, 10 de julio de 2009
El senado y los galgos 16
En el sonido de la campana del monasterio de Gion resuena la caducidad de todas las cosas. En el color siempre cambiante del arbusto de shara se recuerda la ley terrenal de que toda gloria encuentra su fin. Como el sueño de una noche de primavera, así de fugaz es el poder del orgulloso. Como el polvo que dispersa el viento, así los fuertes desaparecen de la faz de la tierra.
Heike Monogatari
Pure. Lightning Seeds
Heike Monogatari
Pure. Lightning Seeds
martes, 7 de julio de 2009
Toro
La llamada fiesta nacional es hermosa y brutal. Un verdadero espectáculo. Las corridas, los recortes y los encierros son espectáculos salvajes, vistos desde un punto de vista de hoy mismo, tampoco hay que ir mucho más lejos.
Sin embargo, hay razones sentimentales que me llevan a estimar estas fiestas en sus formas más puras.
No entro (no me apetece: me enrrollaría) en si el toro constituye una manifestación cultural, porque indudablemente ha dado lugar a una serie de manifestaciones artísticas que se han convertido en constante a lo largo de la historia por estos lares.
Yendo más a lo profundo:
La lucha de poder a poder entre un toro y su torero entendida en su forma más primitiva y campestre no es más que una expresión más de la naturaleza, como podría ser el quedarse quieto ante una embestida. Pero el toro, después, tiene que morir.
Correr delante de un rebaño de reses, sin más violencia que el citar a los animales, simplemente, es otra manifestación más de la naturaleza. Pero el toro, después, tiene que morir.
Esquivar a una res que se te viene encima, sin desgastar más al morlaco, es otra manifestación más de la naturaleza. Pero el toro, después, tiene que morir.
A mi padre le encantan los toros, a mis abuelos les apasionaban. Con todos ellos he visto toros en la tele, y nos hemos sentado en silencio a sentir le electricidad.
Para ellos, todo lo relacionado con el toro es un rito pagano, el reconocimiento rendido de la temeridad. Yo tengo una posición que no se siente cómoda ni en un sitio ni el otro.
Me suele asquear todo lo que hay alrededor del toro, el espectáculo de las plazas, desde el dinero público hasta la venta de almohadillas. Pero, sin embargo, admiro a quien se pone delante de un astado porque es lo que más quiere del mundo. Esa postura me merece un respeto telúrico, ancestralmente animal. Su liturgia, en los mejores de los casos, se me antoja casi mística. Lo malo es que, después, un animal tan hermoso tenga que morir. Y en muchos casos, de manera repugnante y deshonrosa. Muchos creen que el bicho lo merece.
Siempre hay excepciones, claro. Los mejores obtienen su indulto y un puesto como semental.
En los últimos días, y a propósito de la celebración de San Fermín y dado que José Tomás se encerró el pasado domingo con seis toros de tres ganaderías distintas en la Monumental de Barcelona, se ha intensificado el debate que ya desde hace un tiempo se viene produciendo un sobre la tauromaquia.
La fiesta está condenada. Su éxito ha significado una palmaria frivolización. Su brutalidad se nos hace insoportable, fruto de los valores que acertadamente tienen que conducirnos a una sociedad mejor. Las nuevas generaciones cada vez la conocen menos y con menor profundidad. Es muy posible que languidezca, al calor de alguna fiesta tradicional, alentada por la costumbre contra todo.
Hemos cambiado. Seguimos cambiando.
Tal vez, sí que deberíamos hacer un esfuerzo por conservar la raza de toros bravos que se ha creado y su hábitat natural: la dehesa, uno de los grandes tesoros de nuestras tierras.
Sin embargo, hay razones sentimentales que me llevan a estimar estas fiestas en sus formas más puras.
No entro (no me apetece: me enrrollaría) en si el toro constituye una manifestación cultural, porque indudablemente ha dado lugar a una serie de manifestaciones artísticas que se han convertido en constante a lo largo de la historia por estos lares.
Yendo más a lo profundo:
La lucha de poder a poder entre un toro y su torero entendida en su forma más primitiva y campestre no es más que una expresión más de la naturaleza, como podría ser el quedarse quieto ante una embestida. Pero el toro, después, tiene que morir.
Correr delante de un rebaño de reses, sin más violencia que el citar a los animales, simplemente, es otra manifestación más de la naturaleza. Pero el toro, después, tiene que morir.
Esquivar a una res que se te viene encima, sin desgastar más al morlaco, es otra manifestación más de la naturaleza. Pero el toro, después, tiene que morir.
A mi padre le encantan los toros, a mis abuelos les apasionaban. Con todos ellos he visto toros en la tele, y nos hemos sentado en silencio a sentir le electricidad.
Para ellos, todo lo relacionado con el toro es un rito pagano, el reconocimiento rendido de la temeridad. Yo tengo una posición que no se siente cómoda ni en un sitio ni el otro.
Me suele asquear todo lo que hay alrededor del toro, el espectáculo de las plazas, desde el dinero público hasta la venta de almohadillas. Pero, sin embargo, admiro a quien se pone delante de un astado porque es lo que más quiere del mundo. Esa postura me merece un respeto telúrico, ancestralmente animal. Su liturgia, en los mejores de los casos, se me antoja casi mística. Lo malo es que, después, un animal tan hermoso tenga que morir. Y en muchos casos, de manera repugnante y deshonrosa. Muchos creen que el bicho lo merece.
Siempre hay excepciones, claro. Los mejores obtienen su indulto y un puesto como semental.
