viernes, 4 de febrero de 2011

Secretos

Interesante cara del prisma la que, en mi humilde opinión, ofrece el editorial del último número, el 26, de la revista Periodistas que edita FAPE en su editorial, que concluye con estos dos párrafos:

Y si la transparencia no debe tener límites, ¿por qué no someter también a ella una actividad tan importante en una sociedad democrática como la profesión de informar? ¿Resistirían ese escrutinio todas nuestras relaciones con las fuentes y todas nuestras estrategias para la obtención de noticias? Pero sin el secreto profesional y la reserva de fuentes, nuestra actividad no sería posible en las condiciones que la conocemos ahora.

Como escribía hace unas semanas el director de Time, Richard Stengel, “hay cierta hipocresía en defender el secreto [el de las fuentes de Assange o de los periodistas] para luchar contra los secretos, pero hay más ingenuidad, e incluso peligro, cuando se sugiere que el mundo sería un lugar más seguro sin ningún secreto en absoluto”.

Sin embargo, este paralelismo no es justo. No me lo parece, e, incluso, me lleva a hacerme dos preguntas (ya se sabe, la cabra tira al monte). La primera es: ¿Quién decide qué debe ser secreto? Y la segunda (es obvio): ¿Por qué?

Nada hay más lejos del control democrático, nada más opaco, que la actuación secreta de cualquier organismo de los estados y sus motivos. Y esto también es aplicable a otras entidades en las que no está presente el interés democrático, pero sí el interés de ciertos grupos afectados, sean socios, accionistas, trabajadores o consumidores.

En el caso del secreto periodístico sobre las fuentes todo está claro: un periodista decide callar su fuente porque las revelaciones que le ha ofrecido podrían ponerla en peligro o en una situación difícil. Además, la información obtenida es noticiosa, y, por lo tanto, relevante. Y puestas ambas circunstancias en la balanza se decide que la noticia prima sobre su documentación pública.

La discreción siempre será virtud, pero el secreto hiede cuando proviene de las peores alcantarillas que nos vamos topando porque nadie quiere dar a conocer un mapa de su localización.

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