Llega uno y le dan un pastizal a la hora de la jubilación. El tío no va a decir que no. Que no es idiota.
Y llegan los demás y se ponen a ladrar. Que si esto no se hace, que si no hay verguenza, que no es el momento.
Pues claro que no hay verguenza. Pero, bueno, si es que parece que nos hemos caído todos de un guindo.
El tío es un listo, y los que están en el consejo, otros listos más . Y están ahí para eso: para rapiñar. Todos. Sin excepción. Ha habido quien los ha colocado ahí precisamente para lo que están haciendo y ahora se rasga las vestiduras.
El problema está en los demás. En los clientes y accionistas. En las autoridades de control. En todos los que lo permitimos.
Así que menos escándalo y más acción y menos criticar, porque todos haríamos lo mismo, y el que no o es que es muy bueno, en el peor sentido machadiano, o demasiado gilipollas.
Que es que estamos hablando de banqueros, coño, no de mártires. Ni tan siquiera, necesariamente, de buena gente.
jueves, 1 de octubre de 2009
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