jueves, 7 de mayo de 2009

Cosas que ya nadie lee, la reforma de los dominicales y la invención del quiosquero

Muy interesantes algunas de las cosas que sobre periodismo aparecen hoy por internet.
Cebrián dijo, según se informa en la red, en una conferencia en Madrid que en los periódicos se escriben, cada día más, cosas que nadie lee. Lleva razón y un buen ejemplo es el suplemento domincal de El País, trufado de publicidad y en el que cada día se hace más difícil encontrar una buena columna, en el que los reportajes suelen ser sucesiones publicitarias varias y las fotos pertenecen a agencias y medios extranjeros. Poca profundidad. Si los lectores no leen es porque o no les interesa lo que pueden leer o no se les ha sabido atraer.
En este sentido, Zarzalejos escribe que los periódicos tendrán que repensar los suplementos económicos que se entregan en los fines de semana. Correcto. Afirma que los costes son exagerados frente a los menguantes ingresos publicitarios que generan. No sólo eso, los periódicos tendrán que reformular su oferta dominical, oriéntandola en dos direcciones, la del ocio y la interpretativa de los sucesos de la semana, sin descuidar, por supuesto, la información diaria. En definitiva, hay que olvidarse de los ladrillos y ponerse a hacer periodismo.
Finalmente, la columna de Enric González en El País de hoy es cojonuda. Concluye que son los vendedores los que han tomado la iniciativa. La tienen desde hace tiempo. En muchos medios, pequeños principalmente, se escribe (bien) de quien paga o genera ingresos. Pero él lo dice en el sentido de que son los vendedores de libros (las grandes cadenas estadounidenses, por descontado) los que están presionando para que llegue el libro electrónico. Estoy de acuerdo, ya lo dije ayer, tienen que ser los periódicos los que tomen la iniciativa y potencien la innovación y el lanzamiento masivo de los libros electrónicos, tal y como hicieron en su momento las empresas de telefonía con los móviles, que, gracias a que se empezaron a vender como churros porque molaban cada día más, acabaron imponiéndose.
Con el libro electrónico desaparecerán muchos costes y, como dice González, los periodistas podrán dedicarse a lo que tienen que dedicarse: a buscar noticias.
Tal vez habría que buscar alianzas con las empresas de telecomunicaciones y con los fabricantes de equipos electrónicos, porque, tal y como está la situación, lo que queda ahora es peor que lo que se podría ganar.

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