En los últimos días, y a propósito de la celebración de San Fermín y dado que José Tomás se encerró el pasado domingo con seis toros de tres ganaderías distintas en la Monumental de Barcelona, se ha intensificado el debate que ya desde hace un tiempo se viene produciendo un sobre la tauromaquia.
La fiesta está condenada. Su éxito ha significado una palmaria frivolización. Su brutalidad se nos hace insoportable, fruto de los valores que acertadamente tienen que conducirnos a una sociedad mejor. Las nuevas generaciones cada vez la conocen menos y con menor profundidad. Es muy posible que languidezca, al calor de alguna fiesta tradicional, alentada por la costumbre contra todo.
Hemos cambiado. Seguimos cambiando.
Tal vez, sí que deberíamos hacer un esfuerzo por conservar la raza de toros bravos que se ha creado y su hábitat natural: la dehesa, uno de los grandes tesoros de nuestras tierras.
lunes, 6 de julio de 2009
No es sólo eso (a propósito de una entrevista a A. en P.)
Tendrán que llegar sistemas políticos más perfectos y más participativos.
Uno, desde la indecencia ignorante, el cacareo barriobajero y el rebuzno rural, tiende a pensar que la democracia de partidos, sistema hegemónico en los países occidentales, está bien asentada en un aparato burocrático descomunal, la emisión de normas aplicables a toda la población, sea en general o a modo particular, el monopolio de la fuerza a título legal, y la administración de justicia (¿?).
Sin embargo, este sistema sólo satisface la participación pública de manera parcial, sustituyéndola casi de manera absoluta, e independientemente de la cantidad de instituciones electivas interpuestas, por la representación de representantes elegidos cada cierto tiempo.
La democracia como tal está lejos de ser perfecta. Los partidos políticos obligan a votar ciertas opciones, pero ¿qué pasa cuando un ciudadano vota un programa electoral porque es el que más se acerca a su propia ideología, pero no está de acuerdo con alguna parte? Pues que se ha vinculado totalmente a ese contrato por un tiempo definido.
Por supuesto. Si acabamos defraudados siempre podremos cambiar la orientación del voto en la siguiente votación.
Eso nos dicen y así nos acallan.
Pero de hecho, renunciamos a orientar la acción política durante los mandatos. En el ínterin, los políticos se enfrascan en buscar alianzas, coaliciones, apoyos. En el mejor de los casos interpretan la voluntad de sus electores como buenamente creen, o logran imponer en sus propias y opacas estructuras, muchas (todas las) veces parecidas a viejos aparatos soviéticos. En el peor (las más de las veces), clavan manos y posaderas en sus despachos, hacen y deshacen a su antojo, se contradicen y cabildean.
Una mejor democracia será una verdadera república. No consistirá únicamente en elegir desde el más alto cargo del estado hasta el último. No es sólo eso, como algunos creen.
Se tratará de orientar.
No tiene por qué ser justa. Simplemente será lo que todos elijan. Ese es el riesgo. Hay que dejar de ser niños pero ya. ¿Estamos dispuestos? ¿Se nos dejará?
Y necesitaremos otra gente. Más sabios, para que esto, como dice Pedro Ruíz, no se convierta en “una guerra civil de dinero”.
Uno ya sabe lo que supone ser niño, y no logra quitarse esa sensación de encima cuando se dirige a las administraciones públicas. Ya sea para ir al médico, solicitar documentación o votar: Uno siempre tiene que pedir permiso. Y obtenerlo, por supuesto.
Uno, desde la indecencia ignorante, el cacareo barriobajero y el rebuzno rural, tiende a pensar que la democracia de partidos, sistema hegemónico en los países occidentales, está bien asentada en un aparato burocrático descomunal, la emisión de normas aplicables a toda la población, sea en general o a modo particular, el monopolio de la fuerza a título legal, y la administración de justicia (¿?).
Sin embargo, este sistema sólo satisface la participación pública de manera parcial, sustituyéndola casi de manera absoluta, e independientemente de la cantidad de instituciones electivas interpuestas, por la representación de representantes elegidos cada cierto tiempo.
La democracia como tal está lejos de ser perfecta. Los partidos políticos obligan a votar ciertas opciones, pero ¿qué pasa cuando un ciudadano vota un programa electoral porque es el que más se acerca a su propia ideología, pero no está de acuerdo con alguna parte? Pues que se ha vinculado totalmente a ese contrato por un tiempo definido.
Por supuesto. Si acabamos defraudados siempre podremos cambiar la orientación del voto en la siguiente votación.
Eso nos dicen y así nos acallan.
Pero de hecho, renunciamos a orientar la acción política durante los mandatos. En el ínterin, los políticos se enfrascan en buscar alianzas, coaliciones, apoyos. En el mejor de los casos interpretan la voluntad de sus electores como buenamente creen, o logran imponer en sus propias y opacas estructuras, muchas (todas las) veces parecidas a viejos aparatos soviéticos. En el peor (las más de las veces), clavan manos y posaderas en sus despachos, hacen y deshacen a su antojo, se contradicen y cabildean.
Una mejor democracia será una verdadera república. No consistirá únicamente en elegir desde el más alto cargo del estado hasta el último. No es sólo eso, como algunos creen.
Se tratará de orientar.
No tiene por qué ser justa. Simplemente será lo que todos elijan. Ese es el riesgo. Hay que dejar de ser niños pero ya. ¿Estamos dispuestos? ¿Se nos dejará?
Y necesitaremos otra gente. Más sabios, para que esto, como dice Pedro Ruíz, no se convierta en “una guerra civil de dinero”.
