miércoles, 22 de febrero de 2012
Ah, el futuro de los periódicos con internet
Esta mañana casi choco con alguien que venía de frente por la calle. Íbamos los dos a lo nuestro. Cada cual a lo suyo, quiero decir.
Al fin y al cabo, las direcciones que uno puede tomar en el espacio (incluso con la limitación horizontal que los seres humanos nos desvivimos por rasgar) son infinitas, y los bordillos de las aceras, simples convenciones: rayas que trazamos para guiar nuestro comportamiento.
Lo mismo pasa con la poesía, para unos tiene que ser o fuego o cenizas, mientras que para otros es artefacto, un roce levísimo. Quizás unos y otros estén de acuerdo en que poesía es pureza, sentimiento destilado, pero para otros será mestizaje e invención. En fin.
¿Quién sabe, por cierto, lo que nos deparará el futuro? No está, desde luego, la cosa para chamanes, aprendices de brujo (Peridis, por favor) o astrólogos. Aunque, mirado desde otro punto de vista, tal vez sí lo esté. En todo caso, insisto, ¿quién sabe lo que nos deparará el futuro?
Lo que sí que sabemos es lo que ha pasado.
Y es que ya nadie se acuerda, por ejemplo, de que en el último siglo hemos ido añadiendo sucesivamente más métodos de transmitir las noticias. Hemos, también, incorporado nuevos medios para hacer, periodísticamente hablando, las noticias: el lápiz y el papel dejaron paso a la máquina de escribir, se incorporaron grabadoras y cámaras de vídeo y ahora apenas estamos aprendiendo a utilizar metaenlaces, visualizaciones interactivas, ... ¿qué vendrá?
Dicen que la pantalla del ordenador no es para la pausa, para el análisis, para la reflexión. Dicen.
Dicen, dicen, dicen, pero no hoyan. Hablan de profundidades y son ellos los primeros en posarse en las superficies del primer agua que encuentran.
Charcos.
Se limitan a repetir una letanía nostálgica, a insistir en el estribillo triste de otro bolero llorón más.
Y el caso es que en la red hay periodismo de investigación, datos y analisis. Más reflexión y visualización de la que nunca haya habido jamás.
Incluso más reflexión metaperiodística.
Más clarividencia.
Sirva un ejemplo de Jeff Jarvis (traducción propia, mil disculpas): "El problema estriba en que los medios no están pensados para las relaciones, porque nuestro negocio se creó en la edad de las fábricas, no de los servicios. Apenas sabemos quiénes son nuestros lectores (e incluso seguimos llamándoles lectores o, como mucho, comentaristas, pero no creadores o colaboradores). No disponemos de los medios para estudiar, analizar y actuar a nivel individual sobre los datos que tenemos sobre sus actividades e intereses. De este modo no podemos darles un servicio individualizado".
No se trata de sustituir a nadie. De cambiar una cosa por otra para que todo siga igual.
Se trata de informar mejor. Llegar mejor. Conocer mejor al lector-comentarista-creador-colaborador (a veces olvidamos que los periodistas no inventan las noticias, sólo las descubren) y darle lo que quiere-necesita, empezando por un poco de cercanía. Allá quien quiera seguir en su púlpito, en su tribuna.
Sólo hay un pero: falta algo esencial: encontrarle la manera de sacarle partido (económico) al asunto.
Algunos ya empiezan a lanzar puntadas.
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