Se dice mucho últimamente (y como parece que, a fuerza de repetirse, hasta las cosas más peregrinas terminan convertidas en dogmas de fe, verdaderos como puños) que llevamos años viviendo como marajás, por encima de nuestras posibilidades.
Algunos hasta se atreven a ponerle cifras y dicen que hasta un treinta por ciento por encima. Ahí es nada.
Y tras esta afirmación se puede querer decir tantas cosas que uno, tras darle muchas vueltas, no sabe qué se quiere significar exactamente. Pero bueno, sobre todo, uno piensa que cuando le indican que ha vivido por encima de sus posibilidades le están diciendo que se ha estado gastando un pastizal, bastante más de lo que había venido ganando.
¿Puede decirse que una hipoteca constituye un gasto excesivo en un país en el que te sale lo mismo alquilar un piso que comprarlo?
Pero la cosa no se queda ahí, porque, claro, ahora el cuadro se completa con la constatación de que hoy ganamos menos que ayer. Desde luego que se trata de apretarse el cinturón y desde luego que, desde la noche de los tiempos, el cinturón se lo aprietan más los delgados.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario