lunes, 2 de febrero de 2009

Gloria a los campeones

Final del Abiero de Australia. Melbourne, 1 de febrero de 2009.
Rafael Nadal-Roger Federer
Victoria de Nadal por tres sets a dos, en un partido al mejor de cinco, con una duración de más de cuatro horas. El jugador mallorquín consigue de este modo defender su número uno, al frente de la clasificación de tenistas, ante el acoso de un gran Federer que jugó un extraodinario partido, pero que acabó doblegado ante un Nadal dulce y correoso, fiero, delicado y perseverante.
Federer
El jugador helvético juega al tenis como si fuera un ángel, aunque le pegue a la pelota como si fuese el mismísimo Satanás. Toda la hermosura del tenis se concentra en dos golpes que Federer ejecuta a la perfección: el revés a una mano, algo así como un golpe a extinguir en un circuito dominado por la potencia y la velocidad,y el saque, uno de los más poderosos del planeta, aunque lo ejecute con gracilidad. Federer domina la pista con soltura, siempre afinado, consciente de tener un don extraordinario, siempre elegante.
Federer es un jugador clásico suelto en nuestra época.
Las lágrimas con las que recibió el trofeo de subcampeón lo engrandecen aún más, frente a uno de los públicos más exigentes y entendidos del planeta, frente a un grupo de leyendas, entre las cuales ya se cuenta el propio Federer, y frente a su extraordinario rival.
Nadal
Rafael Nadal es un ejercicio de voluntad, el deseo hecho camino a través de una roca, pese a pedruscos monumentales como las cinco horas y pico de partido contra Verdasco de hace unos días. También es un cuerpo prodigioso y espartano, amoldado lentamente, la escultura dentro de la roca en el ojo de Miguel Ángel. Rafael Nadal apretó los dientes y salió a las pistas de Melbourne para enfrentarse a su leyenda. Nadal puso toda su inteligencia y, sobre todo, toda su voluntad (que es mucha), al servicio de sus piernas.
El comportamiento de Nadal sobre una pista de tenis acapara virtudes: generosidad, esfuerzo, dedicación, trabajo, sensibilidad, contundencia, pasión, ... Todas ellas derivan de una educación estricta que ha afinado un instinto extraordinario hasta el límite humano de la perfección. Nadal ha tenido que ir mejorando aspectos de su juego que eran insufiencientes para lograr unos objetivos tan ambiciosos como los que se había fijado. Sus éxitos sobre superficies rápidas no pueden entenderse sin su mejora en el saque, la subida a la red y el resto.
Nadal y Federer suponen dos maneras de entender el tenis y la vida. Dos ejemplos de superación. Dos caminos igualmente transitables, igual de exigentes. Federer ataca el éxito desde la exquisitez, Rafa desde el trabajo a destajo. Ambos son igualmente válidos. Dos grandes jugadores de tenis, dos personas extraordinarias. Ejemplos. Gloria para ellos, tengan éxito o no. Desde aquí los admiramos.
P.D. Es una lástima que mis hijos no hayan visto este partido. Hubiesen aprendido lecciones que, explicadas de otros modos, no hubieran tenido el mismo impacto.

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