Ayer, viendo el extraordinario programa de Garci sobre cine clásico, me dí cuenta de que no cuento con la suficiente capacidad para procesar, ordenar y relacionar todo lo que he ido acumulando en la cabeza y en las estanterias de la casa y el trastero, y que, antes pronto que tarde (porque ya es tarde), debería de hacerme con un buen sistema de fichas e ir ordenando las movidas por si en algún momento se necesitan.
Tendré que buscar tiempo, pero es imprescindible.
Después, como me había quedado con el drama de Irán, intenté responderme a la pregunta de qué derecho podemos tener a entrometernos en sus asuntos y si la defensa de los derechos humanos nos legitima para ir a defenderlos allá donde sea, para convertirnos en adalides de la especie, o si, por el contrario, su simple mención frente a otras culturas nos convierte en occidentales imperialistas.
Más tarde, pensé que si en los medios echan a los comerciales, difícilmente va a poder venderse publicidad, y sin publicidad, se reducirá la paginación y las tiradas, y sin páginas ni ejemplares acabarán echando a los periodistas. El modelo de medio de comunicación está cambiando. Ahora se trata de cambiar las dimensiones: el papel, antes hegemónico, tendrá que reducir su impacto, mientras que internet y los nuevos medios verán crecer su influencia. Hay que reorientarse para sintonizar los cambios.
Total, que me acosté a las dos. Hacía demasiado calor.
miércoles, 1 de julio de 2009
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