Uno ya sabe lo que supone ser niño, y no logra quitarse esa sensación de encima cuando se dirige a las administraciones públicas. Ya sea para ir al médico, solicitar documentación o votar: Uno siempre tiene que pedir permiso. Y obtenerlo, por supuesto.
viernes, 3 de julio de 2009
Qué mas dará cuál sea el suplemento
Hoy he leído en el blog de Juan Cruz en El País
(http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2009/07/lo-que-dijo-jean-daniel.html)
que se estremece al oir que los periódicos puedan, algún día, convertirse en suplementos de alguna página de internet.
Para algunos, podría tratarse de estar todo el puto día con las mismas gilipolleces.
Para otros, la sensibilidad de este canario es extraordinaria.
Lo que sí que parece claro es que estamos al principio de algo extraordinario, que balbuceamos y que es lógico tener miedo (para qué ocultarlo). El lenguaje periodístico en internet tiene que evolucionar y ganar en claridad. Blogs, buscadores y redes sociales son sólo primeros pasos. Todo esto que nos está pasando es acojonante.
Lo que desde luego no podemos permitirnos es tener nostalgia antes de que toque, ponernos a idealizar lo que nunca fue tan hermoso, olvidar sudores, lágrimas, regueros de sangre. No podemos permitirnos que la memoria borre a placer, difumine los recuerdos y les añada un filtro sepia para que queden bonitos (con photoshop es bien sencillo) y, de este modo, nos sirvan para afirmarnos en que cualquier tiempo pasado fue, ... ¿mejor?
Casi mejor, diferente.
(http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2009/07/lo-que-dijo-jean-daniel.html)
que se estremece al oir que los periódicos puedan, algún día, convertirse en suplementos de alguna página de internet.
Para algunos, podría tratarse de estar todo el puto día con las mismas gilipolleces.
Para otros, la sensibilidad de este canario es extraordinaria.
Lo que sí que parece claro es que estamos al principio de algo extraordinario, que balbuceamos y que es lógico tener miedo (para qué ocultarlo). El lenguaje periodístico en internet tiene que evolucionar y ganar en claridad. Blogs, buscadores y redes sociales son sólo primeros pasos. Todo esto que nos está pasando es acojonante.
Lo que desde luego no podemos permitirnos es tener nostalgia antes de que toque, ponernos a idealizar lo que nunca fue tan hermoso, olvidar sudores, lágrimas, regueros de sangre. No podemos permitirnos que la memoria borre a placer, difumine los recuerdos y les añada un filtro sepia para que queden bonitos (con photoshop es bien sencillo) y, de este modo, nos sirvan para afirmarnos en que cualquier tiempo pasado fue, ... ¿mejor?
Casi mejor, diferente.
jueves, 2 de julio de 2009
Estiércol de las cuadras
Hieden las cuadras. Rebosa el suelo de los establos de mierda. Y en verano el calor hace que el olor sea nauseabundo e insoportable. Y en invierno todo aquello se convierte en una pecina cruzada de albañales que llevan y traen aguas pestilentes.
Salpican los cascos de los caballos líquidos y sólidos. Vuelan las heces por doquier. Las bestias no cuidan de dónde caen.
Y nosotros, mientras, miramos todo aquello medio asqueados, medio perplejos. Algún día tendremos que sacar todo aquello. No deberíamos esperar a que nos salpique tanta porquería.
Hay que ensuciarse antes. Sólo así podrá uno lavarse cuanto antes.
Salpican los cascos de los caballos líquidos y sólidos. Vuelan las heces por doquier. Las bestias no cuidan de dónde caen.
Y nosotros, mientras, miramos todo aquello medio asqueados, medio perplejos. Algún día tendremos que sacar todo aquello. No deberíamos esperar a que nos salpique tanta porquería.
Hay que ensuciarse antes. Sólo así podrá uno lavarse cuanto antes.
miércoles, 1 de julio de 2009
Lo jodido de Garci
Ayer, viendo el extraordinario programa de Garci sobre cine clásico, me dí cuenta de que no cuento con la suficiente capacidad para procesar, ordenar y relacionar todo lo que he ido acumulando en la cabeza y en las estanterias de la casa y el trastero, y que, antes pronto que tarde (porque ya es tarde), debería de hacerme con un buen sistema de fichas e ir ordenando las movidas por si en algún momento se necesitan.
Tendré que buscar tiempo, pero es imprescindible.
Después, como me había quedado con el drama de Irán, intenté responderme a la pregunta de qué derecho podemos tener a entrometernos en sus asuntos y si la defensa de los derechos humanos nos legitima para ir a defenderlos allá donde sea, para convertirnos en adalides de la especie, o si, por el contrario, su simple mención frente a otras culturas nos convierte en occidentales imperialistas.
Más tarde, pensé que si en los medios echan a los comerciales, difícilmente va a poder venderse publicidad, y sin publicidad, se reducirá la paginación y las tiradas, y sin páginas ni ejemplares acabarán echando a los periodistas. El modelo de medio de comunicación está cambiando. Ahora se trata de cambiar las dimensiones: el papel, antes hegemónico, tendrá que reducir su impacto, mientras que internet y los nuevos medios verán crecer su influencia. Hay que reorientarse para sintonizar los cambios.
Total, que me acosté a las dos. Hacía demasiado calor.
Tendré que buscar tiempo, pero es imprescindible.
Después, como me había quedado con el drama de Irán, intenté responderme a la pregunta de qué derecho podemos tener a entrometernos en sus asuntos y si la defensa de los derechos humanos nos legitima para ir a defenderlos allá donde sea, para convertirnos en adalides de la especie, o si, por el contrario, su simple mención frente a otras culturas nos convierte en occidentales imperialistas.
