lunes, 6 de julio de 2009

No es sólo eso (a propósito de una entrevista a A. en P.)

Tendrán que llegar sistemas políticos más perfectos y más participativos.
Uno, desde la indecencia ignorante, el cacareo barriobajero y el rebuzno rural, tiende a pensar que la democracia de partidos, sistema hegemónico en los países occidentales, está bien asentada en un aparato burocrático descomunal, la emisión de normas aplicables a toda la población, sea en general o a modo particular, el monopolio de la fuerza a título legal, y la administración de justicia (¿?).
Sin embargo, este sistema sólo satisface la participación pública de manera parcial, sustituyéndola casi de manera absoluta, e independientemente de la cantidad de instituciones electivas interpuestas, por la representación de representantes elegidos cada cierto tiempo.
La democracia como tal está lejos de ser perfecta. Los partidos políticos obligan a votar ciertas opciones, pero ¿qué pasa cuando un ciudadano vota un programa electoral porque es el que más se acerca a su propia ideología, pero no está de acuerdo con alguna parte? Pues que se ha vinculado totalmente a ese contrato por un tiempo definido.
Por supuesto. Si acabamos defraudados siempre podremos cambiar la orientación del voto en la siguiente votación.
Eso nos dicen y así nos acallan.
Pero de hecho, renunciamos a orientar la acción política durante los mandatos. En el ínterin, los políticos se enfrascan en buscar alianzas, coaliciones, apoyos. En el mejor de los casos interpretan la voluntad de sus electores como buenamente creen, o logran imponer en sus propias y opacas estructuras, muchas (todas las) veces parecidas a viejos aparatos soviéticos. En el peor (las más de las veces), clavan manos y posaderas en sus despachos, hacen y deshacen a su antojo, se contradicen y cabildean.
Una mejor democracia será una verdadera república. No consistirá únicamente en elegir desde el más alto cargo del estado hasta el último. No es sólo eso, como algunos creen.
Se tratará de orientar.
No tiene por qué ser justa. Simplemente será lo que todos elijan. Ese es el riesgo. Hay que dejar de ser niños pero ya. ¿Estamos dispuestos? ¿Se nos dejará?
Y necesitaremos otra gente. Más sabios, para que esto, como dice Pedro Ruíz, no se convierta en “una guerra civil de dinero”.
Uno ya sabe lo que supone ser niño, y no logra quitarse esa sensación de encima cuando se dirige a las administraciones públicas. Ya sea para ir al médico, solicitar documentación o votar: Uno siempre tiene que pedir permiso. Y obtenerlo, por supuesto.

No hay comentarios: