jueves, 25 de noviembre de 2010

Contra todos los estereotipos

Leo hoy en el gratuito un ejemplo de columna desagradable.

En ella se dice que "el mundo está lleno de caballeros", "de hombres a cuyo lado una siempre se siente una princesa" frente a otros "groseros que abren la boca y escupen", "cretinos", "capullos", "asesinos", "canallas", "mezquinos".

Es curioso este maniqueísmo que se utiliza en la descripción de los hombres. Por mi parte, estoy harto de princesas, como lo estuvo Flaubert, como parece que también lo estaba Larsson, como tantos otros, estoy harto de la presión para que tengas que comportarte como un caballero, pero, sobre todo, estoy harto de tanta igualdad de pega, de rendir respeto y que te paguen a golpes de autoridad ilegítima, de que te carguen el sambenito de ser bueno, aun en el buen sentido, o de ser malo, de mujeres que ocultan su voluntad de poder, su ansia de modificar comportamientos en beneficio propio.

Se, también, que no todas las mujeres son iguales, que no caen todas en cajones estancos. Me niego a meterlas a unas cuantas en este saco, a aquellas otras en aquel otro, y así hasta cubrir todos lo estereotipos que sea capaz de inventar.

El verdadero respeto es, según creo, ver a los demás como personas capaces de comportamientos complejos y variables, en las antípodas del estereotipo, pero, como tampoco quiero imponer esta visión, pues, que cada cual escriba lo que le plazca, que yo también estoy en mi derecho de dar una opinión.

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