En el mundo hay tantas desigualdades que estamos obligados a hacer algo, ¿no crees?
Pero eso sí, vamos a hacerlo con cuidado, porque, claro, tampoco quieres sacar a los niños del cole privado ni quitarles el capricho de montar a caballo. Defiendes lo público, pero tú, en cuanto puedes, te vas a lo privado.
Quieres defender al pueblo, pero, en realidad te da asco, aunque lleves pañuelo palestino o bajes a las tascas guays del barrio de moda.
Los amigos suelen quedarse con porciones del pastel.
Qué le vamos a hacer si los ideales ceden cuando la necesidad aprieta, y hay que comer (buenos jamones y otras exquisiteces) y dormir en una cama caliente (con colchón de viscoelástica, tamaño king size y en un dormitorio con una buena y estilosa chimenea).
Miras para otro lado con Cuba, China y otros tantos salvajes antes, y entre otros.
¿Qué pides? ¿Qué defiendes?
Ni tu mismo lo sabes: el bienestar, porque lo de la revolución de antes se acabó.
Definitivamente se acabó.
Y además, acabó como acabó, porque ni los revolucionarios aceptaron que antes que revolucionarios son humanos (con todo lo que supone), ni fueron fieles al ideal que portaban (con todo lo que supone, también).
La utopía obliga, aunque no lo parezca.
martes, 2 de septiembre de 2008
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