jueves, 3 de diciembre de 2009

El periodismo ciudadano es una fuente más

Lleva la revista Rockdelux en su sección Manifesto, un interesante artículo de Josep Lluís Micó titulado La Falacia del Periodismo (Ciudadano). Cualquiera que mire lo que está pasando con ojos críticos estará de acuerdo con su última frase, en la que alude al hecho de que el llamado periodismo ciudadano beneficia a empresarios de la comunicación y editores, ya que, principalmente, ofrece información muy impactante a precios muy baratos, o incluso gratis.

En este sentido de lucha de los empresarios de la comunicación por hacerse con un hueco en estas aguas revueltas puede leerse el frente abierto en muchos países contra las televisiones públicas, y que tiene su confrontación más feroz en el Reino Unido, donde, según aparece en el número 18 de Cuadernos de Periodistas, revista de la Asociación de la Prensa de Madrid, Murdoch ha cargado contra la BBC, a la que considera competencia desleal porque da información gratis con dinero público y en las mejores plataformas, mientras que los inversores privados se las ven y se las desean para poner en marcha acciones similares. No dice, por contra, que cuando sus empresas ganan dinero es para él para quien lo ganan.

Es evidente, siguiendo la argumentación de Micó, que el periodismo ciudadano no puede sustituir al periodismo hecho por profesionales, porque, tal y como puede leerse en el ladillo, “difícilmente puede obrar conforme a pautas deontológicas y criterios periodísticos quien no ha recibido ninguna formación específica”.

Sin embargo, tampoco es justo criticar la alimentación que debe dar el público a los medios, precisamente en el momento en el que estamos, en medio de una revolución que nos tiene noqueados. ¿Qué son los medios de comunicación sin su público? ¿Qué son si no tienen en cuenta (y tratan adecuadamente) lo que interesa a los que adquieren su información? ¿Qué es un medio que no es capaz de adaptarse y servir?

Nada. No son nada.

Por este motivo, me parece algo exagerado el comienzo del artículo. Sarcástico, casi injusto. La información que proviene del periodismo ciudadano debe ser tratada, según mi humilde modo de ver, como una fuente más.

Pone Micó el ejemplo de una explosión de gas. Y critica que las imágenes grabadas por un aficionado tengan más impacto que toda la información que pueda envolver a la noticia. Nadie pone en duda que se pongan las imágenes grabadas por las cámaras de tráfico cuando se ve un accidente o un robo en plena calle. Porque entendemos que son fuentes.

Puede pensarse, sin embargo, que la gente está cansada de las típicas declaraciones de susto que ofrecen los vecinos en ropa de andar por casa, y que es lo que se suele ofrecer en estos casos. El periodismo es captar la realidad y transmitirla. Ir más allá y no quedarse en lo fácil. Y todo para que luego se ventile en una pieza que arde con brevedad. Nada más. Ni vanidades ni medallitas. Hay que asumirlo.

Los periodistas no inventamos la información. Hacemos noticias. Y si para construir la noticia tenemos algo extraordinario (las imágenes valen mucho más que las palabras, me dijo a mí en la universidad un certero profesor), mal estará que no lo utilicemos.

En cierto sentido, estamos en manos de lo que nos transmitan nuestras fuentes. Ellas nos proporcionan la materia prima en forma de informes, facturas, demandas, declaraciones, sentencias, filtraciones… ¿Por qué no imágenes? ¿Por qué no vamos a potenciar la interacción con la audiencia? Después, una vez que tenemos la información, valoramos, aplicamos técnicas del oficio, si se quiere decir así, contrastamos, fabricamos noticias y las transmitimos. Nos hemos dejado llevar por el fantástico papel que podemos jugar y eso, más que la independencia económica, nos ha atrapado. Es humano, desde luego. Los medios tienen capacidad para influir en audiencias y públicos, en personas al fin y al cabo, y eso ha introducido distorsiones en el trabajo periodístico.

Estos nuevos canales de información nos ofrecen una oportunidad inmensa, la de pulir los espejos que tenemos que ser para la sociedad. Para bien y para mal.

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