jueves, 25 de noviembre de 2010

Mantener el margen

La economía consiste muy básicamente en ganar mucho y gastar poco, o al menos, lo adecuado, lo justo, lo calculado.

En los años de bonanza, la competencia forzó a las empresas a ajustar los precios de sus productos a los deseos de los consumidores. Fruto de esta tendencia (como era la única manera de ganar dinero) se puso todo el énfasis en la reducción de costes, es decir, en gastar lo mínimo, con la confianza puesta en que la constancia o ligera subida en los volúmenes de pedidos serviría para mantener una actividad frenética, descuidada, poco eficiente, muy contaminante.

Y para reducir costes, lo primero que hay que hacer, dicen muchos expertos, es quitarle importancia a aquel aspecto en el que se quiera emplear poco dinero. De este modo, se convierte en algo secundario, campo abierto para atornillar, primero, y externalizar, después.

Y así sucesivamente, hasta llegar a aspectos tan importantes como la contratación de personal, la fabricación de los productos que constituyen el negocio principal de alguna empresa, su montaje, envasado, almacenamiento y la gestión de su distribución. El concepto de negocio principal de una empresa se redujo al único mandamiento de ganar dinero en una actividad determinada.

Con estas premisas, consejeros delegados y otros directivos han conseguido cuentas extraordinarias, beneficios gigantescos hasta que el sistema ha quebrado de puro vértigo, por el miedo al abismo, la toma de conciencia de que algo se escapaba de las manos.

Salta la crisis, y una vez superado el pánico, urge tomar la iniciativa. Los que tienen el dinero son los primeros en reaccionar, máxime entre tanta martingala de cambiar las cosas y regular ciertas actividades económicas.

Ellos lo tienen muy claro. En plena crisis, la única manera de ganar más dinero consiste en hacer que otros ganen menos. Consiguiendo que alguien gane menos logro mantener más dinero en circulación, con más posibilidades, por tanto, de poder echarle el guante. No importa que los volúmenes de antaño se hayan ido a hacer puñetas porque la industria es lo suficientemente flexible, la maquinaria está tan amortizada, los recursos humanos tienen tan poca importancia frente a cualquier beneficio fiscal, la movilidad es tan brutal que en realidad no importa nada más que ganar dinero.

Porque lo que de verdad importa es mantener el margen.

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