jueves, 4 de febrero de 2010

Escalofrío

Todavía humean las teas que han dejado de arder. Está la noche como boca de lobo. Seca y fría bajo el cielo raso. Y del rebaño, unos chillan, otros apedrean la oscuridad. Los hay, también, que se asombran contra las teleras, que balan mientras corren en círculo. Algunas machorras, algunos carneros se alzan a dos patas.

Crecen las sombras, se cierne la tragedia. Algunos claman que ya lo avisaron, otros se lamentan, piden por sus hijos.

Siento los lamentos cada vez más cerca. Pronto podría unirme a este coro de balidos. Perdería hasta estos jirones que no me abrigan y, aunque sobreviviera, no podría soportarlo.

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