Más tarde, pensé que si en los medios echan a los comerciales, difícilmente va a poder venderse publicidad, y sin publicidad, se reducirá la paginación y las tiradas, y sin páginas ni ejemplares acabarán echando a los periodistas. El modelo de medio de comunicación está cambiando. Ahora se trata de cambiar las dimensiones: el papel, antes hegemónico, tendrá que reducir su impacto, mientras que internet y los nuevos medios verán crecer su influencia. Hay que reorientarse para sintonizar los cambios.
Total, que me acosté a las dos. Hacía demasiado calor.
martes, 30 de junio de 2009
Un magnífico epitafio
Qué hermosas palabras las escritas por Anson en su Imparcial (www.elimparcial.es) y en El Mundo, a propósito de la muerte de Michael Jackson, y que, para compartir, seguramente puedan encontrarse aquí:
http://www.elimparcial.es/opiniones_autor/5200.html
No me sorprenden. Sólo agradan. Puede estarse de acuerdo o no.
Pero queda el poso de la alabanza, señal de la admiración.
http://www.elimparcial.es/opiniones_autor/5200.html
No me sorprenden. Sólo agradan. Puede estarse de acuerdo o no.
Pero queda el poso de la alabanza, señal de la admiración.
lunes, 29 de junio de 2009
El Senado y los galgos 15
Tenía Zaratustra treinta años cuando dejó su patria y el lago de su patria y se marchó a las montañas. Gozó allí de su espíritu y de su soledad, y durante diez años no se cansó de hacerlo. Finalmente, su corazón se transformó, y un día se levantó al amanecer, se encaró con el sol y le dijo:
“¡Oh, gran astro! ¿Crees que sería feliz si no tuvieras a alguien a quien iluminar? Hace diez años que subes a mi cueva; si no fuera por mí, por mi águila y por mi serpiente ya te habrías cansado de tu luz y de tu camino. Pero nosotros te esperábamos todas las mañanas, te aligerábamos de lo que a ti te sobra y te bendecíamos por ello. Quiero que sepas que estoy harto de mi sabiduría, como la abeja que ha almacenado demasiada miel, y que necesito manos que me pidan. Quisiera dar y repartir hasta que los sabios que haya entre los hombres vuelvan a alegrarse de su locura, y los pobres, de su riqueza. Para eso he de descender a las profundidades, como haces tú al oscurecer, cuando te hundes por detrás del mar, para llevar tu luz incluso a lo que está más abajo del mundo, ¡astro desbordante de riqueza! Al igual que tú, he de hundirme en mi ocaso, como dirían los hombres a quienes quiero descender. ¡Bendíceme, pues, ojo impasible, capaz de contemplar sin envidia incluso una felicidad excesiva! ¡Bendice esta copa ansiosa de desbordarse y de derramar su dorada agua para que lleve por doquier el resplandor de tus delicias! ¡Mira esta copa que abhela volver a vaciarse; mira a Zaratustra, que quiere volver a ser hombre!”
Así empezó el ocaso de Zaratustra.
Friedrich Nietzsche. Así Habló Zaratustra
Smooth Criminal. Michael Jackson
“¡Oh, gran astro! ¿Crees que sería feliz si no tuvieras a alguien a quien iluminar? Hace diez años que subes a mi cueva; si no fuera por mí, por mi águila y por mi serpiente ya te habrías cansado de tu luz y de tu camino. Pero nosotros te esperábamos todas las mañanas, te aligerábamos de lo que a ti te sobra y te bendecíamos por ello. Quiero que sepas que estoy harto de mi sabiduría, como la abeja que ha almacenado demasiada miel, y que necesito manos que me pidan. Quisiera dar y repartir hasta que los sabios que haya entre los hombres vuelvan a alegrarse de su locura, y los pobres, de su riqueza. Para eso he de descender a las profundidades, como haces tú al oscurecer, cuando te hundes por detrás del mar, para llevar tu luz incluso a lo que está más abajo del mundo, ¡astro desbordante de riqueza! Al igual que tú, he de hundirme en mi ocaso, como dirían los hombres a quienes quiero descender. ¡Bendíceme, pues, ojo impasible, capaz de contemplar sin envidia incluso una felicidad excesiva! ¡Bendice esta copa ansiosa de desbordarse y de derramar su dorada agua para que lleve por doquier el resplandor de tus delicias! ¡Mira esta copa que abhela volver a vaciarse; mira a Zaratustra, que quiere volver a ser hombre!”
Así empezó el ocaso de Zaratustra.
Friedrich Nietzsche. Así Habló Zaratustra
Smooth Criminal. Michael Jackson
miércoles, 24 de junio de 2009
Estamos lejos de innovar
Habla el empresario: "Así no puedo seguir. Demasiado esfuerzo para obtener tan poco resultado. Obviamente, si me planteo una inversión es para recuperarla y ganarle dinero. Así funcionan las cosas: yo lo anticipo, lo recojo después y me llevo algo, bastante. Pero si resulta que en otros lugares tengo menos cargas, me es fácil ganar más y tengo que dar menos explicaciones, pues allá que me voy."
Habla el trabajador: "Hay que tener muy claro que no me pagan ni por asomo lo que vale mi trabajo y si me voy a la calle, ¿qué me queda? Un subsidio. Pero yo quiero trabajar. Tampoco pido más. Doy tiempo y esfuerzo a cambio de una parte del valor que produzco. Tampoco es que quiera quejarme, pero, por lo menos, podrían hacer más justicia, pagar lo que valgo, respetarme, darme una estabilidad".
Y ahora, ¿qué?
