Leí ayer el artículo de Vargas Llosa a propósito de las publicaciones de Wikileaks con una mezcla de estupor e incredulidad.
Al principio, celebré la llamada a poner en cuarentena las revelaciones de Wikileaks y la figura del editor de la web, Julian Assange. Hace bien quien quiera en ser precavido.
Sin embargo, más tarde, la confusión con que Vargas Llosa, citando a Fernando Savater, trata el tema me confundió. Coinciden ambos, según parece en que estas revelaciones son "parte de la actual imbecilización social", dado que "en esa vasta colección de materiales filtrados no hay prácticamente revelaciones importantes, que las informaciones y opiniones confidenciales que han salido a la luz eran ya sabidas o presumibles por cualquier observador de la actualidad política más o menos informado".
Evidentemente, si algunas cosas son presumibles puede ser que uno no las sepa fehacientemente, es decir, que puede uno barruntarlas, olerlas mas sin tener prueba que le lleve a la rotundidad que necesita o desearía, y, es en este aspecto en el que las revelaciones de Wikileaks documentan, en el sentido periodístico, aspectos de la política de algunos estados que efectivamente podían intuirse.
Finalmente, llega el artículo al paroxismo cuando el escritor asimila este caso a la desaparición "de una vez por todas la demarcación entre lo público y lo privado". Supone esto atribuirle de un modo aberrante a una entidad pública el derecho individual a la privacidad, o, por decirlo de otro modo, a la intimidad.
Otra cosa distinta es el secreto de las comunicaciones diplomáticas, que tampoco son estrictamente privadas, sino más bien (como se ha dicho antes) secretas, pues en todo caso, o pertenecen en todo caso al ámbito público o, por contra, suponen una utilización torticera de medios públicos para un aprovechamiento personal, lo que, una vez más, excluye el ataque a cualquier tipo de privacidad.
En todo caso, confundir el secreto de las comunicaciones diplomáticas con la intimidad de vivencias personales como "el erotismo, el amor, la amistad, el pudor, las maneras, la creación artística, lo sagrado y la moral" es algo así como mezclar churras con merinas.
Desconozco cuál ha sido la intención de Assange para publicar estos papeles, pero nadie puede negarle a cualquier periodista (es más, a cualquier persona) la posibilidad de publicar todo aquello que crea noticiable, independientemente de sus consecuencias o de la supuesta contribución de lo publicado a la " actual imbecilización social", incluyendo estas líneas, por supuesto.
lunes, 17 de enero de 2011
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