miércoles, 10 de diciembre de 2008

Palo nuevo de madera vieja

Vendrán las iguanas, y
aunque no sueñe, tú
velas mi descanso, realidad
que en su pecho desnudo mece
mi respiración.
Volverán las iguanas, y
aunque no sueñe, y
para que ellas no me tengan, tú
querrás poseerme.
La bicicleta se habrá oxidado, muchas de aquellas
acacias ya no viven, mis manos ya no dibujan
carreteras en la arena del parque.

Han asfaltado
el patio, y en la ladera donde crecían los cereales
de la niñez ahora reptan
nuevas calles entre cimientos. La vida,
como la memoria, es sueño
que a veces olvidamos.
Llegarán las iguanas, y
aunque no sueñe, tú las echarás del
lecho para que no estorben mi
reposo.
Perdí el camino, y en soledad
me paré a jugar con la nieve de tus dedos.
El tiempo ululaba, te asustaste,
intentaste huir, pero al hilo blanco de
mis palabras, buscaste lana en mi pecho.
Y al calor del otro dormimos cada uno
aquella noche, y tras despertar
encontré tus ojos abiertos.
Regresarán las iguanas, y,
ay, por no soñar, me llevarán
contigo: tú ya no estarás.
Ojalá me traigan adonde tú
duermes, el imposible,

para que así
pueda contarte,

como si cantase una canción ajena,
lo que no he soñado.

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