Habla el trabajador: "Hay que tener muy claro que no me pagan ni por asomo lo que vale mi trabajo y si me voy a la calle, ¿qué me queda? Un subsidio. Pero yo quiero trabajar. Tampoco pido más. Doy tiempo y esfuerzo a cambio de una parte del valor que produzco. Tampoco es que quiera quejarme, pero, por lo menos, podrían hacer más justicia, pagar lo que valgo, respetarme, darme una estabilidad".
Y ahora, ¿qué?
martes, 23 de junio de 2009
¿Distingamos?
Me pasa a mi también, que soy un gran ignorante.
Muchas veces, además.
El caso es que, al opinar sobre lo que hacen otros, en algún otro campo de actividad humana, por lo general, alejado de aquel otro en el que balbuceamos mejor, solemos (los que a veces no sabemos medir las distancias) caer en tópicos y generalizaciones que nos dejan en evidencia.
Hay quien a partir de una entrevista, tienden a hacer un diagnóstico de todo un medio de comunicación.
Esto es especialmente normal en los casos de la radio y de la televisión. Supongo que también pasará con internet, caso de algunos países en los que, según sus castas dirigentes, es la punta de lanza de la corrupción occidentalizante.
¿Es periodismo la entrevista de AR a Aznar? ¿Y la del Follonero a Otegui? ¿Son puro espectáculo? ¿Hasta qué punto? ¿Son algo más? ¿Una mezcla de demasiadas cosas?
Muchas veces, además.
El caso es que, al opinar sobre lo que hacen otros, en algún otro campo de actividad humana, por lo general, alejado de aquel otro en el que balbuceamos mejor, solemos (los que a veces no sabemos medir las distancias) caer en tópicos y generalizaciones que nos dejan en evidencia.
Hay quien a partir de una entrevista, tienden a hacer un diagnóstico de todo un medio de comunicación.
Esto es especialmente normal en los casos de la radio y de la televisión. Supongo que también pasará con internet, caso de algunos países en los que, según sus castas dirigentes, es la punta de lanza de la corrupción occidentalizante.
¿Es periodismo la entrevista de AR a Aznar? ¿Y la del Follonero a Otegui? ¿Son puro espectáculo? ¿Hasta qué punto? ¿Son algo más? ¿Una mezcla de demasiadas cosas?
lunes, 22 de junio de 2009
Temor
Partamos de la base de que generalizar es una estupidez soberana. Y además, es imposible, como reza el título de una canción de Los Planetas.
Sin embargo, es muy cierto que en el reino animal la amenaza del castigo ha servido, sirve y servirá para impedir ciertos comportamientos.
Los hombres nos hemos dotado del castigo para impedir comportamientos asociales y conductas que, a lo largo de los tiempos, se han considerado ilícitas. Con el fin de gestionar estos castigos hemos creado instituciones diversas: ejércitos, religiones, estados, tribunales.
La doctrina legal ha creado a lo largo del pasado siglo la figura de la coercibilidad, la capacidad o potestad de la autoridad para decidir qué comportamiento debe ser castigado socialmente y cómo (multas, penas de cárcel, incapacidades, ...).
Además, en los estados de derecho, las diversas constituciones afirman que es el propio pueblo, de manera democrática y a través de sus representantes en las distintas cámaras de representantes que existen, el que determina sus códigos.
De cincuenta años para acá, frente a la pura coacción, se ha llegado a la conclusión de que los individuos que comenten actos ilícitos (cualesquiera que estos sean) deben ser reinsertados en la sociedad. Se parte del principio de que alguien, cometiendo algún delito o falta, queda en deuda con la sociedad y, una vez saldada, por tanto, debería estar en las mejores condiciones para volver a integrarse.
El principio es bueno y su intención magnífica. Cabe preguntarse si no cae en la pretensión de suponer que todo aquel que haya pagado su deuda con la sociedad tiene la intención de reintegrarse. Esto debe pensarse desde un punto de vista penal, porque, con el fin de que existan las debidas garantías procesales, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
Por eso, y para mantener los principios de reinserción y de inocencia procesal, el castigo debe ser grave, aunque no desproporcionado. El castigo debe infundir temor, debe ser bastante gravoso para que quien se plantee delinquir se lo piense muy mucho. Es más, con anterioridad tiene que existir una garantía total de que quien haya atacado a la sociedad va a pagar por ello, lo que supone que una serie de medios judiciales y policiales trabajan de manera rápida y eficaz. Mucho me temo que ni lo primero ni lo segundo existe en nuestro país hoy día para muchos delitos.
Están en juego, además, y por otro lado, los derechos de las víctimas que deben ser resarcidos generosamente por la sociedad.
No nos podemos permitir casos que se han producido recientemente y que todos tenemos en mente.
Otra cosa aparte es el funcionamiento de la justicia y el hecho constado de que ningún gobierno, independientemente de su signo político, tiene la más mínima intención de solucionar con dinero y empuje, además de con medidas cosméticas.
Sin embargo, es muy cierto que en el reino animal la amenaza del castigo ha servido, sirve y servirá para impedir ciertos comportamientos.
Los hombres nos hemos dotado del castigo para impedir comportamientos asociales y conductas que, a lo largo de los tiempos, se han considerado ilícitas. Con el fin de gestionar estos castigos hemos creado instituciones diversas: ejércitos, religiones, estados, tribunales.
La doctrina legal ha creado a lo largo del pasado siglo la figura de la coercibilidad, la capacidad o potestad de la autoridad para decidir qué comportamiento debe ser castigado socialmente y cómo (multas, penas de cárcel, incapacidades, ...).
