Se han multiplicado las quejas en los últimos días. Han llegado desde la Unión de Periodistas Valencianos, del Colegio Profesional de Periodistas de Galicia, de la Asociación de la Prensa de Madrid, del Colegio de Periodistas de Cataluña, de la Federación de Sindicatos de Periodistas y de la misma Federación de Asociaciones de Periodistas de España, entre otras y con reflejo en diversos medios, tanto impresos como en internet, televisión y radio.
Todos ellos vienen a protestar porque a los políticos últimamente les ha dado por emitir comunicados grabados y escenificados como si fuesen convocatorias de prensa, incluso con miradas a cámaras que no están y que han sido debidamente sustituidas por los amplios equipos que pagamos todos. No son nuevas estas quejas, ni las prácticas que las provocan. Ya se han dado casos en mítines de campañas políticas y en otras circunstancias en las que se podría pensar que estas declaraciones sin preguntas están justificadas.
Pero las aguas siempre acaban colmando vasos, por mucho líquido que puedas tirarte ganzate abajo.
Los periodistas afirman que estas prácticas son pura propaganda, que ellos están para garantizar la libertad de información consagrada constitucionalmente. Sin una información libre, añaden, la democracia pierde calidad, e incluso deja de serlo.
Por su parte, los políticos explican que no se fían de lo que los periodistas (mayormente los que no son de sus respectivas cuerdas) puedan hacer con sus declaraciones hechas a cuerpo descubierto, frente a preguntas directas. Refuerzan esta idea con otras dos. Una, quieren llegar a la gente directamente (algo así como emitir sus mensajes en alta fidelidad), y, dos, grabando sus mensajes y enviándoselos a los medios por satélite, dicen, les ahorran muchos gastos a los medios, algo que deberían agradecer en momentos como estos.
Ambas posturas son lógicas y humanamente entendibles. Cada cual tira hacia donde le interesa. Y estaría muy bien que los políticos se fiasen menos todavía de los periodistas, que tuviesen motivos y, por lo tanto, el debido respeto.
Y en esta coyuntura, los medios se encuentran atrapados. No pueden dejar de emitir lo que reciben de los partidos políticos. Son conscientes de que les están colando pura propaganda. Saben que otros medios emitirán las imágenes recibidas, así es que tienen que hacerles hueco, aunque sea a regañadientes. Algo similar sucede con los comunicados de las empresas o los lanzamientos de productos culturales, desde hace más tiempo y con más tolerancia, de modo que ya se ha mostrado un provechoso camino a seguir. Más, una jodida autopista.
Sin embargo, con los recientes casos de limitación en el acceso a la información en el terreno de la política han saltado todas las alarmas. Comúnmente se cree que en las sociedades democráticas, los políticos están sujetos al escrutinio público en todo momento. Se estima que de estas prácticas a lo que está haciendo Chávez en Venezuela sólo hay un paso fácilmente salvable.
Yolanda Gómez, profesora de Derecho de la UNED, en respuesta a preguntas del diario Público publicadas ayer, domingo, 9 de agosto, da en el clavo: “Los políticos están en una posición de preeminencia, es decir, tienen la información. Los medios están en debilidad, quieren acceder a ella. Cuando los políticos la restringen prevaliéndose de la situación que tienen, no cumplen con la naturaleza del derecho de información”.
La actualidad manda y los políticos tienen la agenda por la mano. Sin embargo, conocer las reglas del juego no supone una rendición incondicional.
Es el deber de los periodistas informar. Y es este deber el que salvará a los periodistas, el que ha de guiarles hacia la salida de este laberinto.
Y precisamente por este motivo, lo que hay que hacer es informar a la audiencia. La infografía permite poner rótulos de modo simple en las imágenes que indiquen la procedencia de éstas y lo que supone su emisión, poniendo alerta a los que escuchan, miran o leen. Escribiendo y hablando, urge mencionar el origen de las declaraciones, el modo en que se han recibido, y, si se sabe, cómo se han grabado.
Si el deber del periodista es informar, hay que dar toda la información. Para que, al menos, se sepa. Y esto debería aplicarse también a otros campos de la actualidad. Por cierto, también es deber del periodista darle a su audiencia la información que le interesa, y ni sólo de pan, ni de política, por supuesto, vive el hombre.
lunes, 10 de agosto de 2009
Atrapados en el deber, salvados por el deber
Etiquetas:
derecho a la información,
libertad de expresión,
límites,
periodismo,
política
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario