Clavas hediondo vaho con agujas hipodérmicas,
Mientras señalas con orgullo un reino que no quise:
Paredes y muebles,
Un desván mohoso
Y una plaza de garaje
Inundada en un improbable invierno lluvioso.
Y si entonces renuncié a decirte
Que no era aquello lo que quería,
Ahora te lo digo: no era todo eso lo que yo quería,
motivos para obligarme a renunciar.
Lo malinterpretarás. Da igual,
porque dices que te ciega el instinto.
Da igual.
Y es triste. Pero da igual.
martes, 7 de octubre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario