miércoles, 6 de abril de 2011

Brillos tiene el prisma

Al llegar a la estación de cercanías, antes de pasar los tornos que dan al andén, recojo todos los gratuitos que ofrecen, y una vez al pie de las vías los ordeno, meto uno dentro de otro y hago con todos ellos un único diario.

Lo primero que leo es la columna de contra de uno de ellos, que escribe, de lunes a viernes, una mujer. Distinta cada día.

Y no dejo de sorprenderme nunca (muy positivamente) de los matices que introducen todas ellas, aunque a veces me cabree con ciertos tonos naif de sabor adulcorado artificialmente que, supongo (y creo que acierto al echarme la culpa), yo no se poner en su adecuado contexto.

Así es que giro otra vez el prisma, paso una nueva página y vuelvo a tomar conciencia de que viajo dentro de una oruga que comparto con un montón de dioses. Cambio de canción.

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