miércoles, 5 de agosto de 2009

Trincheras de agosto

"Luna de agosto, madre y señora del vino, hazme encontrar el camino, luna de agosto", cantaba Santiago Auserón en la canción titulada Luna de Agosto del disco La Canción de Juan Perro de Radio Futura.

Ah. El camino.

Y las ciénagas: Los jinetes no suelen mancharse de barro: Se ensucian las monturas.

Después, tras la cabalgada, les espera agua fría, camas de paja y un cepillo con púas metálicas para la crin: La cuadra, el descanso. El pesebre.

Vete a saber quién de los dos bandos lleva razón. Eso es lo de menos. Porque la lucha no está en aclarar lo de los trajes, todo lo que se mueve como chocolate espeso, por detrás. Y no sólo en un bando.

La batalla es por el poder, por ganar o mantener reinos de taifas, cuotas. Por mantener el ejército y que, como la fiesta, siga la guerra.

Qué más da la razón cuando lo que importa es servir a un lado o al otro y repartir. Para algo te dan el fusil.

Pero la guerra era otra o se libraba en otros campos. Nos hemos distraido.

"Vela conmigo, soy el insomne, tu amigo, dame tu antigua caricia y conversación", dice casi al final la misma canción. Pero los insomnes son pocos, no son rentables. Y las conversaciones han sido sustituidas por los aplausos que obedecen al regidor, como las ovejas a los pastores.

Por lo que respecta a las caricias, ahora son hostias como panes.

No hay comentarios: