Desconozco todo lo relativo a la controversia de la semana pasada en la que se vio envuelta una menor y su madre, comentarista de algún programa de televisión. Según parece, la fiscalía ha decidido intervenir porque estima que la exposición de dicha niña en los medios de comunicación es desmesurada, dado, precisamente, que es hija de quien es.
Hay, desde luego, otros casos tan evidentes, en los que, como sirven a otros propósitos, se hace la vista gorda.
Pese a que no sé de qué va la cosa, más allá de lo que acabo de contar, sí que creo que se levanta un debate interesante cuya solución no podrá ser nunca una sentencia judicial.
Entiendo, también, que todo este asunto tiene un interés humano para mucha gente que ve en este personaje televisivo a alguien que, dicho en neutro, estima.
Basta ya de tratar a las audiencias como a imbéciles. Quien ve un programa de televisión determinado tiene una responsabilidad, como sucede en otros ámbitos de la vida. No vale escaquearse.
Por ejemplo, si uno va a un bar y pide alcohol, puede encontrarse con que le pregunten su edad o no, y que, en función de los años que se tengan, se lo den o no. En ese caso, el hecho de que beba no depende de él, pero el caso es que, a priori, él ha decidido ir al bar y pedir una bebida alcohólica.
No voy a decirle a nadie lo que tiene que ver, ni tampoco pretendo que todo el mundo se enganche a los documentales o a las retransmisiones de ópera. Pero, tampoco voy a aceptar que vengan después tocando las pelotas. No aguanto la excusa de que no hay otra cosa en la tele. Pues se apaga, coño. ¿No hay otras cosas que hacer?
Por supuesto que la presión de los profesionales de la información rosa es muchas veces agobiante, y las necesidades de los personajes que aparecen en las crónicas de sociedad, muchas, sean perentorias o creadas por determinados modos de vida (no seré yo quien vaya a juzgar cómo decide vivir cada cual). Por otra parte, las cadenas de televisión están para ganar dinero, y cada cual lo hace como lo place, con el único límite del delito, algo difuso, cuando no contradictorio, en el caso de la libertad de expresión y de difusión de información.
martes, 15 de septiembre de 2009
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