Y en medio del gentío, en el cercanías, a medio camino entre San José de Valderas y Cuatro Vientos, el mendigo, pelo cano, barba descuidada y bastón, explotó tras una larga perorata (a ratos indescifrable) y un paseo en balde por el vagón en busca de monedas.
Se lo tengo que decir, señores, afirmó, todo lo que les he dicho les importa un huevo y ojalá nos vayamos todos a tomar por culo, que yo ya les voy abriendo camino.
miércoles, 9 de mayo de 2012
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