Además, en los estados de derecho, las diversas constituciones afirman que es el propio pueblo, de manera democrática y a través de sus representantes en las distintas cámaras de representantes que existen, el que determina sus códigos.
De cincuenta años para acá, frente a la pura coacción, se ha llegado a la conclusión de que los individuos que comenten actos ilícitos (cualesquiera que estos sean) deben ser reinsertados en la sociedad. Se parte del principio de que alguien, cometiendo algún delito o falta, queda en deuda con la sociedad y, una vez saldada, por tanto, debería estar en las mejores condiciones para volver a integrarse.
El principio es bueno y su intención magnífica. Cabe preguntarse si no cae en la pretensión de suponer que todo aquel que haya pagado su deuda con la sociedad tiene la intención de reintegrarse. Esto debe pensarse desde un punto de vista penal, porque, con el fin de que existan las debidas garantías procesales, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
Por eso, y para mantener los principios de reinserción y de inocencia procesal, el castigo debe ser grave, aunque no desproporcionado. El castigo debe infundir temor, debe ser bastante gravoso para que quien se plantee delinquir se lo piense muy mucho. Es más, con anterioridad tiene que existir una garantía total de que quien haya atacado a la sociedad va a pagar por ello, lo que supone que una serie de medios judiciales y policiales trabajan de manera rápida y eficaz. Mucho me temo que ni lo primero ni lo segundo existe en nuestro país hoy día para muchos delitos.
Están en juego, además, y por otro lado, los derechos de las víctimas que deben ser resarcidos generosamente por la sociedad.
No nos podemos permitir casos que se han producido recientemente y que todos tenemos en mente.
Otra cosa aparte es el funcionamiento de la justicia y el hecho constado de que ningún gobierno, independientemente de su signo político, tiene la más mínima intención de solucionar con dinero y empuje, además de con medidas cosméticas.
jueves, 18 de junio de 2009
Somos los de siempre
Ni poderosos ni ricos hacen trasbordo en Alonso Martínez en hora punta, cuando el pasillo que va de un andén a otro y de todos ellos a la calle, o viceversa, ya de por si angosto, se estrecha aún más con cintas que, supongo, con el fin de facilitar el acceso de todos los que llegan por distintos corredores a las mismas zonas comunes, coloca el personal de sguridad y con la multitud, somnolienta, que se apelotona a la espera de poder acceder a las escaleras mecánicas.
Somos los de siempre, los habituales. Puede que falle alguno y que aparezca alguien nuevo, pero solemos ser los de siempre, los habituales.
Qué fácilmente se defienden discursos, principios y arengas desde púlpitos, caballos, estrados, atriles y tribunas.
Y lo peor, lo peor no es que necesitemos realismo, no; gobernantes y emprendedores que pisen las calles de verdad y no las aceras limpias, manchadas únicamente por las hojas que caen de los magnolios.
Lo peor, lo peor (si es que es tan humanamente lógico) es que ni ricos ni poderosos tienen el más mínimo interés por bajar a las escaleras atestadas del trasbordo de Alonso Martínez, por sufrir las embestidas de la piara, por mandar a tomar por culo al puto vigilante que apoya su culo en el pasamanos de las escaleras mientras berrea: "Si van por la izquierda no se paren, dejen pasar".
Él también es un habitual, el de siempre. Y seguro que entenderá que lo manden a tomar por culo.
Somos los de siempre, los habituales. Puede que falle alguno y que aparezca alguien nuevo, pero solemos ser los de siempre, los habituales.
Qué fácilmente se defienden discursos, principios y arengas desde púlpitos, caballos, estrados, atriles y tribunas.
Y lo peor, lo peor no es que necesitemos realismo, no; gobernantes y emprendedores que pisen las calles de verdad y no las aceras limpias, manchadas únicamente por las hojas que caen de los magnolios.
Lo peor, lo peor (si es que es tan humanamente lógico) es que ni ricos ni poderosos tienen el más mínimo interés por bajar a las escaleras atestadas del trasbordo de Alonso Martínez, por sufrir las embestidas de la piara, por mandar a tomar por culo al puto vigilante que apoya su culo en el pasamanos de las escaleras mientras berrea: "Si van por la izquierda no se paren, dejen pasar".
Él también es un habitual, el de siempre. Y seguro que entenderá que lo manden a tomar por culo.
miércoles, 17 de junio de 2009
Gotas de agua que hacen corriente (de agua)
A veces, casos y sucesos parecen concatenarse hasta lograr un cierto orden que parece superar el tiempo, amoldarlo hasta hacerte sonreir.
¿Es un engaño de la mente? ¿Pura casualidad?
Difícil de decir.
¿Es un engaño de la mente? ¿Pura casualidad?
Difícil de decir.
lunes, 15 de junio de 2009
Viva Lisbeth
En mi opinión de lector rendido, el personaje central de la trilogía Millenium, escrita por el sueco Stieg Larsson, es Lisbeth Salander.
Me temo que no soy el único que se ha rendido ante esta mujer, sin que importe demasiado si las tres novelas están bien escritas o tienen las suficientes pretensiones literarias.
Salander es un personaje extremadamente atractivo, bien y profundamente dibujado que, para mí, llama poderosamente la atención por dos motivos: Es una mujer. Y dos: Es, además una mujer rara. Rara porque, aunque se la dibuja como particularmente atractiva, es, sin embargo, muy delgada, bajita, inadaptada y muy inteligente.
