viernes, 11 de septiembre de 2009

Valdemingómez

Ya no nos caben los escombros en los vertederos, así es que sacamos la mierda a la calle. Rescoldos de la voracidad inmobiliaria.

Es el caso reciente de Pozuelo, es la crisis, la avaricia siempre acechando, son los parques de mi pueblo llenos de cristales, las calles repletas de papeles, es la corrupción política, son los hijos contra los profesores, la mansedumbre burocrática que nos envuelve. Esta placidez que de vez en cuando se rompe, como hace la noche con el día.

No importa demasiado: Hemos aprendido que todo pasa: Que todo se olvida. Que lo que de verdad importa es el día a día: las legumbres y la carne, la hipoteca, unas prendas de vestir, entretenerse. Y todo lo demás, la política, la religión, la justicia, las noticias de uno u otro canal, la moral o la macroeconomía son elementos prescindibles cuando sales al terreno de juego.

Hay quien dice que falta autoridad: Pero no es eso. Hay quien dice que se resquebrajan los valores: Pero no es eso.

Porque nos hemos ganado el derecho a dudar de cualquier autoridad, porque los valores no han hecho otra cosa que caer vez tras vez, al paso del tiempo.

Somos humanos. No podemos evitarlo. Mírate, llevas (como yo) unas dulces cadenas que no se tensan, que son la envidia de otros menos afortunados. Eso parece, ¿verdad? Que tire la primera piedra el que esté dispuesto a renunciar a su humanidad para tirarse al monte, afrontar el consejo de la serpiente y el águila, y convertirse en el superhombre.

Desde hace un tiempo, los cambios nos han sobrepasado: Estamos confundidos. Pero no importa, suele suceder (la historia lo dice), porque saldremos. Tal vez, por el lado equivocado. Quién sabe. Mientras tanto echamos los escombros donde pocos (y si puede ser, que no se quejen) puedan verlos. Y si acaso, los tapamos. Nos escandalizamos cuando nos los enseñan, pero se nos pasa pronto: La vida nos saca a bailar.

Y no es que no queramos soluciones (aunque algunos, desde luego, no las quieren: son los que encuentran tesoros entre los escombros). Es, simplemente, que no sabemos encontrarlas. Somos así: Humanos

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