martes, 30 de diciembre de 2008

En manos del agua

Roja trenza densa,
Inasible como el chorro de un caño.
Y rizada se me escapa
La madeja acuosa de tu
Comportamiento.
¿Dónde estuviste anoche?
Yo debí perderme.
No es que quiera disculparme.
De la mugre del atardecer
Es mi saliva este domingo,
Un líquido ventoso que
Oxida
Con excusas el sinsentido de metal que ya no nos une.
La lluvia es la pasajera de estas nubes.
Pasa del apeadero. Baja.
Papel, tinta, mano, mente.
Mientes.
Pues baja.
Y te reprocharía qué...
Unas letras emborronadas. Húmedas.
El ahora es un vacío
Que al inflarme sin tí,
Como una esponja, se me
Ha quebrado.
Las láminas agrietadas de algún recuerdo,
Otra lluvia,
Cubren la calle que sólo
Transita esa agua
Que es el tiempo, los sedimentos del vacío
Que arranca a retazos,
Oscurecida, esa agua esponjosa
Que es el tiempo cuando,
Sucia, se
Desliza sobre el asfalto.
¿Dónde estás?

viernes, 19 de diciembre de 2008

Cuando la reciprocidad no es cosa nuestra

Gran artículo de opinión, según creo yo, el que publica hoy, 19 de diciembre, Anson en El Imparcial.
Efectivamente, la reciprocidad es un concepto que ha movido desde antiguo las relaciones entre los pueblos.
Sin embargo, conviene aplicarla adecuadamente, no sea que, como pasa con algunas palabras, bien lo sabe el académico de la lengua, de tanto usarlas mal se pervierta su significado.
La reciprocidad que debe buscar el Estado español con las autoridades saudíes consiste en garantizar para los españoles el mismo trato que aquí se les da a los saudíes.
Ni la religión es cosa del Estado, ni debe serlo. Que al catolicismo lo defienda la Iglesia católica, que es quien tiene que hacerlo.
Por supuesto que sí que conforma la máxima obligación de este Estado, la de defendernos de las hordas bárbaras que, al parecer, nos acosan, y, desde luego, también la de garantizar que todos tenemos derecho a profesar nuestra religión libremente, pero sin imposiciones y limitando sus expresiones públicas a los lugares de culto, algo razonable y adecuado para un país laico, como el que, en teoría, conformamos.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Desconfía

La estafa siempre ha sido una pirámide. Y ahora vuelve a demostrarse.
Lo realmente triste se encuentra en el saldo del banco central, un intento por tapar con la rebaja la crítica y por arrojar sobre el cadáver de la desconfianza tierra de oportunidades y saldo.
Desconfía.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Occidente

En el cruce de caminos, dudamos qué dirección tomar. Saber que nuestras ideas y sistemas no son generales debería ayudarnos, sin que nos obligue a replegarnos y a alejarnos.
Humildad.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Palo nuevo de madera vieja

Vendrán las iguanas, y
aunque no sueñe, tú
velas mi descanso, realidad
que en su pecho desnudo mece
mi respiración.
Volverán las iguanas, y
aunque no sueñe, y
para que ellas no me tengan, tú
querrás poseerme.
La bicicleta se habrá oxidado, muchas de aquellas
acacias ya no viven, mis manos ya no dibujan
carreteras en la arena del parque.

Han asfaltado
el patio, y en la ladera donde crecían los cereales
de la niñez ahora reptan
nuevas calles entre cimientos. La vida,
como la memoria, es sueño
que a veces olvidamos.
Llegarán las iguanas, y
aunque no sueñe, tú las echarás del
lecho para que no estorben mi
reposo.
Perdí el camino, y en soledad
me paré a jugar con la nieve de tus dedos.
El tiempo ululaba, te asustaste,
intentaste huir, pero al hilo blanco de
mis palabras, buscaste lana en mi pecho.
Y al calor del otro dormimos cada uno
aquella noche, y tras despertar
encontré tus ojos abiertos.
Regresarán las iguanas, y,
ay, por no soñar, me llevarán
contigo: tú ya no estarás.
Ojalá me traigan adonde tú
duermes, el imposible,

para que así
pueda contarte,

como si cantase una canción ajena,
lo que no he soñado.

martes, 9 de diciembre de 2008

El senado y los galgos 8

La pasión no hace los versos, y cuanto más personal se sea, más flojo se será. Yo he pecado siempre por esto; es que me he puesto siempre en todo lo que he hecho. Cuanto menos se siente una cosa, más apto se es para expresarla exactamente (como es siempre en sí misma, en su generalidad y exenta de todas sus contingencias efímeras); pero hay que tener la facultad de hacérsela sentir a uno mismo. Esta facultad no es otra que el genio: ver, tener el modelo delante.

Gustave Flaubert. Carta a Louise Colet a propósito de Madame Bovary.


Insurrección. El Último de la Fila.