Su rareza estriba en que no se comporta ni como una mujer objeto, ni como una mujer armada de unas dotes de seducción que utilice con destreza, salvo en contadas ocasiones. Sin embargo, el personaje despierta morbo y admiración a partes iguales. Morbo, porque su actitud en sociedad la convierte en un reflejo de la libertad con la que a algunos nos gustaría comportarnos, vestirnos y conducirnos por la vida. Y admiración porque, siendo tan poca cosa, es capaz de comportarse como una auténtica perra, subvertir el orden, maquinar con sagacidad y sentido, y, por lo tanto, aprovecharse de situaciones que a priori, parecían muy comprometidas.
Lisbeth Salander supone una subversión de los cuentos de hadas. Supone una negra sacudida para que las mujeres superen los condicionantes sociales que las atenazan en todas las sociedades del mundo, una negra sacudida distinta, moderna y comprometida. Supone un grito a favor de una igualdad auténtica entre hombres y mujeres. Ella viaja sola, aunque algunos amores extraños le salgan al encuentro. En eso también se distingue de las princesas de los cuentos de hadas: Su amor no tiene por qué ser para toda la vida, ama a mujeres y a hombres. Su amor también comporta traumas.
Salander se sitúa en el extremo opuesto de la princesa tonta, tocada por el destino, siempre a la espera del caballero que la salve: Ella salva a los que suponía que eran los caballeros, ella defiende ideales, combate y arriesga. Ella se ha convertido en caballero. En un caballero marginal, de comportamiento errático y ademanes altivos, nada que ver con los modales cortesanos que se le suponen a aquellos.
Salander sólo comparte con las princesas de los cuentos su misma suerte y los sucesos novelescos que componen su vida.
Lisbeth es una sociópata, según se desprende de la opinión del propio autor publicitada en algún periódico. Pero esa enfermedad es la que la hace única, la que le da una visión particular de la vida y de su entorno, la que la convierte en un bólido. Y lo más importante, la que paradójicamente le otorga un sentido de la justicia que para si quisieran muchos cuerdos, aunque uno convenga que sus métodos para impartirla no son los más recomendables, desde luego.
Otra paradoja que atañe a la enfermedad mental de Salander es que lo que, en su caso, se diagnostica como una enfermedad mental, en el comportamiento de otros muchos podría considerarse excentricidades, cuando no genialidades, lo que nos lleva a preguntarnos dónde se coloca el límite. En definitiva, para muchos, Salander, la enferma, es un modelo.
Salander es, además de una llamada a las mujeres, un toque de atención para los hombres. Para que aprendamos que el valor de las mujeres (si es que se las puede tomar de este modo, generalizando de un modo tan grosero), sus ideas, en definitiva, el modo en que manejan y plantean su vida merece respeto.
Viva Lisbeth. Viva Larsson.
Me temo que no soy el único que se ha rendido ante esta mujer, sin que importe demasiado si las tres novelas están bien escritas o tienen las suficientes pretensiones literarias.
Salander es un personaje extremadamente atractivo, bien y profundamente dibujado que, para mí, llama poderosamente la atención por dos motivos: Es una mujer. Y dos: Es, además una mujer rara. Rara porque, aunque se la dibuja como particularmente atractiva, es, sin embargo, muy delgada, bajita, inadaptada y muy inteligente.
Su rareza estriba en que no se comporta ni como una mujer objeto, ni como una mujer armada de unas dotes de seducción que utilice con destreza, salvo en contadas ocasiones. Sin embargo, el personaje despierta morbo y admiración a partes iguales. Morbo, porque su actitud en sociedad la convierte en un reflejo de la libertad con la que a algunos nos gustaría comportarnos, vestirnos y conducirnos por la vida. Y admiración porque, siendo tan poca cosa, es capaz de comportarse como una auténtica perra, subvertir el orden, maquinar con sagacidad y sentido, y, por lo tanto, aprovecharse de situaciones que a priori, parecían muy comprometidas.
Lisbeth Salander supone una subversión de los cuentos de hadas. Supone una negra sacudida para que las mujeres superen los condicionantes sociales que las atenazan en todas las sociedades del mundo, una negra sacudida distinta, moderna y comprometida. Supone un grito a favor de una igualdad auténtica entre hombres y mujeres. Ella viaja sola, aunque algunos amores extraños le salgan al encuentro. En eso también se distingue de las princesas de los cuentos de hadas: Su amor no tiene por qué ser para toda la vida, ama a mujeres y a hombres. Su amor también comporta traumas.
Salander se sitúa en el extremo opuesto de la princesa tonta, tocada por el destino, siempre a la espera del caballero que la salve: Ella salva a los que suponía que eran los caballeros, ella defiende ideales, combate y arriesga. Ella se ha convertido en caballero. En un caballero marginal, de comportamiento errático y ademanes altivos, nada que ver con los modales cortesanos que se le suponen a aquellos.
Salander sólo comparte con las princesas de los cuentos su misma suerte y los sucesos novelescos que componen su vida.
Lisbeth es una sociópata, según se desprende de la opinión del propio autor publicitada en algún periódico. Pero esa enfermedad es la que la hace única, la que le da una visión particular de la vida y de su entorno, la que la convierte en un bólido. Y lo más importante, la que paradójicamente le otorga un sentido de la justicia que para si quisieran muchos cuerdos, aunque uno convenga que sus métodos para impartirla no son los más recomendables, desde luego.
Otra paradoja que atañe a la enfermedad mental de Salander es que lo que, en su caso, se diagnostica como una enfermedad mental, en el comportamiento de otros muchos podría considerarse excentricidades, cuando no genialidades, lo que nos lleva a preguntarnos dónde se coloca el límite. En definitiva, para muchos, Salander, la enferma, es un modelo.
