lunes, 8 de junio de 2009

A esto le llaman democracia

Una participación del cuarenta y seis por ciento de los votantes, en democracia, es una mierda. Una mierda triste. Ahora y en el pasado. Por supuesto, en cualquier futuro.
No es que uno desee votaciones al modo estalinista, pero si los ciudadanos no quieren ir a votar será por algo. No importa que algunos digan que en otros países ya quisieran. Que más de la mitad de los votantes decidan no ejercer el más importante derecho-deber de la democracia debería preocuparnos a todos. Sea donde sea.
Así es que no comprendo por qué tantos aplauden los discursos de gratitud de sus políticos tras la votación. Son los acólitos y pagarían por dejarse estabular.
Algo falla. Y yo diría que son muchos los factores que hacen crac. En este caso, además, se da la complejidad de la composición del Parlamento Europeo. Demasiada para las pocas atribuciones que tiene este órgano que debiera ser el principal de la Unión Europea, y que, sin embargo, queda las más de las veces a los pies del Consejo, que es donde los Gobiernos cambian cromos. Es decir, que el Parlamento Europeo sólo sirve para dilatar la aprobación de Reglamentos y Directivas, voltearlos hasta hacerlos incomprensibles, y, por supuesto, para volver loca a la Comisión.
Vamos, que hay que elegir a diputados que nos representarán en la Unión, pero lo que suele hacerse, desde todas partes, es azuzar a los perros en el corral. Es lo que mola a políticos y votantes.
Mensajes de cercanías, una estructura de propaganda que prima a los de siempre, candidatos poco claros (más bien muy oscuros), el hastío que producen unos políticos demasiados alejados y otras preocupaciones más perentorias y que tienen más que ver con el bienestar particular o familiar son otros de los factores que, en mi modesta opinión, han alejado a la gente de las urnas.
Particularmente preocupante, dejando de lado la que está cayendo, me parece la lejanía de los políticos con sus falcon, sus trajes y sus escoltas, con sus mensajes machacones repetidos como letanías y las intrigas que, al parecer, son endémicas en los atrases del poder. A la gente, creo, le da la sensación de que estos señores van a lo suyo y que únicamente se preocupan de la sociedad para darle al contrario, o cuando llegan elecciones. Y que después, cuando todo ya ha pasado, se olvidan de lo prometido y hacen lo que les viene en gana. Es muy común pensar que los políticos tratan a la sociedad como borregos que dan buena pasta en los mercados de abastos, pero que joden un huevo cuando se trata de darles pastos.
Urge una mejor democracia en la que los votos no constituyan salvoconductos para que unos pocos puedan decir en público que representan a un cierto número de votantes durante un período determinado. Con toda la arrogancia, con todo el morro, con la ley por delante.
Una mierda triste, la ley, esta democracia.

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