En la agonía de las utopías,
pido tierra a puñados,
que se aleje el vacío desbocado
y los parásitos de estómagos ensangrentados,
que se aleje el lloro pedigüeño
y la fracción infinitesimal,
que tome cuerpo este formidable
enemigo invisible,
que se acerque con facilidad lo imposible
y que en alguna baza
me sea posible
enrollar en mi puño el látigo
y tirar,
quizás sacar mis pies del barro
de este albañal,
o desequilibrar al verdugo
y que pise mis atrases.
martes, 18 de noviembre de 2008
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