Salander es, además de una llamada a las mujeres, un toque de atención para los hombres. Para que aprendamos que el valor de las mujeres (si es que se las puede tomar de este modo, generalizando de un modo tan grosero), sus ideas, en definitiva, el modo en que manejan y plantean su vida merece respeto.
Viva Lisbeth. Viva Larsson.
lunes, 8 de junio de 2009
A esto le llaman democracia
Una participación del cuarenta y seis por ciento de los votantes, en democracia, es una mierda. Una mierda triste. Ahora y en el pasado. Por supuesto, en cualquier futuro.
No es que uno desee votaciones al modo estalinista, pero si los ciudadanos no quieren ir a votar será por algo. No importa que algunos digan que en otros países ya quisieran. Que más de la mitad de los votantes decidan no ejercer el más importante derecho-deber de la democracia debería preocuparnos a todos. Sea donde sea.
Así es que no comprendo por qué tantos aplauden los discursos de gratitud de sus políticos tras la votación. Son los acólitos y pagarían por dejarse estabular.
Algo falla. Y yo diría que son muchos los factores que hacen crac. En este caso, además, se da la complejidad de la composición del Parlamento Europeo. Demasiada para las pocas atribuciones que tiene este órgano que debiera ser el principal de la Unión Europea, y que, sin embargo, queda las más de las veces a los pies del Consejo, que es donde los Gobiernos cambian cromos. Es decir, que el Parlamento Europeo sólo sirve para dilatar la aprobación de Reglamentos y Directivas, voltearlos hasta hacerlos incomprensibles, y, por supuesto, para volver loca a la Comisión.
Vamos, que hay que elegir a diputados que nos representarán en la Unión, pero lo que suele hacerse, desde todas partes, es azuzar a los perros en el corral. Es lo que mola a políticos y votantes.
Mensajes de cercanías, una estructura de propaganda que prima a los de siempre, candidatos poco claros (más bien muy oscuros), el hastío que producen unos políticos demasiados alejados y otras preocupaciones más perentorias y que tienen más que ver con el bienestar particular o familiar son otros de los factores que, en mi modesta opinión, han alejado a la gente de las urnas.
Particularmente preocupante, dejando de lado la que está cayendo, me parece la lejanía de los políticos con sus falcon, sus trajes y sus escoltas, con sus mensajes machacones repetidos como letanías y las intrigas que, al parecer, son endémicas en los atrases del poder. A la gente, creo, le da la sensación de que estos señores van a lo suyo y que únicamente se preocupan de la sociedad para darle al contrario, o cuando llegan elecciones. Y que después, cuando todo ya ha pasado, se olvidan de lo prometido y hacen lo que les viene en gana. Es muy común pensar que los políticos tratan a la sociedad como borregos que dan buena pasta en los mercados de abastos, pero que joden un huevo cuando se trata de darles pastos.
Urge una mejor democracia en la que los votos no constituyan salvoconductos para que unos pocos puedan decir en público que representan a un cierto número de votantes durante un período determinado. Con toda la arrogancia, con todo el morro, con la ley por delante.
Una mierda triste, la ley, esta democracia.
No es que uno desee votaciones al modo estalinista, pero si los ciudadanos no quieren ir a votar será por algo. No importa que algunos digan que en otros países ya quisieran. Que más de la mitad de los votantes decidan no ejercer el más importante derecho-deber de la democracia debería preocuparnos a todos. Sea donde sea.
Así es que no comprendo por qué tantos aplauden los discursos de gratitud de sus políticos tras la votación. Son los acólitos y pagarían por dejarse estabular.
Algo falla. Y yo diría que son muchos los factores que hacen crac. En este caso, además, se da la complejidad de la composición del Parlamento Europeo. Demasiada para las pocas atribuciones que tiene este órgano que debiera ser el principal de la Unión Europea, y que, sin embargo, queda las más de las veces a los pies del Consejo, que es donde los Gobiernos cambian cromos. Es decir, que el Parlamento Europeo sólo sirve para dilatar la aprobación de Reglamentos y Directivas, voltearlos hasta hacerlos incomprensibles, y, por supuesto, para volver loca a la Comisión.
Vamos, que hay que elegir a diputados que nos representarán en la Unión, pero lo que suele hacerse, desde todas partes, es azuzar a los perros en el corral. Es lo que mola a políticos y votantes.
Mensajes de cercanías, una estructura de propaganda que prima a los de siempre, candidatos poco claros (más bien muy oscuros), el hastío que producen unos políticos demasiados alejados y otras preocupaciones más perentorias y que tienen más que ver con el bienestar particular o familiar son otros de los factores que, en mi modesta opinión, han alejado a la gente de las urnas.
Particularmente preocupante, dejando de lado la que está cayendo, me parece la lejanía de los políticos con sus falcon, sus trajes y sus escoltas, con sus mensajes machacones repetidos como letanías y las intrigas que, al parecer, son endémicas en los atrases del poder. A la gente, creo, le da la sensación de que estos señores van a lo suyo y que únicamente se preocupan de la sociedad para darle al contrario, o cuando llegan elecciones. Y que después, cuando todo ya ha pasado, se olvidan de lo prometido y hacen lo que les viene en gana. Es muy común pensar que los políticos tratan a la sociedad como borregos que dan buena pasta en los mercados de abastos, pero que joden un huevo cuando se trata de darles pastos.
Urge una mejor democracia en la que los votos no constituyan salvoconductos para que unos pocos puedan decir en público que representan a un cierto número de votantes durante un período determinado. Con toda la arrogancia, con todo el morro, con la ley por delante.
Una mierda triste, la ley, esta democracia.
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